Mogán
Javi Blanco, el corredor de montaña que convierte su pasado con las drogas en un mensaje de superación para los jóvenes
Tras dejar atrás una etapa marcada por las adicciones, el corredor moganero Javi Blanco suma 15 años sin consumir y más de 40 ultras en toda Europa. Ahora, lleva su historia de superación a los institutos de Mogán con un mensaje de prevención, esperanza y segundas oportunidades para llegar a los más jóvenes.

Javi Blanco, corredor de montaña. / LP/DLP
No todas las montañas se alzan ante los ojos. Algunas se suben en silencio, lejos de las carreras, los dorsales y las metas. Javi Blanco conoce bien esas cumbres invisibles. Antes de convertirse en corredor de ultras y sumar pruebas por toda Europa, tuvo que atravesar una etapa muy dura de su vida en la que el deporte marcó un antes y un después. Ahora, vuelve al municipio que le vio crecer para compartir su historia con las drogas con los más jóvenes y convertir su experiencia en una herramienta de prevención y esperanza. Javi habla de su historia sin grandilocuencia.
No busca dar lecciones ni presentarse como un héroe. No quería protagonismo ni hacer de su vivencia una bandera. Sin embargo, con el tiempo entendió que aquel recorrido personal podía tener un valor social, especialmente para los adolescentes. Gracias al impulso de su mujer Idaira, que se declara como su mayor fan, cuenta su historia para abrir conversaciones necesarias y responder a preguntas incómodas.
Transgrancanaria, su segunda oportunidad
Antes de volcarse en la montaña, Javi trabajó durante 13 años en la construcción y, tras el estallido de la crisis del ladrillo, encontró en la cocina un nuevo camino. Autodidacta, empezó a abrirse paso como cocinero en varios hoteles del sur de Gran Canaria hasta que, tras enviar su currículum a Suiza, fue fichado como segundo de cocina en el restaurante de un hotel. Lleva ya 15 años afincado en el país, una etapa en la que también regentó junto a su pareja un restaurante durante seis años. A día de hoy, ambos continúan vinculados al sector gastronómico en Suiza, aunque con la vista puesta en un futuro que todavía está por definir.
«Cuando consumes drogas al principio te sientes llama, pero al final eres solo cenizas»
Su relación con el deporte empezó cuando tenía 34 años. Había dejado atrás el consumo y necesitaba sacar la ansiedad y el vacío que dejó la droga. Primero, llegaron las artes marciales, pero poco después casi por casualidad apareció la montaña. Fue un compañero, Andy, quien le habló por primera vez de la Transgrancanaria. Javi, que entonces no sabía ni qué zapatillas usar, miró la web de la carrera y quedó fascinado por las distancias. Empezó entrenando para los 20 kilómetros, en una cuesta cerca de su casa en Ingenio. En 2012, corrió su gran prueba y con tan solo dos meses y medio de preparación consiguió llegar al puesto 34 en una competición de 567 aspirantes. A partir de ahí, encontró algo más que un deporte: encontró una dirección. La montaña se convirtió para él en lo contrario del consumo: disciplina frente al caos, resistencia frente al derrumbe, horizonte frente al encierro. Por eso, cuenta que le guarda un cariño especial a la Transgrancanaria, la prueba que le dio una segunda oportunidad.

Por la izquierda, el corredor Javi y su mujer Idaira. / LP/DLP
Acercar su historia a los jóvenes
Quince años después dejar las drogas, Javi Blanco ha corrido más de 40 ultras por toda Europa. No obstante, a pesar de su indiscutible trayectoria deportiva, tanto él como Idaira insisten en situar el foco fuera de la competición. Lo verdaderamente importante no está solo en las metas cruzadas ni en los kilómetros recorridos, sino en el proceso personal que hay detrás y en la posibilidad de que ese testimonio pueda servir a otras personas para encontrar su propio camino sea o no en el deporte.
En su primera competición, Javi quedó en el puesto 34 de 567 con apenas dos meses y medio de entreno
De esa convicción nacen las charlas que Javi está ofreciendo en los institutos, una iniciativa que surge con la idea de ampliar el alcance del mensaje a otros municipios de la isla. Después de un primer acercamiento, Javi explica que lo que más le ha sorprendido ha sido la respuesta y la acogida del estudiantado, que se ha interesado en su historia. «Algunos alumnos me han dicho que después de escucharme ya no quieren rendirse», añade emocionado.
Sembrar una semilla
Cuando le preguntan qué le diría hoy al Javi de aquellos años, reconoce que no sabe responder, porque no vive mirando atrás. Dice que todo lo ocurrido le sirve como enseñanza para ser quien es hoy. En estos días, su mensaje ha sembrado alguna semilla entre los alumnos y eso, admite, «le basta aunque solo haya ayudado a un único alumno». Aun así, no idealiza nada. Sabe que salir de la droga es una batalla dura de librar. Si acaso, propone una imagen íntima y dura: mirarse al espejo y preguntarse si a uno le gusta lo que ve.
Ahora, entre charlas de prevención y un documental de la mano de Yeti Projects y con el apoyo del Ayuntamiento de Mogán que verá la luz a final de año, Javi Blanco encara otra meta. Ya no corre solo para sí mismo. Corre —y habla— para que otros descubran que, incluso cuando todo parece perdido, siempre puede aparecer un sendero. A veces, llega en forma de amigo que te habla de una carrera. A veces, en forma de pareja que te obliga a creer que tu historia merece ser contada. Otras en forma de charla en el instituto. Y a veces llega como llegan las montañas: duras, silenciosas y exigentes, pero ofreciendo, a quien decide subir la cima, una nueva forma de ver el mundo después del abismo.
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