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La bonhomía de Esther Fabre Alonso (1962-2026)

La autora de la misiva destaca la bondad, la elegancia y la sensibilidad de la amiga fallecida, quien dejó un recuerdo imborrable en quienes la conocieron, especialmente por su don de hacer sentir bien a los demás

Esther Fabre Alonso

Esther Fabre Alonso / La Provincia

Susana de la Torre

Querida amiga : 

Hay personas que llegan a la vida de los demás como un regalo. 

Así eras tú. Jovial, generosa, divertida, siempre rodeada de amigos, siempre capaz de convertir cualquier momento en algo especial. Tenías una forma luminosa de estar en el mundo. Hoy me cuesta encontrar las palabras, porque cuando alguien como tú se va deja un silencio muy grande. Aun así, sé que si algo merece ser dicho es lo que fuiste para mí. Eras luz, alegría y generosidad. Una mujer divertida, generosa hasta en los gestos más pequeños.

Tuviste ese don raro de hacer sentir bien a quien estaba cerca de ti, como si la vida a tu lado fuera siempre un poco más amable. Un gusto extraordinario para la belleza. No sólo en tu maravillosa tienda de decoración, que cuidabas con tanto cariño junto a tu hermana Sabela, sino en tu manera de mirar el mundo. Sabías crear armonía en los espacios, elegir cada detalle con sensibilidad, y convertir lo cotidiano en algo especial. Y tú misma eras así; tu presencia era elegante, fresca, muy amable. Te relacionabas con tanto cariño y naturalidad, sin hacer ruido, sólo dejando un huella imborrable en el corazón de quien tuvo la fortuna de conocerte.

Siempre bien vestida, con ese toque tan personal que reflejaba tu alegría de vivir. Tu estilo impecable, ese aire tuyo tan natural, tu manera de vivir y de estar . Tu sentido del humor tan refinado , tu pasión por la cultura. Siempre ansiando saber y conocer más. Y tu sensibilidad. Eras una amiga de verdad , de esas que dejan un recuerdo imborrable después de estar a su lado. De las que se quedan para siempre en los recuerdos que compartimos.

Hoy pienso en todas las risas, en los momentos vividos, en los encuentros que parecían tan naturales y sencillos que ahora son tesoros. Y siento una gratitud inmensa por haberte tenido en mi vida. Pero también es verdad que quienes dejan tanta luz no desaparecen del todo. Se quedan en los recuerdos, en las historias que contamos, en la alegría que sembraron, en los pequeños gestos que nos recuerdan quiénes fueron. Pero por encima de todo eras madre. Madre orgullosa y profundamente entregada a sus hijos, Ignacio y Luis, que eran el centro de tu vida.

Quienes te conocimos recordaremos siempre tu preciosa sonrisa, tu forma jovial de estar en el mundo, tu talento para reunir a los amigos alrededor de una mesa, tu cocina llena de aromas y tu casa llena de vida. Hay personas, como tú, cuya mayor virtud es la bondad. Una bondad serena, natural, sin ruido. Esa bondad antigua que los franceses llaman bonhomie, y que tú encarnabas. Tu ausencia duele, pero tu manera de ser , tu generosidad, tu alegría y tu amistad seguirá viviendo en todos los que tuvimos la suerte de conocerte.

Gracias por tu luz y por tu amistad

Para siempre en mi corazón.

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