Mogán
Del rugido del barranco a un rescate contracorriente: el día que el sur de Gran Canaria miró al cielo con Therese
La borrasca Therese aísla a 200 vecinos en Cercados de Espino y deja en El Pajar el rescate de una mujer de 80 años como una de las imágenes más impactantes de la jornada

ANDRES CRUZ
El sur de Gran Canaria pasó este viernes el día mirando a los barrancos. La borrasca Theresedejó en esta parte de la isla una jornada de tensión, barro, carreteras cortadas y vecinos pendientes del cielo y del agua, con la sensación compartida de que lo peor aún podía llegar por la tarde. La imagen más delicada se vivió en Cercados de Espino, donde la crecida del barranco dejó a unas 200 personas incomunicadas por un cauce que separa Mogán y San Bartolomé de Tirajana. Con la carretera cortada durante horas por el ímpetu del agua, vecinos y vecinas siguieron de cerca una vaguada embravecida, llevándose por delante cuanto encontraba a su paso.
Allí, el estruendo del agua trazaron una escena que los vecinos describen con angustia. Paco Báez, Claudio Santana y Delia Méndez, junto a la presidenta de la Asociación de Vecinos Bentorey, Mesalina Hernández, relataron una mañana marcada por la incertidumbre y por la vigilancia constante del barranco. Porque, aunque en esta ocasión no hubo que lamentar daños personales ni materiales, el temor se mantuvo intacto durante toda la jornada. «Desde primera hora de la mañana, la situación fue muy angustiosa», confesaba Mesalina Hernández.
Al otro lado del barranco
Los vecinos coinciden en que el barranco bajaba con «una fuerza horrible». Entre el ruido del agua, las cañas arrastradas y la imposibilidad de pasar de un lado a otro, Cercados de Espino quedó aislado en un episodio que volvió a evidenciar la fragilidad de esta zona del sur cuando arrecia el temporal. Las familias no podían cruzar, los trayectos cotidianos quedaron suspendidos y, durante horas, lo único posible fue esperar y mirar al cauce con una mezcla de respeto e impotencia. Sin embargo, aquella concentración inevitable de vecinos a la orilla del barranco, reunidos desde primera hora para medir los efectos del agua, sirvió también para hacer visible un descontento que se remonta meses atrás.
Entre la preocupación por la crecida y la impotencia de verse otra vez al borde del barranco, los vecinos vinculan los destrozos a las obras de la central hidroeléctrica Chira-Soria y aseguran que llevan desde diciembre reclamando soluciones por los problemas que, a su juicio, está generando la actuación en el cauce. Lo ocurrido este viernes, repiten, no responde a un episodio aislado, sino al consecuencia de una situación que vienen advirtiendo desde hace tiempo y que ahora avisan con traducirse en movilizaciones y protestas. En plena emergencia, esa queja volvió a abrirse paso con fuerza, alimentada por una convicción compartida entre muchos residentes: que el barranco ha cambiado y que el aviso llevaba demasiado tiempo sobre la mesa.
El rescate de una mujer de 80 años en El Pajar, arrastrada por la corriente de madrugada, condensó las horas más angustiosas de la borrasca.

El impacto de la borrasca Therese en Mogán (Gran Canaria, 20/03/2026) / Andrés Cruz
Un rescate in extremis
La madrugada dejó, además, uno de los instantes más sobrecogedores de la jornada en El Pajar, donde una mujer de 80 años fue arrastrada por la corriente en medio de la oscuridad y la violencia del barranco. La anciana, que vivía en una chabola en mitad del barranco, fue sorprendida durante la madrugada por la escorrentía de agua que la arrastró hasta la desembocadura. Durante unos momentos, todo pareció quedar suspendido en esa imagen, cuando la mujer se resistía a ser vencida por la corriente.
Sin embargo, en mitad de esa virulencia irrumpió también el impulso más humano. Juan José Cerpa Trujillo, al que todos conocen como Ico, se lanzó con su tabla de surf para alcanzarla, mientras los bomberos de Puerto Rico acudían al lugar y se incorporaban al operativo hasta lograr sacarla del agua. Ya a salvo, fue trasladada al centro de salud, donde recibió una primera atención, aunque después rechazó la ayuda de los servicios sociales. En una jornada marcada por la fuerza desatada de la naturaleza, el gesto de Ico se convirtió en una de esas imágenes que resumen lo mejor de los días más difíciles: la reacción inmediata de quien decide no mirar hacia otro lado.
En Peñones, un pequeño núcleo de apenas doce casas, donde los hermanos Daniel y Aday Hernández Machín se afanaban en retirar el barro de la carretera. Durante la noche, el barranco había rebasado hasta alcanzar la vía. Allí están acostumbrados a convivir con este tipo de episodios, porque «es normal que suceda», pero reconocen que hacía tiempo que no llegaba tanta agua. En esa frase cabe toda la memoria del sur: la de quienes saben leer el paisaje y distinguen cuándo una borrasca es una más y cuándo obliga a extremar la vigilancia.
En medio de una jornada de barrancos desbordados, Los Azulejos devolvieron una estampa insólita: pequeños caideros abriéndose paso entre la piedra.
Los caideros que dibujan el paisaje
Bajando la GC-505, en Vento, la lluvia también partió por momentos la vida cotidiana. Celia Outomuro pasó la mañana pegada al teléfono, tratando de mantener el contacto con su hijo y con su hermana, que se encontraban al otro lado de una carretera cortada por el agua. El aislamiento, en estos casos, no siempre se mide en kilómetros: a veces basta una llamada, una carretera impracticable y la imposibilidad de acercarse para que la angustia se instale con toda su fuerza.
En la costa de Arguineguín, el agua también devolvió estampas que muchos creían ya casi olvidadas. Alfonso Cazorla, vecino del enclave desde hace 66 años y natural de El Sao, observaba correr el barranco con la autoridad de quien ha visto mucho y cómo había llegado hasta la desembocadura, para teñir el mar de canelo. Dice que hacía tiempo que no lo veía bajar así, aunque conserva un recuerdo todavía más poderoso: de pequeño llegó a verlo correr durante 18 días seguidos.
La borrasca dejó también escenas de belleza abrupta. En Los Azulejos de Veneguera, el agua dibujó pequeños caideros que transformaron el paisaje en una postal que se ha asomado durante un invierno húmedo y que da la bienvenida a la anhelada primavera. Hasta allí se acercó Manuel Sánchez, vecino de Tauro, acompañado de sus perros, Guanche y Chispa. Su presencia, en medio del día gris, ofrecía otra cara de la tormenta: la de una naturaleza desbordada que también regala estampas insólitas. Su conclusión, sencilla y luminosa, resumía ese contraste que tantas veces define a Gran Canaria incluso en los peores temporales: «Tenemos una isla preciosa». Therese hizo correr también los barrancos de Tirajana, Veneguera y Mogán, devolviendo al sur una imagen poco habitual, aunque siempre bien recibida.
El abismo de la tarde
Por la tarde, la voz oficial vino a poner cifras a lo que el sur llevaba horas sintiendo a pie de barranco. Desde el Cecopin, el presidente del Cabildo, Antonio Morales, confirmó que la borrasca había ido cumpliendo las previsiones y advirtió de que la situación podía empeorar de cara a la madrugada del sábado. En San Bartolomé de Tirajana, además, el Ayuntamiento alertó del riesgo de que Huesa Bermeja quedara incomunicada y habilitó el pabellón de El Tablero, donde ya se han atendido a 23 personas y tres animales, en una tarde que dejó en el sur la sensación de que el temporal aún no había dicho su última palabra. Asimismo, con los primeros estragos de la borrasca aún presentes, en Playa del Águila el área de Urbanismo ordenó el precinto de la zona y el cierre del paseo marítimo afectado, tras la caída del muro de los apartamentos aledaños. La jornada estuvo marcada por un tiempo que venía a contrarreloj, donde limpieza y prevención fueron de la mano desde el Faro de Maspalomas, hasta Cercados de Espino.
Con el paso de Therese, el sur de Gran Canaria recuperó una imagen tan infrecuente como reveladora: la de sus barrancos corriendo de nuevo y la isla midiendo, entre la alerta y el asombro, la dimensión real del temporal. La jornada dejó tensión y daños, pero también el recordatorio de que, cuando el agua irrumpe, el paisaje y la rutina se supeditan a merced del cauce.
Suscríbete para seguir leyendo
- El nuevo centro para personas sin hogar de la Fábrica de Hielo se retrasa otro mes
- La nueva terraza del Puerto de Las Palmas solicita la licencia para abrir antes del verano
- Detenido un hombre por matar en Maspalomas a un turista al que conoció en una app de citas
- Orden de desalojo de 200 personas de un edificio ocupado y chabolas en Gran Canaria: «¿Dónde vamos nosotros?»
- Un muerto y más de 15 heridos en un grave accidente de guagua en La Gomera
- El frío, el fuerte viento y las lluvias siguen en Canarias
- El burdel de la realeza tiene precio en Vegueta: a la venta una de las casas con más leyendas
- La Aemet avisa de un cambio brusco del tiempo en Canarias a partir de hoy: previsión en cada isla