Análisis
Un teldense en las tropas vencedoras de la batalla de Breda
Diego Suárez y Sopranis Ponce de León fue un joven de carácter intrépido y con ansias de medrar en el mundo de la milicia, de ahí que pronto llegase a capitán de infantería en los Estados de Flandes

La plaza de San Juan de Telde. / Fedac
El tantas veces mentado Dr. don Pedro Hernández Benítez (Cruces, Cuba 1893- Telde, Gran Canaria, 1968), ilustre arqueólogo, antropólogo, archivero, historiador del arte, y por todo ello designado cronista oficial de la Ciudad de Telde en 1947, en su magna obra, Telde: Sus valores Arqueológicos, Históricos, Artísticos y Religiosos, publicada en 1958 y en su página 241, reseña una breve y a la vez precisa biografía de Diego Suárez y Sopranis Ponce de León, notable teldense que desarrolló una más que excelente carrera militar en pleno siglo XVII.
Don Diego nació en esta ciudad, conocida desde siempre por Puerta del Sur, en clara referencia a esa amplia comarca que va, desde el Barranco de Jinámar al de Mogán, ocupando casi el 50% de la superficie total de Gran Canaria (1.560 kilómetros cuadrados), viendo la luz el 14 de enero de 1633. Hijo del caballero de probada hidalguía don Marcos de León Sopranis y de la rica heredera doña Isabel Suárez, de ahí que el vástago mutase el orden de sus apellidos, dándole mayor importancia al que traía consigo mayor fortuna. Hombre ilustrado en letras y artes, realizó la mayor parte de sus estudios en el Convento de Santa María de la Antigua, regido por los Frailes Menores Franciscanos. Este centro de devoción mariana estaba en pleno apogeo tras su fundación el 1 de mayo de 1610. En él se impartían clases de ética, moral, teología, latín, gramática, historia, geografía, matemáticas, geometría y demás ciencias afines. Entre otros destacados alumnos se encontraba el docto historiador de Canarias don Tomás A. Marín y Cubas.
Siguiendo con la vida del personaje principal del presente artículo, podemos afirmar que era joven de carácter intrépido y con ansias de medrar en el mundo de la milicia, lo que prontamente lo hizo pasar a tierras peninsulares y de ahí, con calidad de capitán de infantería, a los Estados de Flandes (Actuales Países Bajos y Bélgica). Llegó a esta región por entonces tan europea como española en 1655, cuando contaba con sólo 22 años de edad. En su hoja de servicio consta que sirvió a su majestad el rey don Felipe IV con la mayor fidelidad, entregándose de lleno a conseguir gloria para su soberano y honor para él. Combatió en decisivas batallas, entre ellas, destacó en la que tuvo como resultado la toma de la ciudad de Breda, cuya entrega de llaves fue inmortalizada por el eximio pintor Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, bautizado el 6 de junio de 1599-Madrid, 6 de agosto de 1660). La obra pictórica en cuestión está considerada como una de las grandes realizaciones del arte europeo. Ttitulada Las Lanzas, posee una gran carga ideológica y simbólica: Justiniano de Nassau, el dirigente holandés, se presenta sumiso ante el general español Ambrosio Spinola, que lo recibe con respeto, evitando así toda humillación. A un lado y a otro, se representan los dos grupos beligerantes, el holandés con las lanzas en horizontal al suelo y el español con las armas alzadas en vertical, unos vencidos y otros claros vencedores.
Don Diego Suárez y Sopranis Ponce de León recibe entonces, gracias a sus méritos en plena batalla, el grado de sargento mayor y coronel de alemanes, para más tarde ser nombrado gobernador y capitán general de la provincia de Trinidad y Guayana, en el Nuevo Reino de Granada de las Islas de Su Majestad, cargo que ostentó hasta 1688. En 1691 el antes mentado monarca, lo nombra lugarteniente del virrey y capitán general del Reino de Aragón, maestre de campo de toda la gente de guerra de aquel reino, coronel y castellano de Jaca (Huesca) y gobernador de los castillos y plazas de la frontera. Todo ello lo desarrolló con gran acierto hasta el momento mismo de su muerte, ocurrida en el año de 1700.
Sus coetáneos isleños y también los foráneos de estas islas que tuvieron trato con él destacan su inteligencia natural, sus amplios conocimientos humanísticos, la facilidad para los idiomas, ya que hablaba perfectamente el español, portugués, italiano, flamenco y alemán, imprescindibles todos ellos para dirigir a los oficiales y soldadesca de los tercios. Además de estar dotado de una excepcional sapiencia para tratar asuntos de buen Gobierno y Estado, las altas cualidades que lo adornaban lo hicieron ser admirado y respetado por propios y extraños.
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