"Solo podía pedir que parara": una mujer con parálisis cerebral relata las violaciones de su padrastro en Vecindario
La víctima relata que era consciente de las agresiones sexuales que sufría a diario en la vivienda familiar, pero no tenía opción de defenderse ni de apartar al varón de su lado

El acusado Juan Manuel N. P., de espaldas, este martes en el juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Las Palmas. / B. M.

"No podía mover las manos para apartarlo, solo podía pedirle que parara, pero no lo hacía". Es el testimonio que dio una mujer con parálisis cerebral infantil durante el juicio celebrado este martes contra una expareja de su madre por violarla a diario durante cinco meses en la vivienda familiar donde convivían en Vecindario. Unas presuntas agresiones sexuales de las que era plenamente consciente y que solo habrían parado tras abandonar el domicilio, en agosto de 2020. El acusado, Juan Manuel N. P., niega todas las acusaciones.
La víctima dio una declaración calificada por la fiscal como "conmovedora", "atroz" y "demoledora", en la que pidió al tribunal de la Sección Primera de la Audiencia de Las Palmas breves pausas para recomponerse, pues admitió que estaba "reviviendo los hechos" al volver a narrarlos. Mientras hablaba, el auxilio judicial tuvo que secarle las lágrimas en varias ocasiones para poder continuar.
Tiene un grado de discapacidad física del 98% debido a una parálisis que le afecta a todo el cuerpo y que le hace requerir de ayuda externa para acciones tan simples como comer o bañarse. Vivía en un centro para personas con diversidad física, pero cuando empezó el confinamiento por la pandemia de la Covid-19 enfermó y la enviaron a casa de su madre para no contagiar a otros internos.
El acusado niega los hechos y asegura que nunca tocó a la denunciante
En dicho domicilio convivió durante cinco meses con su hermano pequeño, su progenitora y la pareja de esta. "Al principio todo estaba bien, era cordial y me daba de comer", aseguró sobre su relación con el acusado, que al cabo de unos días cambió. Un mediodía, mientras le daba de comer una ensalada, notó que le empezaba a mirar los pechos, un gesto que le extrañó.
"Al día siguiente, me dijo que yo le gustaba y que estaba enamorado de mí, pero yo le respondí que no quería nada con él porque estaba con mi madre", declaró la denunciante, un rechazo que en un principio pareció aceptar hasta que al cabo de unas horas la besó. Después, los supuestos abusos fueron a más hasta acabar en agresiones sexuales completas a diario, aprovechando los momentos en los que su madre estaba trabajando y su hermano se encerraba en su habitación.
Decía que lo iba a "matar" si lo contaba
El motivo por el que no denunció hasta dos años más tarde, según la víctima, es que el acusado le advertía que padecía del corazón y que si le contaba algo a su madre la "mataba" a ella y a él mismo. "Me decía mientras abusaba de mí que le recordaba a su hermana porque ella también tiene una discapacidad. Yo le decía que no me gustaba y le pedía que parase", afirmó.
Juan Manuel N. P., por su parte, negó todos los hechos de los que se le acusa. Relató que mantuvo una relación sentimental durante un año con la madre de la víctima y que convivió con esta última entre marzo y agosto de 2020, un periodo en el que ya era consciente de su discapacidad y de que era dependiente para cualquier actividad física.
"Tenía una relación normalita con ella, no quería ir más allá. Después vino la pandemia, empezaron las voces y los gritos con su madre y eso me apartó un poco", señaló. Según su versión, el contacto que mantuvo con ella se limitó a darle un beso en la mejilla cuando la conoció y en alguna otra ocasión en la que salía de la vivienda. También contradijo que la madre de la víctima lo echara de casa después de conocer los hechos y aseguró que fue él quien cortó con ella porque no le interesaba continuar con la relación.
La Fiscalía pide 15 años de cárcel, mientras que la defensa reclama su absolución
En la causa figuran una serie de mensajes que el acusado reconoció haber enviado a la denunciante en aquellas fechas, en los que decía cosas como "no te preocupes, jamás te tocaré", que él atribuye a un momento puntual en el que le intentó colocar en el cuello una cadena de plata que le había regalado. "Te miraré solo como si fueras mi hija, nada más si tú quieres", comentaba en otra de las conversaciones.
Por otro lado, prestaron declaración en el juicio las dos psicólogas del Instituto de Medicina Legal que examinaron a la víctima y realizaron una prueba de veracidad del testimonio. Este examen, que según advirtieron solo está pensado para menores de edad y no da resultados concluyentes en adultos, no pudo establecer la credibilidad del relato debido a una "tendencia a la exageración".
Visto para sentencia
La Fiscalía elevó a definitivas sus conclusiones y exigió que se le imponga al encausado una pena de 15 años de prisión por un delito continuado de agresión sexual, con otras medidas como órdenes de alejamiento. La defensa, en cambio, considera que "no existe ninguna prueba objetiva" y pide que se aplique el principio de presunción de inocencia y se absuelva a su representado.
El juicio quedó visto para sentencia.
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