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Carnaval de Maspalomas

El carnaval del circo doma las calles de Maspalomas en su cita más multitudinaria

El desfile del Carnaval de Maspalomas, con más de 100 carrozas, convirtió la Avenida Italia y otras vías en un río humano, donde la alegría y los disfraces compartieron protagonismo

Gran Cabalgata del Carnaval de Maspalomas

La Provincia

San Bartolomé de Tirajana

A las cinco en punto de la tarde, sin retraso ni prólogo, la Gran Cabalgata del Carnaval Internacional de Maspalomas echó a rodar y le ganó el pulso al calendario. Una semana después del aplazamiento forzado por la borrasca Therese, que obligó a desplazarla del 21 al 28 de marzo por motivos de seguridad, el gran desfile del sur regresó con el aspecto de las citas que no se enfrían, sino que se cargan de ganas. Desde mucho antes del arranque ya había familias apostadas en las aceras, grupos buscando el mejor hueco y visitantes sumándose al ambiente en uno de los grandes escaparates turísticos de Gran Canaria. Maspalomas, sencillamente, no estaba dispuesto a seguir esperando por su cabalgata.

El pistoletazo de salida, desde el Parque Tropical, despejó pronto cualquier duda: Maspalomas no podía seguir guardándose las ganas de carnaval. A partir de allí, la comitiva avanzó por la Avenida Italia hasta la Avenida de Gran Canaria y la Avenida 8 de marzo, dibujando un río humano y sonoro por uno de los grandes enclaves turísticos de Gran Canaria, junto a un barranco que aún bajaba con el recuerdo reciente de la lluvia. En ese escaparate donde conviven hoteles, terrazas, apartamentos, residentes de toda la vida y visitantes recién llegados, la cabalgata volvió a hacer lo que mejor sabe: convertir la calle en un idioma común.

Cerca de 250.000 asistentes

La organización había anunciado 108 carrozas y las autoridades cifraban cerca de 250.000 asistentes, pero la magnitud del desfile también se leía en la calle: familias enteras esperando desde antes del arranque, grupos de amigos pendientes de encontrar el mejor hueco y turistas entregados al espectáculo móvil en mano.

Las calles se vistieron de color. De color y de esa clase de exceso alegre que sólo admite el carnaval, cuando la lógica se aparta un poco para que pasen la fantasía, la música y el descaro. La alegoría de este año, dedicada a 'El Mundo del Circo', se dejó ver desde muy temprano entre la marea de disfraces: domadores, maestros de pista, leones, arlequines, equilibristas, payasos de todas las escuelas posibles. Había lentejuela de pista central y también ingenio reciclado: algunos aprovecharon la alegoría del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria para no perderse tampoco la fiesta del sur, demostrando que, en cuestión de carnaval, cualquier recurso es bueno con tal de no faltar.

108 carrozas y 500.000 asistentes formaron parte del acto más esperado del carnaval

La apertura corrió a cargo de la comunidad china, que inauguró el desfile con una actuación cargada de color y simbolismo. A continuación tomó protagonismo la realeza del carnaval, con la Reina del Carnaval, las Damas de Honor, la Gran Dama y el Drag Queen, arropados por el fervor popular en uno de los tramos más ceremoniales de una cabalgata que después se abrió por completo al bullicio del séquito.

El carnaval, una fiesta de tradición y encuentro

En la carroza número tres se abría paso también una de las historias más reconocibles del carnaval del sur. Julián, de la asociación cultural Macanavos, contaba que para ellos esta fiesta funciona, ante todo, como un punto de encuentro entre amigos. Cada año, la cabalgata les sirve de excusa para reunirse, incluso con gente que se desplaza desde la Península para no faltar a la cita. En esta edición, sin embargo, el aplazamiento dejó el grupo muy mermado: de las 60 personas que esperaban reunirse, finalmente solo pudieron asistir 20. El resto siguió la jornada desde fuera, a base de fotos, mensajes y vídeos de WhatsApp. Entre los que sí lograron estar, quedaba intacta la idea que Julián repetía como definición del carnaval: amistad, reencuentro y la ilusión de volver a verse un año más.

La actualidad, cómo no, también se coló en la estampa festiva. Entre los personajes más reconocibles abundaban los Donald Trump, uno de ellos especialmente llamativo, con Maduro «detenido» y paseando entre destellos de cámaras. Por allí también se dejó ver en varias ocasiones el papa León XIV, adelantando su visita a Gran Canaria, «porque el carnaval no espera». Bajo el hábito blanco y la cruz al pecho estaba Juan, un vecino de Telde que hacía años que no venía al carnaval y que esta vez no quiso perderse la cita. «El carnaval es algo mágico. Aquí puedes ser alguien diferente por un momento», resumía.

Carroza tres de la asociación cultural Macanavos en la Cabalgata de Maspalomas.

Carroza tres de la asociación cultural Macanavos en la Cabalgata de Maspalomas. / ANDRES CRUZ

Quien prueba, repite

La cabalgata mantuvo, además, intacto su carácter internacional. Sophia y Karl, una pareja de jóvenes alemanes de vacaciones en el sur de la isla, observaban el paso de las carrozas sorprendidos por la dimensión del espectáculo. Admitían que no esperaban tanta gente, pero que, al ver el ambiente, no dudaron ni un segundo y compraron sobre la marcha unos complementos para sumarse a la celebración. Ese gesto, casi improvisado, resumía bien el alma del carnaval sureño: aquí la frontera entre mirar y participar es de no retorno.

En la orilla de la cabalgata, entre quienes repetían cita y quienes la descubrían por primera vez, aparecía también una de las claves de esta fiesta: su mezcla de tradición local y escaparate internacional. Entre las habituales estaba un grupo de veinte amigas de la capital grancanaria que lleva doce años sin faltar al carnaval de Maspalomas. Esta vez se disfrazaron de Reinas de las Flores, todas de morado; unas a pie de calle y otras sobre carroza. El grupo, explicaban, suele ser aún mayor, pero el cambio de fecha tras el aplazamiento redujo la expedición. Aun así, mantuvieron intacto el ritual: coserse el disfraz, organizarse con tiempo y reservar para Maspalomas el último gran sábado del carnaval.

Las Reinas de las Flores en la Cabalgata de Maspalomas.

Las Reinas de las Flores en la Cabalgata de Maspalomas. / ANDRES CRUZ

No muy lejos estaban Antonio y Delia, de Vecindario, dos fieles a unas carnestolendas que ya forman parte de su calendario. El año pasado se inspiraron en los premios Oscar; esta vez, entregados por completo a la alegoría del circo, se transformaron en domadores, con látigo y león incluido. En ellos se reconocía bien una de las constantes del carnaval: la de quienes no lo viven como una cita aislada, sino como una tradición compartida, una manera de medirse el tiempo de una edición a la siguiente.

Desde Fuerteventura llegó también una pequeña cuadrilla que daba cuenta del tirón de la cabalgata más allá de Gran Canaria. Cinco amigos, disfrazados de piratas, lograron reorganizarse para venir pese al aplazamiento por la borrasca. En un principio iban a ser ocho, pero finalmente sólo cinco pudieron cuadrar el viaje. Fran, uno de ellos, contaba que era la primera vez que acudían al carnaval de Maspalomas y que durante unos días llegaron a plantearse cancelar. Al final, pesó más la insistencia de Fran que las dudas del grupo. «Hicimos bien en venir. Nunca nos habíamos animado, pero repetiremos el próximo año, sin duda», resumía.

Una hora menos

A lo largo de la tarde, Maspalomas se convirtió en un extraño pliegue del tiempo. En pocos metros podían convivir un domador de fiera, una vedette de los años dorados, un emperador romano, un astronauta de cabina low cost y una pareja recién salida, aparentemente, de un cabaret de entreguerras. El carnaval tiene esa capacidad de abolir las décadas y sentar en la misma acera a personajes que jamás se habrían conocido. En un mismo espacio y a la misma hora convivían el cartón piedra de lo antiguo y la parodia de lo inmediato: Cleopatra mirando de reojo a Barbie, un centurión brindando con una cowgirl, un payaso clásico cruzándose con un influencer.

Por la izquierda, Delia y Antonio, domadores de la Cabalgata de Maspalomas.

Por la izquierda, Delia y Antonio, domadores de la Cabalgata de Maspalomas. / ANDRES CRUZ

El centro comercial Yumbo acogió los últimos coletazos de la fiesta con el tradicional mogollón

La jornada dejaba, además, una pequeña ironía final en el reloj. En la madrugada del domingo, Canarias entró en el horario de verano: a la 1.00 fueron las 2.00 horas. El carnaval, sin embargo, tiene su propia forma de medir el tiempo. Tras las últimas carrozas, seguía la inercia del sur en modo fiesta, ese empuje que no entiende de punto final ni de parte oficial. Y, en efecto, el programa reservaba la continuación en el centro comercial Yumbo, que acogió las actuaciones de los artistas Rafael Caso, Brian de la Cruz, Star Music, Toni Bob y Leyenda Joven. Con una madrugada que no dio tregua, la fiesta se prolongó con más música a cargo de Línea Dj, Alejo y Dj Juanjo. La cabalgata sirvió además como antesala del desenlace de unas carnestolendas que ya encaran su recta final. El desfile de este sábado marcó el penúltimo gran día del Carnaval Internacional de Maspalomas, que este domingo despedirá oficialmente sus fiestas con el tradicional Entierro de la Sardina. El cortejo fúnebre arrancará en torno a las 19.00 horas desde la avenida de Estados Unidos, junto al CC Yumbo, y pondrá rumbo al Anexo II de Playa del Inglés. Será el adiós definitivo a varios días de mascaritas, carrozas y mogollón en el sur.

Tal vez ahí resida la fuerza de esta cabalgata: en que no necesita explicarse demasiado para ser entendida. Basta con verla avanzar entre hoteles, terrazas y aceras abarrotadas para comprender que no se trata sólo de un desfile, sino de una forma de ocupar el espacio y de reconocerse en él. Durante unas horas, el sur dejó de ser únicamente un lugar de paso, de vacaciones o de rutina para convertirse en escenario compartido de algo más profundo y más simple a la vez: el deseo de celebrar juntos. Y esa, por encima de cualquier aplazamiento, fue la verdadera victoria de la jornada.

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