Medio Ambiente
La Charca de Maspalomas revive tras el paso de la borrasca Therese por el sur de la isla
Therese sacude uno de los ecosistemas más frágiles del sur de la isla: regenera el agua estancada, complica la supervivencia de la tilapia y evidencia el impacto de la basura

Avifauna en la Charca de Maspalomas, tras el paso de la borrasca Therese. / ANDRES CRUZ
La borrasca Therese ha devuelto a la Charca de Maspalomas una escena poco frecuente en el sur de Gran Canaria: el barranco corriendo con fuerza hasta la desembocadura, el humedal abierto al mar y una lámina de agua completamente transformada. La escena, excepcional en una isla donde ver correr los barrancos ya es un acontecimiento, no solo altera el paisaje, sino que reordena, aunque sea de forma provisional, el delicado equilibrio de uno de los espacios más valiosos de la isla.
La Charca forma parte de la Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas, un espacio de 403,9 hectáreas protegido por su singularidad ecológica, paisajística y ornitológica. Este humedal es clave para aves acuáticas y migratorias y su protección busca preservar los procesos ecológicos del ecosistema dunar y lacustre. Allí habitan especies como la garza real, el chorlitejo patinegro, la focha común o el águila pescadora, además de otras formas de fauna vertebrada e invertebrada que conforman un ecosistema de enorme riqueza biológica. No obstante, ese equilibrio es muy frágil: cualquier alteración en la calidad del agua, la salinidad, los sedimentos o la presencia de invasoras repercute directamente sobre ese mosaico de vida.
La charca, en su estado más natural
Tras el temporal, se activaron labores de limpieza y un seguimiento científico con nasas y sensores, en colaboración con la ULPGC, Gesplan y el Cabildo para observar cómo responde el ecosistema. Sin embargo, donde el episodio gana espesor es en la lectura de campo. Roberto Castro, ingeniero forestal de Fénix Canarias, sostiene que la borrasca ha permitido ver «la charca de verdad». El agua ha bajado hasta aproximarse al nivel del mar y el humedal aparece ahora más vacío de lo habitual, menos vistoso quizá, pero más parecido a su dinámica natural. «Ahora sí que se puede ver una charca», resume, frente a la imagen más domesticada que suele imponerse en el imaginario turístico.

La Charca de Maspalomas, tras el paso de la borrasca Therese. / ANDRES CRUZ
Ese es uno de los mensajes de fondo del temporal: lo que hace la naturaleza no es malo; lo dañino es lo que encuentra a su paso. Porque si algo ha evidenciado la avenida de agua es la cantidad de basura que siguen cargando los barrancos cuando por fin corren. Una parte quedó en la Charca y está siendo retirada por el Cabildo y el Ayuntamiento, pero otra es prácticamente invisible. Castro lo resume con crudeza: «Lo que paró la charca lo han quitado, pero ten por seguro que se ha arrastrado un montón de plástico hacia la costa». La imagen de regeneración convive así con otra menos amable: la del rastro de residuos que termina en el mar.
La apertura al mar abre una ventana ecológica para controlar la tilapia y renovar un agua que estaba muy saturada.
Una explosión de vida
Al mismo tiempo, la borrasca ha abierto una pequeña ventana ecológica. El agua estancada y muy saturada se ha renovado por completo y la entrada de caudal ha movilizado los sedimentos del fondo, con la posibilidad incluso de que el vaso haya ganado algo de profundidad. Eso tiene consecuencias directas: una masa de agua menos somera se recalienta menos, conserva mejores condiciones y favorece una recuperación del humedal que puede traducirse en una auténtica explosión de vida.
En ese nuevo escenario aparece la otra gran cuestión: la tilapia. La especie invasora ha colonizado la Charca, desplazando a la fauna acuática autóctona y empobrecido el ecosistema. Castro advierte de que cuando una sola especie ocupa casi todo el espacio, el humedal se vuelve más pobre. Asimismo, Inma Herrera, investigadora y profesora de la ULPGC y miembro de Ecoaqua confirma que la tilapia sigue presente incluso después del temporal. Apenas tres días después de la borrasca, las nasas seguían capturando ejemplares, por lo que aún es pronto para afirmar con datos hasta qué punto Therese ha facilitado su control o ha alterado de forma decisiva su población.

Turistas cruzando el cauce de la salida del agua al mar de la Charca de Maspalomas. / ANDRES CRUZ
Estudios hasta final de año
La investigadora introduce además una cautela científica importante: el sistema sigue abierto al océano, el agua continúa muy revuelta y con mucho limo en superficie, así que cualquier conclusión cerrada sería precipitada. Habrá que esperar a que la Charca vuelva a cerrarse, a que la masa de agua repose y a comparar los datos previos con los que se recojan en las próximas semanas. El estudio seguirá, al menos, hasta final de año, para comprobar qué especies de peces pueden aparecer tras la entrada de agua marina, si regresan invasoras detectadas en otras etapas, como el cangrejo azul, o si especies autóctonas del litoral encuentran condiciones para asentarse y completar su ciclo de vida.
Todo esto ocurre además a las puertas de Semana Santa, cuando la afluencia de visitantes al sur se dispara y la Charca vuelve a colocarse en el escaparate. Castro insiste en una idea: la gente puede y debe venir a contemplar el espacio, disfrutar de esa imagen más salvaje y más viva, sin invadirlo ni cruzar las dunas. De ahí que la concienciación no sea un mensaje accesorio, sino una necesidad: proteger la Charca pasa por visitarla con respeto y comprender que su valor no reside solo en lo que ofrece a quien la mira, sino en todo lo que sostiene en silencio.
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