¿Por qué Therese tarda tanto en abandonar Canarias?: Claves para entender la borrasca, según la Aemet
Un anticiclón en el Atlántico norte aisló al sistema de la circulación general, lo privó de vientos que le empujaran y lo mantuvo durante siete días sobre las Islas

La Provincia
"No se recuerda una borrasca tan persistente en años", relata el delegado de la Agencia Estatal de Meteorología en Canarias (Aemet), David Suárez. Lleva 17 años en la Aemet y ha visto inundaciones como las de Santa Cruz de Tenerife en 2002, o episodios de lluvia intensa que superaron los 500 litros por metro cuadrado como logró la tormenta tropical Hermine. Y ninguno de sus compañeros con más de tres décadas de carrera encuentra un precedente comparable a Therese, que se alojó en la atmósfera canaria una semana entera. Lo que distingue a esta borrasca no es su profundidad ni sus acumulados máximos, que dejaron 32 presas en Gran Canaria rebosantes, sino el tiempo que ha tardado en marcharse de las Islas.
Por lo general, las borrascas atlánticas tienen un comportamiento típico. Llegan, descargan y se van. Atraviesan Canarias en cuestión de horas o, como mucho, un par de días, y dejan paso a la calma. Es el caso de Claudia, Emilia y Francis, que cruzaron el Archipiélago en noviembre, diciembre y enero, respectivamente. Therese se 'encariñó' de los cielos de las Islas y desató un episodio de tal magnitud hidrológica que el Cabildo de Gran Canaria lo entiende como "histórico".
Un anticiclón como cerrojo
Para entender por qué Therese se quedó tanto tiempo sobre Canarias hay que imaginarse el Atlántico norte como una autopista. Las borrascas que se forman al oeste de Europa viajan normalmente por un carril hacia el norte o el este, arrastradas por la dirección de una gran corriente de aire en altura denominada como chorro polar. Pero la semana pasada, hubo un corte de tráfico causado por un potente anticiclón que se instaló al norte de las Azores y se extendió hasta el interior del continente europeo. Ese bloqueo o cerrojo le cerró el paso a Therese por las dos salidas naturales que habría tomado cualquier borrasca en circunstancias típicas, y la corriente general de la atmósfera, sin otra opción, fue empujándola lentamente hacia el sur, en dirección a Canarias.
Al llegar al entorno de las Islas, la borrasca hizo un extraño y se desconectó por completo de esa autopista. En meteorología, cuando un sistema de bajas presiones —para el lector, como se le conoce a una borrasca o un ciclón— pierde el contacto con las corrientes en altura que lo mueven, se le llama gota fría o baja aislada. El chorro polar seguía su camino más al norte. El chorro subtropical discurría más al sur. Therese quedó atrapada en el espacio muerto que hay entre los dos, sin que ninguna de esas corrientes la empujara.

Santa Brígida tras el paso de la borrasca Therese. / LP/DLP
El resultado fue una borrasca que se movió durante siete días a una velocidad casi imperceptible. Primero al oeste de la Península, luego frente a Madeira durante el fin de semana, y finalmente se desprendió sobre las propias Islas desde el pasado miércoles 18 de marzo. Y la borrasca liberó todo lo que llevaba encima: frentes, bandas de lluvia, viento y, en sus últimas horas, tormentas convectivas que descargaron con violencia en zonas muy localizadas, como el sur o sureste de Gran Canaria. "En la Aemet no se recuerda una borrasca con una situación tan persistente", declara Suárez.
Dos fases, dos naturalezas distintas
Therese no fue la misma durante los sietes días que se ensañó con Canarias. Tuvo dos caras. La primera fase, entre el miércoles 18 y el sábado 28 de la semana pasada, estuvo dominada por las estructuras frontales clásicas, con frentes ordenados. Sobrevoló las Islas con lluvia abundante, pero con un comportamiento relativamente predecible para los modelos numéricos. Era la parte del episodio que Aemet había anticipado con mayor antelación y que se fue cumpliendo dentro de lo esperado.

Anselmo Pestana y David Suárez en la presentación del informe meteorológico / LP/DLP
La segunda fase llegó durante el sábado, se prolongó hasta este martes y se agotó hoy. Los frentes perdieron fuerza y Therese pasó a depender del propio corazón de la borrasca, con bandas de precipitación que se iban activando en su entorno, lo que se conoce como una dimensión de convección.
El ciclo fue el responsable de los episodios más violentos del temporal. El lunes por la noche y el martes por la mañana, una estructura convectiva se formó de imprevisto sobre Gran Canaria, activó la alerta naranja y obligó a cancelar la actividad lectiva de la tarde. Esa misma estructura se desplazó después hacia el norte de Tenerife, donde interaccionó con el relieve y generó una célula que obligó a la Aemet a emitir el aviso rojo en el norte de la isla durante la noche del martes.
990 hectopascales y la paradoja del relleno
Antes de que Therese llegara a Canarias, las primeras informaciones sobre su intensidad generaron cierta alarma. Se hablaba de una baja muy profunda; de un sistema potente que podía dejar "acumulados extremos". En su momento de mayor intensidad, antes de aproximarse a las Islas, la presión central de Therese rondaba los 990 hectopascales. En meteorología, cuanto más baja es la presión central, más profundo e intenso es el sistema.
Sin embargo, a medida que los días pasaban, la borrasca fue perdiendo esa profundidad. El proceso se denomina "relleno". La presión central sube progresivamente, el gradiente de presión se suaviza, los vientos asociados pierden fuerza. Therese llegó a Canarias ya debilitada en comparación con su momento de mayor intensidad.
El semáforo de alertas: de amarillo a rojo en plena madrugada
La gestión de los avisos durante los siete días de Therese ha sido, según Suárez, una de las operaciones más complejas que ha vivido la delegación de Aemet en Canarias. El episodio ha recorrido prácticamente todo el semáforo de alertas: amarillo, naranja y, en el momento más crítico, rojo, como el martes por la noche en la zona norte de Tenerife. Hubo avisos de precipitación por intensidad horaria, avisos de precipitación por acumulados en doce horas, avisos de viento, de tormenta, de nevada en zonas de cumbre y de fenómenos costeros. Contabilizar el número exacto de avisos emitidos es, en palabras del propio delegado, "una locura".
Y detrás de cada aviso, hay un equipo de personas que lleva siete días sin desconectar. Uno dedicado a los fenómenos meteorológicos adversos, otra que actúa como oficina de vigilancia meteorológica con responsabilidad sobre las áreas aeronáuticas, y una tercera que atiende la previsión para los ocho aeropuertos del Archipiélago. Todo ello coordinado con el Sistema Nacional de Previsión, que marca las pautas generales desde los servicios centrales.

La borrasca Therese rebosa la presa de Tamaraceite / José Pérez Curbelo
Qué deja Therese: récord de precipitación y una reescritura de la primavera
Los últimos coletazos de Therese quedaron en los avisos amarillos vigentes hoy sobre el oeste de Gran Canaria y el oeste de Tenerife. Los modelos de la Aemet demuestran que la borrasca está perdiendo su reflejo en superficie, lo que implica que pierda fuerza, y sus restos se desplazan hacia el este, en dirección al continente africano. Según las previsiones, para este jueves el centro de Therese debería estar ya sobre el territorio vecino, y Canarias quedaría bajo un flujo de componente norte y nordeste, que es la situación típica de unas Islas influenciadas por el alisio. Para Suárez, el episodio no ha terminado oficialmente hasta que se levante el último aviso en vigor.
A principios de marzo, las previsiones estacionales para el trimestre de primavera situaban las probabilidades en un trimestre normal, seco y húmedo, con una ligera inclinación hacia la sequía. Therese voló por los aires ese hipotético. Solo en marzo, los acumulados de precipitación van a dejar valores que se aproximan o superan los récords históricos en muchos puntos del Archipiélago.
El flujo de suroeste, que dominó durante la mayor parte del episodio, de origen subtropical y cálido, mantuvo las temperaturas por encima de los valores normales para la época, en línea con lo que apuntaban las previsiones estacionales. La excepción fue el jueves de la semana pasada, con la llegada de un frente frío que dejó heladas en zonas de cumbre. Sin embargo, para valorarlo habrá que esperar el balance térmico de la primavera, cuando la estación concluya mayo.
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