Enorte exhibe en Gáldar el auge de la ‘canariedad’ entre artesanas y pequeños negocios
La artesanía y la gastronomía canarias se fusionaron en la feria comarcal, donde se ofrecieron quesos, dulces tradicionales y productos innovadores como setas con beneficios para la salud

La Provincia

Hasta tres generaciones de artesanas, nuevas formas de negocio y ‘canariedad’, mucha ‘canariedad’. La identidad de las Islas se dejó ver en la mayoría de puestos de la Feria de Enorte, en el municipio de Gáldar, en forma de pintaderas en collares, camisas con frases típicas del Archipiélago o ilustraciones inspiradas en el mar y la mitología canaria.
El encuentro, que comenzó el viernes y cierra mañana domingo, dio un espacio a aquellas pequeñas empresas que tratan de hacerse un hueco entre las compras frenéticas en internet y una industria acelerada y nada personalizada. En contraste, el parking de La Quinta se transformó en calma, en música en directo con canciones de Juan Luis Guerra, en familias que salían a dar un paseo y en el ambiente que crearon los propios vecinos del norte que aprovecharon la Feria para salir a desayunar a su cafetería de siempre con un aire diferente.
En su segundo día, Enorte superó las visitas del día anterior. “Venimos a comprar frutas y verduras locales porque el sabor no tienen nada que envidiar a los productos de supermercado”, decía Rosa Pimienta, una de las visitantes, con una bolsa de fresas de Valsequillo en su mano. La había comprado en la tienda de El Cubanito, que pertenece al matrimonio de origen cubano de Ariel Cruz y Gabriela Morán.
La pareja comenzó cultivando en su finca privada a modo de hobby, sin ningún beneficio más que el suyo personal de trabajar la tierra. Sin embargo, ahora tienen su propia empresa de frutas y verduras en la Aldea. En ella venden la mayoría de productos de origen local que, aunque son más caros, también son muy bien recibidos entre su clientela. Desde los aguacates de Mogán hasta el plátano de Gáldar o la zanahoria de Arguineguín. El éxito de su negocio se ve reflejado en su fuerte demanda. “Tenemos pedidos hasta en lista de espera”, aseguró Ariel.
El olor del queso de media flor
Pero en la Feria no solo había comida, aunque es cierto que el olor del queso de media flor de Guía recorría los pasillos por los que se repartían los más de 80 puestos. Tampoco faltaron los suspiros de Moya, los queques, los dulces tradicionales como los garapiñones de Agaete o productos más innovadores y menos comunes como las setas con beneficios para el sistema inmunológico que vendía Cristina Polo. La joven de 28 años concluyó su licenciatura en veterinaria y en su tesis final descubrió los beneficios de estos hongos. Ahora ha profesionalizado su producción –la cual realiza de manera ecológica a partir de borras de café y hojas de platanera– y organiza también visitas guiadas con degustación.

Texiade Santana con las ilustraciones de su marca Texiade design. / Andrés Cruz / ANDRES CRUZ
Aparte del mundo gastronómico, no podía faltar la artesanía. El arte de confeccionar objetos tenía como único límite la imaginación de cada creador. Esto se traducía en una premisa clara: no había dos piezas iguales ni dos formas semejantes de elaborarlas, por lo que cada producto era único. El puesto de Angyi Martín, con su marca Golisneo, era prueba de ello. Dentro de su carpa se podían ver colgadas algunas camisas y felpudos; y en la mesa, cholas, tazas y cantimploras personalizadas y con frases de toda la vida como “cuidado no te alongues”.
Majadera
La inspiración de Angyi es la tradición de Canarias. Orgullosa se da la vuelta para dejar ver en la espalda de su camisa, que ella misma diseñó, la palabra “majadera”. “Hoy viene mi abuela a ver el puesto y es una palabra que siempre me dice”, explicó la diseñadora. Su propósito no es solo crear artículos, sino que también busca mantener vivo un vocabulario de generaciones anteriores y que, poco a poco, “se está perdiendo”, pues, “hay jóvenes que no saben lo que es un cachanchán o desconocen un sinfín de expresiones que, de otra manera, van a quedar olvidadas”, añadió.
Otro de las actividades más numerosas en la Feria fue el de la joyería. María José Aloui, de la tienda Universo Ada, ofrecía artículos con pintaderas, conchas y colores que evocan una roca volcánica ardiente y a un mar Atlántico más templado. La joven puso el foco en el cantante Quevedo, que usa un collar con la pintadera de origen indígena con forma de triángulo, para explicar que “hay un auge de la ‘canariedad’ y del deseo de conectar con nuestras raíces”.
En este sentido, afirmó que cada vez son más los pedidos que reciben, incluso, de canarios en la Península con algún tipo de símbolo que recuerde al Archipiélago. Pues las pintaderas no son el único distintivo que parecen estar ahora ‘a la moda’, de hecho, a Aloui también le impresiona la demanda de argollas canarias. Las solía ver en su abuela o en algunas señoras, pero ahora los pedidos son tantos que elaboran distintos diseños y tamaños para que no haya persona sin su argolla de las Islas.

Feria empresarial Enorte / Andrés Cruz
Otros artistas, como Texiade Santana, también confirman el interés del público por productos que remiten a las tradiciones de Canarias. En su caso, lo hace a través de ilustraciones. Bajo la marca Texiade.design, desarrolla composiciones que combinan colores vivos con expresiones populares como “sí, mi niña” o “el conejo me enriscó la perra”, al tiempo que recupera relatos y leyendas del imaginario canario, como la de la isla de San Borondón. Más allá de la acogida del público, el propio artista reconoce que el Archipiélago ha sido siempre su principal fuente de inspiración. De ahí la variedad de láminas e ilustraciones que es capaz de crear, todas ellas marcadas por una fuerte identidad cultural.
Tres generaciones de artesanas
Lo hecho a mano no se limita únicamente a la joyería; también abarca la creación de otros productos, como las velas, un imprescindible en las ferias de artesanía. Sin embargo, más allá del objeto en sí, lo que realmente se transmitió en el puesto de la marca Yumia Aesthetic fue algo menos visible: la memoria.
Este negocio no solo llegó a Enorte a vender sus creaciones, sino que también –casi sin proponérselo– mostró la artesanía como una forma de herencia viva. En él colaboraban tres generaciones: Francisca Gutiérrez, María José González y Hermione Rivero –abuela, madre e hija–, quienes no solo compartían un espacio de trabajo, sino también saberes, gestos y formas de entender el oficio que han pasado de unas manos a otras con el paso del tiempo.
Cada vela, cada aroma y cada pieza elaborada se convierte así en un testimonio de continuidad y en el reflejo de una tradición que se cuida. Además, en su espacio vendían velas, jabones, aromas y elementos relacionados con la espiritualidad acompañadas de una explicación: «Las velas iluminan las peticiones que uno hace», aseguró Francisca Gutiérrez.
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