Honores y Distinciones del Cabildo de Gran Canaria | Blanca Rosa Sosa Martín Artesana caladora
«Empecé con 17 años y sigo haciendo calado con 82»
Blanca Sosa continúa a sus 82 años como artesana caladora después de haber sito monitora durante 26 años en la Universidad Popular de Las Palmas de Gran Canaria. El Cabildo le concede el Roque Nublo en el ámbito folclórico

Blanca Sosa, con la aguja en la mano en la sede de la Orden del Cachorro, en Vegueta. / ANDRES CRUZ

¿Cómo recibió el premio cuando se lo comunicaron?
Me llevé una gran sorpresa cuando me llamaron del Cabildo diciéndome que el presidente quería hablar conmigo. Me sorprendió tanto que le dije a la persona: yo no he hecho nada. Después estuve hablando con él, muy amable, como siempre, ya que lo conozco hace mucho tiempo. Porque llevo mucho tiempo en esta labor.
¿Cuántos años lleva calando?
Empecé con 17 años, y ahora tengo 82 años. Llevo 65 años. Mi madre me ponía y me marcaba trozos de tela para que sacara las hebras. Estaba estudiando, claro, pero siempre seguí, seguí, aunque yo quería ser maestra. Pero enfermó mi madre y ya no pude seguir. Entonces cogí los encargos que le hacían a ella porque ya sabía calar. A mí me enseñaron mi abuelo y mi madre. Yo nací en Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, porque mi madre vivía aquí. Mi padre era militar y lo destinaron cuando yo tenía siete años a África. Allí estuve un montón de tiempo, siete años.
Cientos de alumnos
¿Allí siguieron calando?
Sí. Mi madre se ponía a enseñar a las señoras, que eran todas peninsulares y les gustaban estas cosas. Pues allí iban ellas a mi casa para que mi madre les enseñara. Cuando volvimos seguí estudiando para ser maestra. Pero enfermó, no puede estudiar para dar clases y me metí después en esto.
¿A cuántas personas ha podido enseñar en estos años?
Mire, en la Universidad Popular estuve yo 26 años y trabajaba tres grupos por la mañana y tres grupos por la tarde. Cada grupo eran 12 o 10 personas. Y ahora en la Orden del Cachorro, donde sigo. Muchos.
¿Han cambiado mucho las técnicas o se han mantenido en estos años?
Se han mantenido igual. El último trabajo que hice ahora fue trabajar con tiras de platanera. Lo he hecho con otras dos personas y era un proyecto que presentó una amiga nuestra en Mapfre. Se lo aceptaron. Eran unos toldos que se ponen en las calles peatonales para dar sombra. Todo vegetal, con yute (con la que se hacen los sacos) y después hacíamos el cordón con las tiras de plataneras.
La mejor obra de artesanía
¿Cuál es la pieza más difícil para hacer?
Depende del trabajo que le pongas. Hay trabajos que tiene 20 centímetros y otros tienes 30.
¿Y el que más le ha costado o el que le puso más sentimiento y empeño?
El que más tenemos en la mente fue un mantel que hicimos y que luego no quisieron porque les pareció caro. El centro era todo calado, muy bonito. Era una estrella. Con ese estuvimos seis meses, y ahí se quedó, porque no se vendió.
"Hicimos uno que medía 4,40 metros y está en Trujillo, en un convento de monjas, en Cáceres"
¿Y el que más les ha costado?
Estuvimos nueve meses para terminarlo después de sacar las hebras. Medía 4,40 metros. En un lado tenía un cáliz, en el otro lado las letras y en los laterales la estrella. Está en Trujillo, en un convento de monjas, en Cáceres.
¿En qué situación está ahora el calado? ¿Las nuevas generaciones se interesan?
Muchas personas cuando se jubilan paran en un sitio de estos a aprender. Esa es la verdad. No hay gente joven.
¿No tienen paciencia?
Bueno. Sin embargo, hay hombres que sí que tienen paciencia. Yo tengo uno que está empezando a enseñar calado. Pero ese se ha ido para el sur porque tiene más posibilidades. A los extranjeros les llama mucho la atención.
¿Se puede vivir bien, para quien quiere dedicarse como profesión?
Mi madre se dedicaba a esto profesionalmente y nos sacó para adelante. De ahí salía todo, para estudios y para todo. Mis hermanos estudiaron uno arquitecto y otro aparejador, pero yo me quedé de ‘burrita’ porque mi madre enfermó, ella murió y no pude seguir. Y como yo me quedé en la idea de la enseñanza, pues me atreví a hacer el taller. Y estuve 26 años en la Universidad Popular.
¿Qué recuerdos tiene de esa época?
Pues muy, muy bonitos, de verdad que estaba más joven (sonríe). Ya después me jubilé y entonces me dijeron que si quería venir a dar clase aquí (a la Orden del Cachorro) y yo encantada. Aquí llevó 20 años y los 26 de la Universidad Popular.
¿Qué habría que hacer para promocionarlo o para que cogiera la importancia que se merece?
Yo publiqué unos libros didácticos para niños en los que se les enseña cómo hacerlo, con colores, para que los niños vieran los pasos que había que seguir. Con cada pasada de un color, con dibujos y llamativo. Lo que yo creo es que habría que llevarlo a los colegios. Sería lo ideal. A nosotros nos llaman, pero estamos un día solo y es poco. Ellos tienen interés, mucho. Ahora mis alumnas que han sacado el carnet están yendo a los colegios donde me llaman a mí, porque ya yo estoy ligeramente mayor.
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