Inclusión
Los diez asistentes de Pávlov: Canarias forma a la primera 'camada' de instructores para perros de servicio
Terapican, con el respaldo del Servicio Canario de Empleo y el Ayuntamiento de Telde, prepara desde octubre en la finca El Viso la primera hornada de 20 futuros instructores y diez labradores muy espabilados

Formación de instructores de perros de asistencia en el municipio de Telde / José Pérez Curbelo / LPR
Al perro Santi le viene el olfato antes que los modales. Es el espabilado de un puñado de labradores de ocho meses de edad media, que no paran quietos y son más listos que el hambre. Pero Santi también el más limpio a la hora de ejecutar los ejercicios: tres repeticiones y ya te coge la vuelta. Lo saben bien los 20 alumnos humanos, que comparten con él y el resto de esta cuadrilla perruna, un día de formación en la finca El Viso, y que están aprendiendo, con mucha paciencia, refuerzo positivo y bastantes premios de por medio, según dicta el experimento de Iván Pávlov, a convertirse en algo que Canarias nunca había tenido: perros de asistencia formados aquí, por instructores de la tierra, para quedarse en las Islas.
Ocurre en una finca de siete hectáreas levantada en la falda de la Montaña de Las Palmas, (Telde), a 446 metros sobre el nivel del mar. El Viso significa eso, un «lugar alto desde donde se divisa una gran extensión». El panorama que se abre desde este enclave que está equipado con barracones adaptados para las clases, muestra el cauce del Barranco de San Roque, que duerme carretera abajo, y detrás el azulón del Atlántico. Forma parte del terreno municipal cedido por el Ayuntamiento de Telde al proyecto de la Asociación Terapican, que desde octubre produce en la pendiente de la ladera a la primera camada de instructores para perros de asistencia.
El primer perro de asistencia acreditado en Canarias, Yogui, un golden retriever que ahora tendrá unos cinco años, se formó en la escuela de Meritxell Arias, la profesora de estos 20 aprendices humanos. Ella es instructora de perros de asistencia desde 2004, con 22 años de oficio, y es la responsable técnica de esta labor formativa, a la que echa una mano Ona y Bubu, los perros de la propia instructora, que cumplen como profesores auxiliares. «La problemática es que no hay instructores dentro y tienen que venir entidades de fuera para entregar perros aquí», dice.
La iniciativa se centra en la formación especializada en perros de asistencia, animales entrenados para apoyar de manera directa la autonomía de personas con discapacidad o necesidades médicas específicas. Estos perros aprenden tareas funcionales y complejas, desde guiar, alertar o recuperar objetos hasta anticipar episodios de salud o facilitar la movilidad en la vida cotidiana. Son, en términos técnicos, una herramienta de apoyo vivo que trabaja en binomio con su usuario.
Los 20 alumnos llegaron en octubre sin saber demasiado, o sin saber nada. Algunos ya andaban en esto de los perros como la futura instructora Xenia. La mayoría, no. Lo que sí comparten es que todos estaban en situación de desempleo.
El certificado de profesionalidad que están cursando, financiado enteramente por el Servicio Canario de Empleo, está pensado para abrir una salida laboral en un sector que en las Islas no existía hasta ahora. Que además sea la primera vez a nivel nacional que se monta un curso de estas características en esta modalidad es un asunto de relevancia.
Canarias se pone las pilas y coge la delantera en esta formación compuesta de tres partes: selección del animal, adiestramiento de base y aprendizaje de especialidades. Los primeros meses fueron de teoría y fundamentos; ahora el asunto es práctico casi por completo.
Están en la fase del perro señal, que es en la que se trabaja con personas sordas. Perros que aprenden a detectar fuentes de sonido y llevar al usuario hasta ellas. Y el ejercicio del día es el del squeaker, un artilugio que emite el mismo sonido a pito que un juguete.
Estos animales están entrenados para apoyar de manera directa la autonomía de personas con discapacidad o necesidades médicas específicas. Pueden aprender tareas funcionales y complejas, desde guiar, alertar o recuperar objetos hasta anticipar episodios de salud o facilitar la movilidad en la vida cotidiana. Son, en términos técnicos, una herramienta de apoyo vivo que trabaja en binomio con su usuario.
Si se le pregunta al común de las personas qué es un perro de asistencia, con toda probabilidad, lo más seguro es que describa un labrador con arnés guiando a una persona con discapacidad visual por la acera. Ese es el perro guía, que es uno solo de los cinco tipos que reconoce la ley, y que trabaja específicamente con personas ciegas o con baja visión. Su trabajo consiste en avisar de obstáculos, indicar los pasos de cebra, o frenar en seco si su dueño corre peligro de ser atropellado. Es el más reconocible porque lleva décadas en la calle y la ONCE ha hecho un trabajo de sensibilización sin parangón. Pero el perro guía no es un perro de asistencia genérico, es una especialidad dentro de un campo mucho más amplio, y confundirlos a todos con él es como pensar que el único médico que existe es el de cabecera. Hay otros cuatro tipos reconocidos por ley, cada uno con su usuario, su función y su forma de trabajar, y la mayoría de la gente los desconoce.
El Real Decreto 409/2025, de 27 de mayo, vino a ordenar el marco regulatorio. Derogó un decreto de 1983 que solo hablaba del perro guía para personas con discapacidad visual, que era lo que había entonces, y lo sustituyó por una norma que reconoce los cinco tipos. Además, regulariza cómo tienen que formarse, quién puede formarlos, qué papeles hay que tener en regla y a dónde pueden entrar.
«Cuando ven a un niño con autismo, que no tiene una discapacidad que se reconozca a simple vista, y ven a un perro anclado a ese niño y le dicen que no puede entrar porque es un perro de compañía. Y tú le dices: no, es un perro de asistencia, pero no trabaja con discapacidad visual», señala Meritxell. Este problema se repite en tiendas, restaurantes, colegios... Y el padre o la madre que aguanta el tipo tiene que ponerse a explicar, con el hijo delante, algo que debería ser de cajón, según indica la instructora.
Para darle la vuelta a ese problema de visibilidad, el proyecto ha incorporado una línea de padrinos y madrinas, figuras públicas de Canarias que se fotografían con los perros en formación. Las fotos las hace el alumnado de fotografía de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Gran Canaria y las difunden en sus redes con un mensaje de sensibilización. Ya están confirmados, entre otros, la consejera de Turismo y Empleo del Gobierno de Canarias, Jessica de León; la directora general del Servicio Canario de Turismo y Empleo, María Teresa Ortega; el alcalde de Telde, Juan Antonio Peña; y varios rostros conocidos de la televisión canaria como Paco Luis Quintana, Vitorio Pérez, presentador de Una hora menos, Mercedes Martín, Kiko Barroso y Mari Carmen Sánchez. Cada uno con su perro asignado.
Los perros olisquean en la finca desde los cuatro o cinco meses. Nueve labradores y un golden retriever llamado Suggar que entraron a El Viso de cachorros y sin oficio. Entre ellos también está Soto y Sara, de color blanco; Estela y Emilio, negros; Suso, Santi, el lápiz más afilado del estuche, Lolo, Lúa y Lisa están los cinco teñidos de color chocolate. Y aunque durante la mañana en la que se hace este reportaje están un poco adolescentes y se distraen a ratos con la cámara, a estas alturas ya saben caminar al paso del usuario, sin adelantarse, girar cuando toca, y quedarse inmóviles si la correa cae al suelo.
La entrega de esta decalogía perruna, una vez completada la formación, se coordinará con la Consejería de Bienestar Social. Se destinarán a usuarios que lo soliciten de manera gratuita y el acto público podría celebrarse en septiembre, según la previsión del equipo.
Antes, el plan reserva aproximadamente un mes para que perro y usuario se conozcan. En condiciones ideales se haría uno por uno, pero el calendario del curso obliga a encajar varios en paralelo. Durante esas tres o cuatro semanas, el instructor pasa de protagonista a actor secundario y luego a figurante. En el proceso estarán bien arropados por los educadores caninos que trabajan en este curso, Joaquín Duro y Tamara Dejuana.
En la formación se trabaja con el condicionamiento clásico, operante y aprendizaje basado en el no error. Y se premia mucho. «Intentamos que no fallen para reforzar solo la buena conducta», señala la instructora, que sigue el mismo método que Pávlov, con chuches y paciencia de por medio. Entre ejercicios hay psicología del aprendizaje, análisis de conducta, estudio de discapacidades y sesiones de mediación comunicativa. Ahí entra Arminda Vega, mediadora comunicativa. Si el perro aprende a leer señales humanas, el equipo humano aprende a leerse entre sí.
El acoplamiento es ese tramo en el que el instructor aprende que el perro nunca fue suyo, solo estaba de prácticas. Durante meses, el perro duerme en casa del alumno, aprende sus rutinas, reconoce su voz, su forma de caminar, incluso sus manías. «No nos interesa que vivan en la finca porque no cogerían vínculo con el instructor, y porque no tiene ningún sentido que los perros estén fuera de un entorno urbano cuando tienen que saber desenvolverse en uno», asegura Meritxell.
Y justo cuando el vínculo funciona como un reloj suizo, toca soltar. «Hay un proceso de duelo por parte de los instructores. Se pasa mal, ya te lo digo. Yo lo paso mal siempre», reconoce Meritxell. Es la regla no escrita desde el primer día de clase: hay que aprender también a despedirse.
En un ejercicio con el temporizador, el perro localiza la fuente del sonido y guía al alumno hasta la cocina —prueba concreta para futuros equipos que trabajen con personas sordas—; en otra tanda, el squeaker sirve de llamada hasta que la pareja humano-perro aprende a comunicarse.
El jueves que viene volverá a tocar salir a la calle. Los perros ya saben lo que hay cuando se van de excursión al Centro Comercial Las Terrazas para aprender a subir y bajar escaleras mecánicas: no se pueden acariciar, son perros de trabajo. Santi, de momento, sigue siendo el más listo de la clase. También el más insistente; el que no tarda en apuntar con su morro al bolsillo de las chuches cuando sabe que se ha portado bien.
Suscríbete para seguir leyendo
- Un artista canario devuelve la vida a una fachada abandonada de Las Alcaravaneras con un mural artístico
- Pelea multitudinaria en La Isleta: un detenido y buscan a más implicados
- ¿Hasta cuándo durará este calor y calima en Canarias?
- Pastelas de pollo, bocadillos de jamón serrano y dulces marroquíes: la fusión se saborea en esta cafetería de Las Palmas de Gran Canaria
- La Aemet alerta de más calima en Canarias durante el domingo: estas son las islas con peor calidad de aire
- Un juez confirma la multa: despedir a una empleada de baja médica tras vigilarla le cuesta 7.501 euros a una empresa
- Mario Benítez, agricultor en Valsequillo: «El 98% del millo para el gofio en Gran Canaria viene de Argentina»
- El embalse de Valleseco, en el aire: el Ayuntamiento consulta a los vecinos tras la oposición al proyecto de interés regional