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Mogán

Regreso a casa con escolta: así acompañan guardias civiles y policías a los vecinos aislados del Barranco de Arguineguín

Ante la situación en Mogán, la Guardia Civil realizó nueve convoyes, evacuando a 330 personas y 214 vehículos, incluyendo el auxilio a un hombre con un posible infarto

Rescate de dos personas en Cercados de Espino, en Mogán, por la borrasca Therese.

La Provincia

Mogán

A primera hora de este martes, en Las Crucitas, el sur de Gran Canaria seguía teniendo el color del barro. La GC-505, herida por la borrasca Therese, aparecía marcada por las cañas, los restos de vegetación y los sedimentos que el barranco de Arguineguín había ido arrancando y transportando a su paso. El agua había invadido la carretera hasta hacerla desaparecer por tramos, desdibujando la frontera entre el asfalto y el cauce. Allí comenzaba un operativo inédito: un sistema de convoyes para permitir la entrada y salida de los vecinos atrapados en los barrios altos de Mogán. La escena se repetía con una mezcla de paciencia y necesidad. Coches alineados, ventanillas bajadas, conversaciones entrecortadas y la vista fija en los agentes que ordenaban cada salida.

Dos vehículos de la Guardia Civil abrían y cerraban la comitiva; dos motocicletas vigilaban los laterales, mientras otros efectivos reforzaban los puntos de partida y llegada. Aunque inicialmente estaban previstos tres convoyes, la realidad del día fue otra: subieron y bajaron durante horas, a medida que se reunían entre diez y quince coches, con uno, dos o tres ocupantes, porque la urgencia no cabía en un horario cerrado.

Las razones eran numerosas. Había quien bajaba a trabajar, quien regresaba a casa tras el turno, quien necesitaba medicamentos o alimentos o quien subía para dar de comer a sus animales. Judit Guedes, vecina de El Horno, llevaba aproximadamente una hora esperando en Las Crucitas para regresar a casa. Después de cuatro días sin salir, aprovechaba la apertura del convoy para comprar comida para su perro. «Dentro de lo que cabe, estamos bien», venía a decir, aunque en las conversaciones entre vecinos afloraba una inquietud común: la preocupación por faltar al trabajo y no poder sostener una rutina que el temporal había roto de golpe.

El barranco, minuto a minuto

Durante la mañana, el barranco todavía bajaba con virulencia. El ruido del agua imponía respeto. Generaciones que ven correr el agua por los barrancos por primera vez escuchaban este martes el bramido del barranco que se hacía paso hasta la costa. Con el paso de las horas, sin embargo, el cauce fue perdiendo fuerza. La corriente seguía ocupando espacio y condicionando cada movimiento, pero el descenso del caudal permitió ampliar el margen de maniobra y sostener un dispositivo que dependía, minuto a minuto, del estado real del barranco.

El trayecto hasta Cercados de Espino era corto en kilómetros, pero largo en tensión. A un lado, el agua había sobrepasado la vía en varios puntos; al otro, la huella del temporal recordaba que cualquier imprudencia podía tener consecuencias. Todavía podía verse en mitad del barranco el coche de un vecino que el pasado viernes intentó cruzar el cauce en la zona de Las Filipinas y tuvo que ser rescatado después de que la corriente lo arrastrara. Ese vehículo, incrustado en el paisaje de la emergencia, resumía por sí solo la dimensión del riesgo. No obstante, a la llegada a Cercados de Espino el ambiente cambiaba. Los vecinos se agrupaban con expectación, comentando las jornadas pasadas, intercambiando noticias y pendientes del siguiente turno. Allí destacó también el trabajo de Ramón y Mesalina, de la Asociación de Vecinos Bentorey, colaborando con la Guardia Civil para organizar a quienes subían y bajaban y ayudar a que se cumplieran las medidas de seguridad.

Coche volcado al intentar cruzar el barranco de Arguineguín a la altura del barrio de Las Filipinas.

Coche volcado al intentar cruzar el barranco de Arguineguín a la altura del barrio de Las Filipinas. / ANDRES CRUZ

Un operativo sin precedentes

El comandante de la Segunda Compañía de la Guardia Civil en Gran Canaria, José Ramón Martín, explicaba sobre el terreno que es la primera vez que se monta un operativo de estas dimensiones y características. El objetivo, insistía, es garantizar que los vecinos puedan desarrollar una vida lo más normal posible, ir al trabajo o regresar a sus casas, pero siempre dentro de un marco seguro. Para ello, cada jornada comienza con un reconocimiento de la vía, una evaluación imprescindible antes de autorizar cualquier movimiento. El convoy, añadía, evita que nadie se quede tirado ante una balsa inesperada o ante una situación para la que no tenga vehículo o experiencia suficiente. También subrayó la importancia de la transmisión veraz de la información y de los trabajos de limpieza previos en las carreteras, claves para reducir riesgos en un episodio tan extremo. En los casos más urgentes, como la necesidad de medicamentos, el abastecimiento se ha llegado a realizar estos días incluso con drones, según detalló.

La Guardia Civil confirmó este martes que el dispositivo especial de traslado seguía activo para asegurar la entrada y salida de residentes en las zonas aisladas por el corte de la GC-505. A lo largo del día se realizaron nueve convoyes, con 330 personas y 214 vehículos, priorizando emergencias, acceso a servicios esenciales y suministro en las áreas incomunicadas. El mismo comunicado sitúa en aproximadamente un millar las personas afectadas por el aislamiento en el barranco de Arguineguín, en zonas como Barranquillo Andrés, El Caidero y Las Filipinas. Entre las intervenciones del día figura también el auxilio a un varón de El Hornillo con posible infarto, evacuado hasta una zona accesible de la GC-505 para su traslado sanitario .

Vecinos esperando por el convoy que sube a Cercados de Espino.

Vecinos esperando por el convoy que sube a Cercados de Espino. / ANDRES CRUZ

Una cadena humana sin fronteras

La alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, trasladó a los vecinos un mensaje de calma y defendió que la situación está bajo control gracias a la organización, la previsión y el trabajo conjunto de administraciones e instituciones. Su presencia en distintos puntos del barranco durante la jornada buscó precisamente eso: comprobar el estado de los barrios y llevar tranquilidad a quienes siguen pendientes del caudal.

Por la tarde, con el barranco algo más domesticado que al amanecer, la solidaridad volvió a abrirse paso. En medio del barranco de Arguineguín, varios vecinos organizaron una cadena humana para alcanzar alimentos a personas aisladas, utilizando incluso un paso improvisado con tablas allí donde la corriente empezaba a conceder una tregua. Fue otra imagen poderosa de un martes excepcional en el que la GC-505 dejó de ser solo una carretera cortada para convertirse en un corredor de resistencia, coordinación y alivio; el nexo que mantuvo comunicados a los barrios altos del barranco.

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