Maribel, aislada desde el viernes en el barranco de Arguineguín por la borrasca Therese: “Ya no podemos ni llegar al puente”
Cerca de un centenar de vecinos y 22 casas siguen incomunicados por el barro y el desbordamiento; denuncian falta de ayuda básica y un problema que se repite con cada temporal.

Barranco de Arguineguín durante la borrasca Therese / La Provincia
Desde el viernes, cerca de un centenar de vecinos permanece aislado en el entorno del barranco de Arguineguín (Mogán, Gran Canaria) por la crecida y el barro en los accesos tras las lluvias asociadas a la borrasca Therese. Entre las 22 viviendas incomunicadas está Maribel, que vive en la zona y resume el sentir general: “no es la primera vez que pasa, pero esta vez es especialmente grave”.
“Llevamos desde el viernes sin poder cruzar el barranco”, relata. Durante los primeros días, una solución improvisada permitió a los vecinos mantener una mínima conexión con el exterior: los propietarios de una finca cercana abrieron un paso para que pudieran llegar en coche hasta las inmediaciones del puente y, desde allí, continuar a pie hasta Arguineguín para comprar alimentos o productos básicos. Sin embargo, esa vía también quedó inutilizada tras las lluvias de la última noche.
Una salida improvisada que también quedó anegada
“Se embarró todo por donde pasábamos con los coches. Ya no se puede pasar, ni siquiera hasta debajo del puente”, explica. Lo que hasta ayer era una alternativa precaria ha dejado de existir. Ahora, la única opción es caminar durante un largo trayecto, algo especialmente difícil para quienes necesitan cargar agua, comida o cualquier suministro esencial.
La preocupación entre los vecinos no se limita a la falta de movilidad. También pesa el desgaste acumulado de varios días sin poder ir a trabajar, la dificultad de abastecerse y la incertidumbre sobre cuánto tiempo más durará el aislamiento. “Ya son muchos días sin trabajar. Aquí hay gente con niños pequeños”, cuenta Maribel. Asegura que, por ahora, todavía tienen víveres en casa, pero advierte de que el problema puede agravarse si la situación se prolonga. “La gente también necesita agua. Si vas caminando hasta Arguineguín y vienes con garrafas, a ver cómo haces. Ya tienes que traer dos garrafas y ya no traes nada más”.

La Provincia
El agua, el trabajo y los niños pequeños
Pese a todo, en medio de la emergencia ha surgido una red de apoyo vecinal que está siendo clave para resistir. “Nos vamos ayudando unos vecinos a otros”, dice. Quien tiene algo que le falta a otro, lo comparte; quien dispone de coche, acerca a quienes no lo tienen hasta donde es posible. La propia Maribel hizo varios viajes el día anterior para trasladar a otros residentes. “Ayer hice por lo menos cuatro viajes hasta allá”, recuerda.
Ese compañerismo también se ha visto reforzado por la colaboración puntual de los dueños de la finca que permitieron el paso alternativo. Pero, según denuncia Maribel, la respuesta institucional sigue siendo insuficiente. Explica que las autoridades les han trasladado que, en caso de necesidad urgente, podrían enviar medicamentos mediante un dron y que harían lo posible para facilitar el acceso de quienes necesitan desplazarse. Sin embargo, considera que no se ha actuado con la rapidez ni con la previsión necesarias.
La solidaridad vecinal frente a una respuesta insuficiente
“Deberían haber pasado ya y preguntado si hace falta comida, si hace falta agua”, lamenta. A su juicio, la asistencia no debería limitarse a situaciones extremas o a medicamentos, sino contemplar también suministros básicos para la vida diaria en una zona aislada.
Su queja va más allá de la gestión inmediata de esta emergencia. Maribel insiste en que lo ocurrido era previsible y que el problema se repite cada vez que llueve con intensidad. “No es la primera vez”, subraya. “Otras veces nos hemos quedado dos días aquí encerrados, pero esta vez la situación ya es demasiado”. Esa reiteración es, precisamente, lo que más indigna a muchos de los vecinos: la sensación de que el riesgo era conocido y, aun así, no se tomaron medidas de prevención eficaces.
“No es la primera vez”
En su relato apunta directamente a una posible deficiencia de la infraestructura construida en la zona. “Cuando hicieron la carretera, no pusieron ni tubos ni nada por debajo para que pudiera pasar más agua y no fuera todo por encima”, explica, aunque aclara que no habla como experta, sino como vecina que ha visto repetirse el mismo problema con cada temporal. El agua, cuando baja con fuerza, arrastra piedras, arena y barro, dejando el paso oculto e impracticable.
Ese es uno de los elementos más peligrosos de la situación: no solo se trata de una incomunicación física, sino de un riesgo real para quienes intenten cruzar. “Aunque quisieras pasar, no sabes lo que hay debajo, porque con el barro no se ve”, advierte.
Una carretera rebasada por la fuerza del barranco
Mientras esperan que mejore el tiempo y se restablezca algún acceso seguro, los vecinos continúan resistiendo gracias a la solidaridad mutua. Pero el mensaje de Maribel apunta también al futuro. Más allá de la urgencia de estos días, reclama una solución definitiva que evite que el aislamiento se convierta, una vez más, en una consecuencia asumida cada vez que llega un episodio de lluvias intensas.
Porque en el barranco de Arguineguín, denuncia, no se trata de una desgracia imprevisible, sino de un problema repetido demasiadas veces. Y esta vez, dice, el límite se ha sobrepasado.
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