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Entrevista | Hani Mhaidli Cirujano especialista en Columna Vertebral

Hani Mhaidli, médico libanés que reside en Gran Canaria: «La mejor medicina es respetar los derechos humanos»

El médico libanés considera que Europa podría ejercer presión sobre Estados Unidos para detener la guerra, pero lamenta la falta de acción y la normalización del sufrimiento

El cirujano especializado en Columna Vertebral Hani Mhaidli.

El cirujano especializado en Columna Vertebral Hani Mhaidli. / José Pérez Curbelo

Las Palmas de Gran Canaria

Como libanés que reside en la Isla desde hace décadas, ¿cómo vive desde la distancia el conflicto bélico?

Con muchísima preocupación. Conozco el territorio y lo sigo muy de cerca. Lo que se está viviendo allí es una tragedia. Como en todas las guerras, empezar es fácil, pero lo difícil es saber cómo va a terminar. Oriente Medio ha sido históricamente una zona atravesada por conflictos. Es una región muy rica y, a lo largo de la historia, muchos países han querido intervenir allí. Ahora, además, con el peso de la energía, la situación se agrava. Por todo esto, estoy muy preocupado y pendiente cada día de lo que pueda ocurrir.

¿Qué le transmiten sus amigos y familiares que residen en el país?

Hace poco habló en televisión un compañero mío, que es médico y que vive allí. Después, hablé con él personalmente, y el panorama que describe es desolador. Líbano es un país pequeño, y hay zonas donde se han producido grandes desplazamientos de población. De hecho, él mismo ha tenido que desplazarse. Unas 800.000 personas lo han hecho, pero no cuentan con los recursos básicos ni con las infraestructuras necesarias. ¿Cómo pueden abastecerse cada día 800.000 personas desplazadas? Lo cierto es que hay momentos en los que se le ordena a la población civil que se mueva, pero no a los militares o a los combatientes. El Convenio de Ginebra establece reglas sobre el desplazamiento de la población desde 1949, pero no se está respetando. En solo dos semanas han muerto 850 civiles, entre ellos 107 menores. Además, hay 330 niños heridos. Por si fuera poco, se han visto afectados cinco hospitales, 30 ambulancias y 13 centros de salud. También han fallecido 32 personas del sector sanitario, entre médicos, enfermeras y auxiliares.

Teniendo en cuenta su profesión, ¿cómo le afecta el impacto humanitario que está teniendo el conflicto?

Como médico me siento doblemente herido, porque precisamente después de las grandes guerras del siglo XX, la humanidad intentó fijar unos límites. En una guerra también hay normas, no vale todo. Una de esas normas tiene que ver con los centros hospitalarios. Estos servicios tienen una protección específica. Debe haber respeto, avisos y comprobaciones. Si alguien sostiene que debajo de un hospital hay otra cosa, hay que verificarlo. Para ello, existen organismos neutrales, como la Cruz Roja o la Media Luna Roja. Incluso aunque hubiera dentro un combatiente herido, eso no justificaría atacar el hospital, ya que hay un convenio universal que ha sido firmado por todos los países de la ONU. Lo único que se consigue atacando un hospital es multiplicar el sufrimiento, el pánico y el dolor. A mí, como médico y como ser humano, esto me hiere profundamente.

¿Qué papel cree que deben jugar los países europeos en este caso?

Si Europa actuara unida, podría ejercer una presión importante sobre Estados Unidos, que al final es quien tiene la llave. El problema es que, en este momento, Estados Unidos escucha poco y no parece estar dispuesto a corregir el rumbo. Antes había un cierto equilibrio de fuerzas, y ese equilibrio obligaba a respetar unas reglas de juego. Cuando ese equilibrio desaparece, manda quien tiene más fuerza. Europa podría jugar un papel importante, aunque no fuera desde la fuerza bruta, pero no se atreve. Mientras tanto, la opinión pública sí se mueve, sí protesta... La cuestión es hasta cuándo, porque estamos ante una situación muy grave y no sabemos ni siquiera si es el principio de algo todavía peor. Esto tiene que parar. Estamos hablando de más de un centenar de niños muertos, muchos padres, madres, hermanos... No podemos normalizar esto bajo ningún concepto. Siempre he pensado que la mejor medicina es respetar los derechos humanos.

«Lo único que se consigue atacando un hospital es multiplicar el pánico y el dolor»

¿Está en contacto con la comunidad libanesa en la Isla?

Hasta hace unos años sí, pero ahora viajo mucho y no mantengo demasiado contacto. Sin embargo, sí he recibido llamadas de libaneses que viven en otros países europeos. Todos ellos me transmiten muchísima preocupación e incertidumbre. Viven con la sensación de estar en medio de una guerra sin tener ninguna capacidad para detenerla, y sin ninguna certeza de que esto vaya a terminar pronto ni bien. Me atrevería a decir que estamos en un momento crítico de la política internacional. Hasta hace no tanto, sin respaldo de la ONU o sin ciertos equilibrios, no se podía hacer cualquier cosa. Ahora parece que sí. Si el fuerte quiere, lo hace, y Europa lo sabe. La cuestión es si puede o no levantar la voz, o si existe alguien con suficiente peso para poner límites. Una cosa es que haya normas y otra muy distinta es que quien las rompe lo haga con total impunidad. Pensábamos que ciertos consensos éticos y jurídicos ya estaban consolidados, pero en esta guerra se habla muy poco de ética o de moral. Se mira la guerra con un ojo y la economía con el otro. Entonces, el sufrimiento de la población desplazada o de los niños muertos pasa a ser casi un efecto colateral. Esto es gravísimo.

¿Cree que la población mundial en general está más preocupada por la economía que por el sufrimiento?

Por suerte, sigue habiendo gente sensible a la que le preocupa de verdad el sufrimiento. Sin embargo, no sé si eso ocupa el primer lugar. Cuanto más lejos está el sufrimiento, menos se siente. En cambio, si sube la luz o se tiene que pagar el doble por algo cotidiano, ahí la población reacciona. Eso, para mí, es un retroceso como seres humanos.

¿Confía en que la situación se pueda estabilizar a medio plazo en la zona?

A corto plazo puede haber algún tipo de acuerdo de alto el fuego si las partes sienten que no pueden sostener más la situación. Ahora bien, una solución inmediata o a medio plazo, sinceramente, no la veo. En esa zona no ha habido una paz duradera desde hace más de siete décadas. Ha habido acuerdos, pero una paz estable, no. De hecho, en noviembre de 2024, se llegó a un consenso para detener la guerra y se ha vulnerado repetidamente. Por eso yo no lo veo fácil, y ojalá me equivoque. Por otro lado, hay que tener en cuenta que esto no se puede mirar de forma aislada. Lo que pasa allí está conectado con Irán, con Estados Unidos y con toda la región. Todo está relacionado. Si mañana hubiera un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, podría influir directamente en esta guerra.

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