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Almudena Santana, paciente trasplantada de riñón en el Hospital Insular: «Soy feliz porque he recuperado mi vida»

Desde 2007, el Hospital Insular de Gran Canaria ha realizado 917 trasplantes renales, un hito que demuestra el compromiso del centro con la salud y la calidad de vida de sus pacientes

De izquierda a derecha, Rita Guerra, Ingrid Auyanet, Almudena Santana, Nicandro Reyes, Laura Vera y Patricio Navarro.

De izquierda a derecha, Rita Guerra, Ingrid Auyanet, Almudena Santana, Nicandro Reyes, Laura Vera y Patricio Navarro. / José Pérez Curbelo

Las Palmas de Gran Canaria

La vida de Almudena Santana dio un giro inesperado en 2014, cuando una analítica rutinaria reveló que padecía anemia, lo que sirvió como detonante para diagnosticar una insuficiencia renal moderada. Sin embargo, el problema se agravó y, en el verano de 2015, tuvo que iniciar un tratamiento de diálisis mientras esperaba la llegada de un riñón compatible para poder someterse a un trasplante en el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria. «Cuando recibí la noticia lloré mucho, pero a día de hoy puedo afirmar que soy feliz porque he recuperado mi vida», manifiesta esta mujer de 42 años, que reside en el municipio grancanario de Santa Lucía de Tirajana.

El órgano tardó en llegar poco más de tres años . A lo largo de ese tiempo, pasó un año y medio con hemodiálisis y otro año y medio con diálisis peritoneal en su domicilio, un tratamiento que la obligaba a depender de una máquina durante largas horas para poder seguir viviendo. «Era muy duro porque implicaba pasar mucho tiempo conectada a un aparato que me restringía la vida. Tenía que adaptarme a una situación que no era habitual a mi edad. Sentía que mi cuerpo no era mío y experimenté muchos cambios», recuerda la paciente.

De hecho, sus jornadas estaban repletas de cálculos constantes, pues la terapia exigía disciplina y sacrificio. «Si quería salir un jueves, por ejemplo, sabía que tenía que estar en casa a una hora concreta para conectarme a la máquina y poder ir a trabajar al día siguiente», relata Santana, quien además tuvo que aparcar unos meses su oficio de periodista.

Intervención exitosa

Cuando por fin le comunicaron que había llegado un órgano, no dudó ni un solo segundo en someterse a la intervención. Por suerte, la operación fue un éxito y solo tuvo que permanecer siete días ingresada en el hospital. «Desde el primer momento, le dije a mi pareja que se llevara todos los aparatos y todas las bolsas relacionadas con la diálisis. No quería ver nada de eso cuando regresara a casa», confiesa.

Aunque aún debe continuar sometiéndose a controles médicos cada tres meses y seguir un tratamiento inmunosupresor, la diferencia con respecto a los años de diálisis es abismal. Tras el trasplante también desarrolló diabetes, por lo que mantiene seguimiento con varias especialidades médicas, entre ellas nefrología, endocrinología y oftalmología. «Me siento muy bien y soy consciente de que he ganado mucha calidad de vida», remarca la mujer.

A lo largo del proceso, la paciente llegó a participar, a través de la asociación Alcer Las Palmas, en una iniciativa de mentoring para apoyar a las personas que atraviesan una situación similar. Su consejo para quienes reciben el diagnóstico es claro: «Si quieren llorar, que lloren, y si quieren gritar, que griten. Es importante respetar cada momento, pero, una vez superado el impacto inicial, es fundamental afrontar la situación con esperanza», concluye Almudena Santana.

«Tenía que volver a casa a una hora concreta para conectarme a la máquina», recuerda la mujer

Según explica la doctora Rita Guerra, especialista en Nefrología en la unidad de Trasplante Renal del Hospital Insular, es frecuente que la insuficiencia renal pase desapercibida hasta que la patología avanza. «Por suerte, cada vez hay más medidas de detección precoz, que es donde debemos poner el foco para que la enfermedad no progrese y los pacientes no lleguen a necesitar diálisis ni trasplante. Sin embargo, todavía hacen falta muchas acciones para evitar esta situación», asegura la facultativa.

La profesional es consciente de que, en general, a los pacientes les cuesta mucho asumir que padecen la afección. «A veces, es necesario que reciban la diálisis de forma inmediata, por lo que los afectados tienen que adaptarse muy rápido a este cambio en sus vidas, lo que muchas veces les provoca un trauma», cuenta.

Por ello, es fundamental que los sanitarios les trasladen toda la información necesaria. El tratamiento renal sustitutivo ofrece varias opciones: hemodiálisis en el hospital o en los centros de Avericum, hemodiálisis domiciliaria, diálisis peritoneal en domicilio y el trasplante renal, a ser posible de donante vivo. «El trasplante anticipado, es decir, antes de iniciar diálisis, es la opción preferente porque confiere más autonomía, independencia y calidad de vida, pero no siempre se puede hacer al momento», lamenta la doctora.

Estudio de casos

Desde las consultas de Enfermedad Renal Crónica Avanzada (ERCA), los profesionales preparan a los pacientes y estudian sus casos para que puedan ser incluidos en las listas de espera para acceder al trasplante. En el transcurso de 2025, el 7% de los trasplantes de riñón que se realizaron en el centro fueron anticipados, una cifra que ha crecido con el paso del tiempo, pues hasta hace unos años se situaba en el 3%. «El porcentaje ofrece esperanza. No obstante, a todas las personas que se van a trasplantar les explicamos las responsabilidades y los compromisos que implica, ya que requiere adherencia al tratamiento inmunosupresor y controles periódicos», asevera la experta.

Asimismo, la nefróloga pone de relieve que el trasplante renal no es un procedimiento aislado, sino el resultado de la coordinación de un equipo multidisciplinar en el que participan cirujanos, personal de enfermería, auxiliares y otros profesionales que forman parte de más una decena de servicios.

Por lo que respecta a la duración de la cirugía, hay que decir que suele prolongarse alrededor de dos horas. Su éxito depende de una planificación meticulosa desde el momento en que se detecta un donante. Ahora bien, este acto no sería posible sin la solidaridad de las personas que realizan este gesto altruista y sus familias. «Sin donante no hay trasplante, y siempre queremos darles las gracias. El año pasado alcanzamos un hito histórico en Canarias al realizar cinco trasplantes renales en 24 horas, algo que no hubiera sido posible sin estas personas», recuerda.

El pasado jueves se conmemoró el Día Mundial del Riñón. Con base en los datos que maneja el complejo de referencia del área sur de la Isla, en 2025 se realizaron 58 trasplantes renales en el Insular, 22 menos que en 2024, que cerró con un total de 80. El hospital es centro de referencia para esta práctica en la provincia de Las Palmas desde 2007 y, desde entonces, los profesionales han llevado a cabo 917 trasplantes de riñón.

Responsabilidad médica y compromiso

«Cuando un trasplante no va bien, los primeros damnificados son los pacientes, después sus familias y luego los médicos», valora el urólogo Patricio Navarro. «Esta práctica conlleva mucha responsabilidad y, aunque en el caso del riñón pocas veces se pone en peligro la vida del paciente, sí puede quedar comprometida su calidad de vida», agrega. De ahí la importancia de trabajar en equipo y meditar muy bien todas las decisiones. «A lo mejor, de 80 casos se complican tres, pero estos tres dejan una marca de por vida», asegura el facultativo.

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