Azul atlántico
El pregonero anuncia una espectacular Semana Santa en Las Palmas de Gran Canaria, con visita papal
El pregonero agradece la oportunidad de anunciar la Semana Santa de Las Palmas de Gran Canaria, dedicando el acto a la memoria de Guillermo García-Alcalde y recordando la histórica visita del papa León XIV en 2026

La Provincia

Alcaldesa, señores obispos, reverendo consiliario, miembros del Consejo de Hermandades, Cofradías y Patronazgos, presidente del Gabinete Literario, autoridades civiles y militares, señoras y señores.
Paz y bien
Con esta sencilla y humilde expresión franciscana, cuyos ecos aún resuenan en las bóvedas del templo de San Francisco, y aquí en el solar del Convento de Santa Clara sobre el que se levanta este Gabinete Literario, con la emoción contenida que me causa dirigirme a ustedes, comienzo por agradecer su asistencia y el honor con que me han distinguido al ofrecerme la posibilidad de pregonar la Semana Santa de Las Palmas de Gran Canaria.
Quiero dedicar este pregón a la memoria de Guillermo García-Alcalde, maestro del periodismo y de la música, amante profundo de esta ciudad y de su verdad.
Me siento muy honrado de volver a estos salones. Esta vez con el inmerecido privilegio de anunciar una espectacular Semana Mayor en este año del jubileo de San Francisco y a tres meses de la histórica visita del papa León. Un honor del que siempre les estaré agradecido. Gracias al Consejo de Hermandades y Patronazgos, que preside Lino Chaparro, por distinguir a este obrero de la palabra con esta oportunidad. Al aceptar tan honroso encargo me propongo devolver parte de la deuda que tengo con la ciudad.
Este pregonero quiere pensar que la designación obedece a una deferencia hacia LA PROVINCIA, el periódico que desde hace 115 años relata las alegrías y tristezas de estas Islas, y con ellas la Semana Santa; y narra la fe de un pueblo viejo y sabio.
Esta ciudad cuenta con fieles más dignos que quien les habla, por eso mi gratitud sólo puede ser comparable a mi respeto por estar rodeado de personalidades, como las que me han precedido como pregoneros y como las que aquí nos honran con su presencia.
Cada pueblo tiene una forma diferente de expresar la Pasión de Cristo y Las Palmas de Gran Canaria debe considerarse hoy de las mejores. Esta ciudad puede estar orgullosa de presentar en sus templos todo el año tallas impresionantes, un patrimonio sin igual, que en estos días se convierte en una catequesis en las calles, con una demostración de arraigada canariedad.
El canario es un pueblo profundamente religioso y convierte la Semana Santa en vivencia y expresión de su interioridad y de su fe. En esta fe está imbricada la propia estructura antropológica del ser canario, impactando en la cultura, en la religiosidad popular, en las procesiones, en la música y en la gastronomía.
“Los canarios nos acercamos y vivimos estas celebraciones de la Semana Santa que nos permiten no sólo expresar nuestra interioridad, sino reforzar la identidad colectiva y el sentimiento de pertenencia a un pueblo y a una Iglesia Diocesana a través de la veneración de las imágenes, los pasos, la música sacra, las ceremonias y rituales, que convierten nuestras vivencias en manifestación de nuestra interioridad y de nuestra identidad”. Son palabras del catedrático de Psicología Gonzalo Marrero, director de Caritas de Canarias.
Las imágenes de Luján Pérez, obras con alma del siglo XVII, siguen siendo referencia de todo un pueblo, obras que invitan a rezar, a entrar en comunicación con Dios. No hacen falta redes ni datos móviles. Solo hace falta mirar el rostro de las imágenes con fe y sentir la emoción al contemplar unas piezas talladas “con la ayuda de los ángeles”, según Luis García de Vegueta. “La Semana Santa de las Palmas de Gran Canaria sin Luján Pérez no sería nada hoy”, sostiene Alfredo Herrera Piqué.
Citar a Luján Pérez, para quien les habla, significa recordar, con emoción y agradecimiento eternos, al periodista y cronista Pedro González Sosa, estudioso, amantísimo defensor e investigador infatigable de la vida y obra de su paisano. Hombres como Pedro González Sosa y el profesor José Antonio Luján Henríquez, cronista de Artenara al que despedimos en enero, contribuyeron con su labor y su vida a hacer más grande esta isla y esta Semana Santa, y permitieron, a quien les habla, conocer mejor Gran Canaria, su historia y sus gentes. Gracias hoy también a ellos.
Creo que es un momento increíble para estar en el mundo de las noticias y el periodismo, pero como bien saben, no vengo a informar de un tema periodístico, tarea a la que he consagrado mi vida. Ni mucho menos pretendo decir algo de relieve acerca de Las Palmas de Gran Canaria y su historia, ante personas que acumulan más saber y autoridad sobre ésta y de la que me falta no poco conocimiento.
Han pasado 16 años desde aquella mi primera experiencia al descubrir, un Viernes Santo de 2010, el paso de la Procesión Magna por Triana, al contemplar la multitud, el silencio, el respeto, el olor a incienso y la participación de pequeños, mayores y autoridades. Nada parecido había conocido en mi pueblo de origen. Gracias al obispo emérito Francisco Cases, que sobresalía en aquella marcha, por abrirme las puertas de la Iglesia de Canarias. Como también lo hicieron, y ya no están entre nosotros, los sacerdotes José Alonso Morales, Pepe Alonso, Pedro Fuertes y Segundo Díaz, santos de la puerta de al lado, que padre Dios puso en nuestro camino, y a los que ofrecemos este recuerdo de agradecimiento por su amistad, su consejo y su luz.
El Mayordomo de la Cofradía del Cristo de la Vera Cruz, Miguel Rodríguez Díaz de Quintana, me proponía, para no aburrirles, contar historias de la Semana Santa de mi pueblo. No recuerdo una sola procesión en mi niñez ni en mi juventud, y durante años he sido monaguillo, y colaborador del cura párroco. Procedo de la villa de Nava, pequeño municipio del centro de Asturias, tierra minera y sidrera, hermanada con Teror desde 1994.
Por coincidencias de la historia, existe un paralelismo entre lo que ocurrió aquí, en este mismo lugar, con lo acontecido allá en el norte peninsular. La Semana Santa de Las Palmas de Gran Canarias vivió una primera época de esplendor de los tiempos de los grandes conventos, en los primeros años del siglo XVI hasta 1599, año que les sonará, fecha de desolador recuerdo en la que las tropas de Van der Does incendiaron las iglesias conventuales de San Francisco y Santo Domingo. “De todas aquellas imágenes de Pasión que recibían culto en las primitivas iglesias, ninguna ha llegado a nuestros días. El incendio provocado en 1599 debió destruir el patrimonio de alto valor artístico en ambos templos”, escribe José Miguel Alzola al referirse al “doloroso suceso”. Las llamas no llegaron a las ermitas de Los Remedios y de la Vera Cruz, gracias a lo que se guarda la efigie del Señor de la Humildad y Paciencia, “la única escultura del siglo XVI que se conserva en nuestra Semana Santa”, subraya Alzola.
En mi pueblo también quemaron templo e imágenes pero 335 años después de que pasar por aquí Van der Does. En octubre de 1934 los revolucionarios convirtieron la iglesia de Nava, joya románica del siglo XII, en un cuartel y en un teatro durante 13 días, y en el momento de su retirada incendiaron el edificio, vestiduras y ornamentos y 17 imágenes de santos y vírgenes. Y aunque se trató de reconstruir a lo largo del año siguiente, aún quedaba la guerra civil. En 1936 volvió a arder todo. En Asturias fueron totalmente arrasadas 354 iglesias, una de ellas la de Nava. Como tierra sidrera, un lagar se convirtió en templo parroquial hasta 1947.
Turismo, bienestar y vacaciones en la playa
Otra pérdida, permítase la expresión, se produjo en los años sesenta y setenta. En Nava igual que en Las Palmas de Gran Canaria. Las procesiones sufrieron con la llegada del turismo y el bienestar material, y con los cambios mal asimilados del Concilio Vaticano II. En esos años posconciliares, muchos curas y más de un obispo, no muy lejanos, así como buena parte de la población se desentendió de las marchas procesionales. El pueblo prefirió el éxodo a las playas a disfrutar del “puente”, algo que aún hoy sigue siendo visible y mayoritario.
Por esta razón, y por agrupar esfuerzos, en 1978 se reunieron todas las cofradías de la capital en la Magna Procesión del Viernes Santo.
Las Palmas de Gran Canaria ha cambiado, pero su Semana Santa se mantiene fiel a la tradición: 15 salidas y cinco cofradías.
Ha ganado en autenticidad, esplendor, participación y en presencia pública, con un mensaje más elocuente que cualquier oratoria sagrada, gracias a las imágenes de Luján Pérez.
Felicidades, cofrades y hermanos, por el trabajo, el esfuerzo y el éxito de unir identidad, nostalgia y sentimientos a partir de una estética y unos hechos que se repiten cada año. Gracias por acercarnos a todos a la persona de Jesucristo y por ayudarnos a captar el amor de Dios por nosotros y el anhelo de hacernos partícipes de su salvación.
Gracias, admirables y comprometidos cofrades, por haber conservado en Las Palmas de Gran Canaria una viva y digna celebración de la Semana Santa, por haber levantado esta colosal obra colectiva que nos convoca.
Gracias de forma especial a los patronazgos que sostienen esta Semana Mayor: A la familia Jorge Fierro, con el señor Predicador; a Francisco Gómez Trujillo, con el Señor en el Huerto de Getsemaní; a Ignacio Díaz de Aguilar de Roiz, con el Señor de la Humildad y la Paciencia; a la familia Rodríguez y Rodríguez Matos, con el señor atado a una columna; al ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, personificado hoy en Carolina Darias, con el Cristo de la Vera Cruz; a María del Pino Riesco Manrique de Lara, con la Virgen de los Dolores-Genovesa; a Juan Ramón García del Campo Ucedo, con San Juan Evangelista; a la familia del recordado Jerónimo Saavedra Acevedo, con el Cristo de la Sala Capitular; (que protagoniza el cartel de esta S.S.); a Francisco Manrique de Lara y Rodríguez de Azero, con la Dolorosa de Luján; a la familia Gómez-Pamo y Guerra del Río, con la Cruz Desnuda; y a la familia Moreira, con el Santo Sepulcro. A todos gracias, en nombre de creyentes y no creyentes, por su compromiso con Las Palmas de Gran Canaria.
Cualquier acercamiento a la ciudad. Cualquier intento de hacer periodismo local tiene que hacerse contando con Triana y Vegueta. El entorno de las procesiones no es un decorado, es protagonista mismo de la celebración. Desde La Provincia tratamos de hacer un trabajo serio para recoger con rigor y detalle, en la medida de nuestras posibilidades, la información de Semana Santa.
¿Acaso la Semana Santa necesita ser pregonada, no habla por sí sola? Creo, sinceramente, que habla por sí sola. Por eso aprovecho esta oportunidad para agradecer también, porque gracias a ellos estamos aquí, a quienes nos precedieron en las labores periodísticas, desde aquella y lejana primera vez que se publican los cultos de triduo pascual en Diario de Las Palmas, en 1895. Y agradecidos a los que mantuvieron la tradición informativa hasta hoy en La Provincia desde la primera Semana Santa de 1912 a la de 1967, en su segunda época. Somos herederos de su trabajo y sus desvelos por la información de Las Palmas de Gran Canaria.
No resulta sencillo informar de la Semana Santa, hasta por las horas de las procesiones. Hay que vencer prejuicios de jóvenes, y no tan jóvenes, generaciones de periodistas. Estamos obligados a huir de tópicos y a renovar los lenguajes con las nuevas exigencias digitales y formatos. Son caminos nuevos no exentos de dificultades para un periodismo actual, alejado de las viejas estampas. Se nos exige ofrecer una visión real y no caricaturesca de las Cofradías y Hermandades, de parroquias y procesiones; un periodismo de contenidos de calidad, fiables y rigurosos cada vez más valorados en un mundo dominado por la bazofia informativa.
Ignorar informativamente la Semana Santa de Las Palmas de Gran Canaria, con su trascendencia e importancia, está fuera de la realidad, ajeno a la vida de la ciudad que se conmueve todas las primaveras en torno a las imágenes de Luján Pérez.
Desde la inicial procesión de 1669 con El Predicador hasta hoy, cinco siglos nos contemplan. Más de 350 años atesora el triduo pascual tras doña Cuaresma, siempre cercana a don carnal, que renacido festeja medio siglo. Y LA PROVINCIA está para contarlo.
Ninguna exclusiva les adelantaré. No esperen ninguna primicia. Me atrevo hoy a recordar, ante todos ustedes, cosas que todos saben, cosas que nos gusta evocar, y, como no y, lo más importante, vengo a pregonar que está cerca la Pascua, y que somos cristianos por la Pascua, la fiesta de las fiestas; que en este año 2026 estamos ilusionados con el ya próximo viaje del papa León XIV. La Iglesia de Canarias escribe dentro de tres meses una página para su más grande historia, la primera visita de un papa a las Islas. El Sucesor de Pedro estará entre nosotros. Qué mayor motivo para salir a las calles.
El propio León XIV, en su mensaje para la Cuaresma de este año, nos recuerda que el ayuno y la abstinencia son costumbres muy apropiadas para este tiempo previo a la Semana Santa. Pero, además, introduce una recomendación, especialmente adecuada para periodistas y comunicadores, “abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo”. León XIV nos pide en ese mensaje que “empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, y entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.
Como discípulos de León, estamos invitados a proponer al mundo que hay otra forma de vivir. No está de moda ser cristiano y menos cristiano practicante. Es un motivo para mostrar sin rubor, con fuerza y sana alegría nuestra condición de seguidores de Jesucristo.
Los católicos andan hoy entre la euforia y el escepticismo: Los domingos en el cine, Lux de Rosalía; los éxitos de Hakuna. Algo se mueve en lo católico. Las generaciones más jóvenes hablan de Dios con normalidad.
El filósofo Kierkegaard escribió que la vida se vive hacia adelante pero se comprende hacia atrás. La experiencia religiosa es inseparable de nuestras raíces. Si algo nos define, en lo más hondo y radical, como cristianos y europeos es el trato al otro. Venga en patera, en avión o en barco.
Lo que no nos gusta escuchar, lo que toca a nuestra conciencia cristiana y a nuestro propio recuerdo como pueblo emigrante, es la necesaria llamada a una gestión global del fenómeno migratorio. No valen parches. La actual población africana se va a doblar de 1.250 a 2.500 millones de personas. Europa necesita, en los próximos años, 50 millones de trabajadores extranjeros para equilibrar el sistema de pensiones y atender a las necesidades del sistema productivo. Es el mayor reto, nos advirtió el recordado papa Francisco.
Los valores de la Semana Santa nos enfrentan a nuestros egoísmos y miedos de la sociedad. ¿Podemos seguir viviendo en el negacionismo y en el cortoplacismo egoísta de sociedades prósperas?
Nos avergüenza la miopía política de la actitud obstruccionista. No soy idealista. Hay que ordenar los flujos migratorios y hacer alta política a medio plazo desde todos los ángulos. Debemos gestionar la respuesta a los miedos que todas sociedades acomodadas tienen ante el otro.
Perdón, si me creen un ingenuo. La Iglesia tiene una postura clara, siguiendo al sucesor de Pedro, al que esperamos.
No nos engañemos, es más fácil defender la Europa fortaleza que la de solidaridad y acogida. El papa Francisco respondió cuando le preguntaron sobre los migrantes allá en 2015: “integración, integración, integración”. Es nuestra obligación como europeos, en la que Canarias ha sido un ejemplo que conmovió hasta el papa y en la que el cristiano tiene una de sus grandes banderas: la dignidad de la persona humana.
Mirar al Cristo de Luján Pérez en la sala capitular de la Catedral, al cartel del Cristo de la Vera Cruz de esta Semana Santa, me confirma en la fe. Dejemos que el amor supremo reine sobre el universo. Que el amor reine en nuestros corazones.
La Semana Santa va más allá de una manifestación de este grupo admirable que son los cofrades, es seña de identidad independiente de nuestras convicciones, amores y desamores, enfados y alegrías.
Esta oración colectiva no es fruto de una época ya pasada. Si alguien lo había pensado, se equivoca. Está más viva que nunca. Es la expresión de un sentimiento de orgullo y de identidad.
La Cruz sigue atrayendo. El Vía Crucis es el símbolo para los creyentes de que a veces la vida se endurece, los temores crecen y aumentan nuestras preguntas sobre el sentido de la vida. Todos ustedes saben de lo que hablo: de percibir que la vida se derrumba, la nuestra, la de otros, la de familiares o amigos; o de habernos visto sometidos a un juicio injusto por parte de los demás, o de haber cargado con una pesada cruz durante épocas de nuestra existencia. Todo ello lo experimentó Jesucristo, pero con una novedad que nos cambia la vida a los cristianos porque después del camino de la Cruz y del sufrimiento un Dios bondadoso y misericordioso nos sacará de la tumba y nos ofrecerá la vida eterna junto a Él.
La Semana Santa bien vivida está llamada a dejar huella en nuestras almas, en nuestro ser y actuar. Esta Semana Santa no solo es importante por su éxito de público e impacto popular, es importante también, mucho más si cabe, tener conciencia que celebramos la muerte y resurrección de Cristo.
Permitamos que los sonidos y los silencios de la Semana Santa nos abran el corazón y aún el alma, y que el mensaje de Nuestro Señor Jesucristo penetre dentro de nosotros. Permítanme que les formule un deseo: que la Semana Santa sirva para renovar el compromiso de unidad, solidaridad y hospitalidad para recibir al Papa León.
Vivamos la Semana Santa como se merece, como nos merecemos. Y felices ustedes, que van a tener el gran privilegio de revivir, compartir y celebrar el Misterio Pascual, y de festejar por las calles la Gloriosa Resurrección del Señor. Cuando se pone el alma al servicio de un ideal tan grande no hay racionalismo que impida que las piedras del sepulcro se rompan y vuelvan a tomar la calle con la naturalidad que corresponde a la fe.
Queridas amigas y amigos, señoras y señores, que tienen la paciencia de escucharme, no se dejen arrebatar la Semana Santa. Como se propusieron desde el primer momento nuestros antepasados, no hagan que sea un carnaval más, un reclamo turístico. No la frivolicen como un espectáculo solo mundano. No hagan que se adultere su sentido profundo. No tiene precio. Ni se compra ni se vende, como las cosas más profundas de la existencia. Es un exponente de la tradición cristiana de la historia, de nuestra historia.
Los que creen que nuestra experiencia religiosa es uno de los defectos nacionales, incompatible con la modernidad y el progreso; los que repiten que la Iglesia es anticuada y reaccionaria, no pueden entender el profundo significado de la Semana Santa. No es nuevo. En tiempos de relativismo y escepticismo muchos se preguntan qué sentido tiene adorar una cruz y al crucificado. No es un espanto ni un horror ni una ignominiosa forma de morir. Nosotros lo pregonamos: son los pasos de la vida por donde pasa la procesión de cada uno de nosotros. Un bálsamo para las heridas que provoca la vida. Todos somos cofrades en esta hermosa cofradía que es la vida cristiana. Y esto es lo que vol veremos a vivir estos días para que Dios vuelva a encender en nosotros la luz resucitada que nunca se apaga. Dejémonos atrapar por las imágenes de la vida y la muerte de Jesucristo, dejémonos atrapar, un año más, por la mano prodigiosa de Luján Pérez, y a través de ella, entremos en profunda comunión con quien es la fuente de la vida y el amor.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Aemet avisa de un cambio brusco del tiempo en Canarias a partir de hoy: previsión en cada isla
- Detenido un hombre por matar en Maspalomas a un turista al que conoció en una app de citas
- Hacienda lo confirma: estas son las deducciones exclusivas para Canarias que puedes aplicar en la Declaración de la Renta
- La siguiente parada del tren de Gran Canaria: expropiar suelo y conseguir 2.000 millones de euros para iniciar la obra
- El nuevo centro para personas sin hogar de la Fábrica de Hielo se retrasa otro mes
- El burdel de la realeza tiene precio en Vegueta: a la venta una de las casas con más leyendas
- Los aficionados de la UD Las Palmas, dispuestos a pagar «lo que sea» por una entrada para La Rosaleda
- “El llanto que nos devolvió la vida”: El estremecedor momento en que un enfermero salva a un recién nacido que no respiraba en Canarias