Gastronomía
Bochinche con sabor y vino propio
Jerónimo Marrero mantiene en su local Bodega La Montaña el reglamento de bochinches y guachinches de Canarias: ofrece vino propio, cuatro entrantes y cuatro platos de comida tradicional y abrir temporalmente mientras quede vino en la bodega, garantizando así el carácter auténtico y tradicional de este local

José Pérez Curbelo

«La cocina tradicional se hacía a leña y despacito», dice Jerónimo Marrero mientras saca de su horno artesanal las bandejas de costillas que llevan cocinándose 14 horas a la leña y que brindará a los comensales que lleguen a su bochinche Bodega La Montañeta.
Marrero abrió este singular local de restauración en el barrio de La Solana (San Mateo) hace ya 12 años. Antes era el patio familiar donde comer y festejar. Desde sus comienzos se guía por el reglamento de bochinches y guachinches de Canarias, cumpliendo con ofrecer vino propio, funcionar temporalmente mientras haya vino en la bodega y tener una carta con platos de la comida tradicional. La oferta culinaria es corta pero muy rica en sabores. De entrantes, aceitunas del país y mojo de almendras, que es una receta de su madre, María Angelina; papas arrugadas al vino blanco, también de la matriarca, caballas con tomate, cebolla y aguacate; gofio escaldado sacado del caldo de cabezas de cherne, y una tabla de quesos con mermelada de vino, que emulsiona la miel de sus colmenas y el caldo de la casa. De platos principales, caracoles en salsa «bien picantitos para que jalen vino para sacar el negocio adelante», la garbanzada, con carne de res fresca; las croquetas de jamón de la Tía Lupe, una receta que dejó una tía nonagenaria de su mujer Isabel y de las que puede llegar a despachar en tres días cerca de 700, y las costillas, que adereza con miel, mostaza, algunas especias, sal y un buen chorro de vino rosado.
Otra de las estrellas del bochinche es el pan de puño, que elabora a mano el propio Jerónimo Marrero y que cuando lo saca del horno de leña se convierte en un auténtico espectáculo de olores y sabor. Como postre, el postre el polvito de la montaña, que hacen con suspiros de Moya, galletas Bandama y la mermelada de vino de la casa.

Bochinche-Bodega La Montaña / José Pérez Curbelo
Para la elaboración de todos sus platos tira de productos de su propia finca o alrededores, lo que le da mayor valor al local.
El bochinche Bodega La Montaña, rodeado de campo, solo abre tres días a la semana, viernes, sábados y domingos, en dos turnos, de 13.00 a 15.00 y de 15.00 a 17.00 horas. «Lo que intentamos es que la gente venga con reserva para que todo el mundo se quede bien servido, porque el comedor y la cocina son lo que son». Tampoco abre todo el año, solo desde noviembre hasta marzo.
Su buen hacer hace que haya personas que llegan desde la península con reserva hecha y también turistas. «Cuando llegan hasta aquí y prueban la comida se quedan alucinando», asegura Jerónimo Marrero, que tiene constancia de ello en el libro de firmas que tiene a disposición de la clientela.

El bochinche cuenta con una venta de vino de la marca La Montaña. | JOSÉ CURBELO
Marrero cuenta con el apoyo para el funcionamiento del local de su mujer Isabel, su hijo Himar y su hija Selene, además de un sobrino que también se brinda a echar una mano. Un engranaje familiar que funciona como un reloj y que auspició su padre Francisco cuando comenzó a elaborar vino hace más de 40 años.
Otro detalle que guarda el local es su decoración. Las paredes y repisas están llenas de objetos antiguos que las nuevas generaciones casi no podrían reconocer, como antiguos pick up y radios, teléfonos de rueda, lecheras, pesas, escopetas y fechaduras. Del techo cuelgan algunos helechos, dando ambiente antiguo al comedor.
El local también cuenta con una venta de vino, en la que se ofrece, dulces, tintos, claros y blancos con la marca de denominación de origen La Montaña.
Cuando cierra en marzo Marrero no acaba con su trabajo. Ahí empieza la dedicación a sus colmenas y 14.000 parras, de las que sacará el nuevo vino para la siguiente temporada.
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