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Borrasca Therese

«Ni Dios se cree esto»: la presa de Ayagaures, en San Bartolomé de Tirajana, rebosa tras 15 años sin hacerlo

Los vecinos de Cercados de Espino y Los Caideros recuperan el acceso a sus viviendas tras días incomunicados

Elena Montesdeoca

Elena Montesdeoca

San Bartolomé de Tirajana

Con tortillas de calabaza, botellas de champán preparadas para brindar y despiertos hasta las tres de la mañana. Así esperaban algunos de los vecinos de la zona de Ayagaures, en San Bartolomé de Tirajana, que la presa rebosase en la madrugada de este miércoles tras 15 años sin hacerlo. El embalse comenzó a aliviar agua alrededor de las 03:00 horas, dejando una imagen difícil de imaginar apenas unos días antes. Hasta la llegada de la borrasca Therese la presa se encontraba bajo mínimos, prácticamente seca. Mientras tanto, en el municipio vecino de Mogán, la jornada de estuvo marcada por los avances hacia la normalidad. Los trabajos para rehabilitar los accesos al barrio de Los Caideros y los convoyes continuaban. Eso sí, los vecinos de esta zona, una de las más aisladas durante días por las fuertes lluvias y el desbordamiento del barranco de Arguineguín, pudieron por fin comenzar a circular hacia sus casas con normalidad.

«Ni Dios se cree esto, es impresionante». Esta era la frase que resonaba, una y otra vez, por las calles del pueblo de Ayagaures. Para los vecinos esta estampa no solo supone una alegría puntual, sino un auténtico alivio. Ayagaures es una zona marcada por la agricultura, donde muchas familias cuentan con fincas propias y en algunos casos dependen directamente de sus cosechas, por lo que la borrasca Therese ha sido recibida casi como un regalo. Y además, sin consecuencias negativas: a pesar de la intensidad de las precipitaciones y del rebose de la presa, no se han registrado daños ni destrozos en la zona.

Cristina Rodríguez junto al restaurante de Ayagaures.

Cristina Rodríguez junto al restaurante de Ayagaures. / Andrés Cruz

Desde la tarde del lunes ya corría por el barrio el rumor de que, si la lluvia mantenía esa intensidad, era muy probable que la presa terminara rebosando durante la madrugada. Ante esta posibilidad se avisó a los residentes de la zona baja del aliviadero de que debían desalojar sus viviendas por precaución, ante el riesgo de un posible desbordamiento del cauce. No obstante, fueron pocos los vecinos que decidieron marcharse. Además, como medida de seguridad, también se procedió al cierre de los accesos a la zona y se habilitó la vía en un único sentido para facilitar el control del tráfico y garantizar la seguridad.

Música para los oídos

José Antonio Álvarez era uno de los vecinos que no apartaba la vista del aliviadero de la presa de Ayagaures. Presidente de la comunidad de regantes de la zona, reconocía que el sonido del agua corriendo y el rebose de la presa eran, para él, auténtica música. Lleva prácticamente toda su vida en el lugar y, aunque no es la primera vez que presencia una escena así, en esta ocasión lo tenía claro: «hacía mucha falta». Aunque la presa de Gambuesa ya acumulaba algo más de agua en los últimos días, para los vecinos resultaba impensable que las lluvias fueran suficientes como para llenar la de Ayagaures, una infraestructura con una capacidad de 1.800.000 metros cúbicos. «Se dice pronto», recalcó.

Jose Antonio Álvarez.

Jose Antonio Álvarez. / Andrés Cruz

Para él lo más importante del paso de la borrasca Therese es que, al menos en Ayagaures, no ha dejado daños. De hecho, el presidente de los regantes hizo especial hincapié en una cuestión clave: «el agua no corre con mucha fuerza, es un caudal más tranquilo, por eso el barranco no ha desbordado y todo está más calmado», subrayó. Aunque para él y para el resto de agricultores de la zona esta situación es motivo de celebración —toda el agua es bienvenida para los cultivos—, también advierten de que el escenario podría cambiar si las lluvias continúan durante varios días con la misma intensidad. De ser así, lo que hoy es una estampa espectacular podría transformarse en un problema.

Cruzar el cauce

Eso sí, los vecinos del punto kilométrico 6,5 de la carretera que conecta la zona de los parques acuáticos de San Bartolomé de Tirajana con el pueblo fueron avisados para que desalojaran sus viviendas ante el riesgo de desbordamiento. Sin embargo, fueron pocos —o prácticamente ninguno— los que decidieron marcharse. De hecho, algunos residentes relatan cómo varios vecinos de la orilla del barranco salían con botas de agua e incluso se atrevían a cruzar el cauce.

Cristina Rodríguez, propietaria del restaurante de Ayagaures —el único situado en el centro del pueblo—, aún no daba crédito. En su rostro se reflejaban la alegría y la ilusión ante un reboso de agua que supone vida para los campos de la zona. Durante la jornada del lunes estuvo muy pendiente de la evolución de la presa, calculando cuánto faltaba para que terminase de llenarse. Los paseos hasta el lugar fueron constantes para observar en primera persona los cambios en el nivel del agua. Lo tenía claro: si la presa rebosaba a una hora prudente, cogería una botella de champán del restaurante para celebrarlo.

Sin embargo el momento llegó de madrugada, cuando ella ya no se encontraba en la zona. No obstante, otra de las vecinas sí quiso aportar su toque a la espera y preparó tortillas de calabaza para amenizar la noche a todos aquellos conocidos que se acercaron hasta el aliviadero para presenciar ese instante. «Mira, estos son algunos de los vídeos que sacaron los vecinos cuando la presa rebosó», enseñó Rodríguez desde su móvil, con una sonrisa que lo decía todo. Una felicidad que, en su caso, era doble: es la primera vez que su hija presencia el reboso de la presa de Ayagaures y, como ella misma expresa, espera «que no sea la última».

Acceso a las viviendas

Mientras tanto la alegría también se respiraba en los barrios que habían quedado aislados durante varios días, tanto en el municipio de Mogán como en otros de San Bartolomé de Tirajana. Este era el caso de Huesa Bermeja, Los Caideros y Cercados de Espino, donde ayer, por fin, se empezó a vislumbrar la luz al final del túnel tras los trabajos de rehabilitación en los accesos a las zonas más residenciales, que hasta ahora habían estado bloqueados o eran prácticamente inexistentes por las fuertes lluvias y el desbordamiento del barranco de Arguineguín.

Aunque los convoyes seguían operando desde Las Crucitas hasta Cercados de Espino para garantizar que los residentes pudieran llegar a sus viviendas con seguridad, la carretera que conecta estas dos zonas ya estaba prácticamente limpia y libre de restos de la borrasca Therese. Fuentes policiales indicaron que, probablemente, este miércoles sería el último día en que se realizaran estos convoyes.

Casacada en la zona de Soria

Casacada en la zona de Soria / Andrés Cruz

Además, a última hora de la tarde la alcaldesa del municipio, Onalia Bueno, confirmó que ya no quedaba ninguna zona aislada. Gracias a los diferentes trabajos de rehabilitación, los accesos a las áreas que habían quedado destrozadas por la intensidad del agua del barranco se habían recuperado, devolviendo la normalidad a los vecinos.

Vuelta a la normalidad

Esta felicidad se hacía notar entre los vecinos de Los Caideros, que no podían ocultar sus sonrisas después de cuatro días de miedo y preocupación. Desde el pasado viernes habían quedado aislados, cuando la lluvia arrastró parte de la carretera que atraviesa la zona, dejándolos incomunicados. Aunque aún no cuentan con agua ni luz en sus viviendas, para ellos ya supone un gran avance poder acceder con vehículos a sus casas.

Mejora en el acceso a Los Caideros

Mejora en el acceso a Los Caideros / Andrés Cruz

Hasta ahora, los medicamentos y alimentos habían llegado a los vecinos de la zona únicamente a través de los convoyes pero este miércoles, por fin, José Antonio León, uno de los afectados, pudo llevar hasta su casa una caja de leche y varias bolsas de comida. «No recuerdo ni una sola vez en toda mi vida que haya pasado esto», afirmó el vecino, de 60 años, que lleva toda su vida residiendo en la zona. «Aquí ha llovido mucho, pero nunca se había llevado la carretera por delante. Creo que esto tiene que ver con las obras de Chira-Soria, porque ahora la presa no soporta tanta agua y cae por el barranco con más fuerza», recalcó.

Mientras tanto en otra zona del municipio, entre La Filipina y Soria, la imagen era aún más sorprendente, pero esta vez para bien. Una gran cascada bañaba de agua, alegría e impresión el paisaje, que poco se parecía a la habitual estampa seca que caracteriza a esta parte de Mogán. El espectáculo natural ha llamado la atención de muchos en redes sociales y todo apunta a que, una vez que la carretera se abra al tránsito, este será sin duda uno de los puntos más visitados de los que la borrasca Therese ha dejado tras su paso por la isla.

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