La folía de Marcelino que emociona a Agaete tras el lleno de la presa de Los Pérez
El vídeo compartido en redes rescata una memoria popular del Valle: cuando el agua regresa, también vuelve la música, la identidad y el orgullo de un pueblo muy ligado a sus presas y a su paisaje

La folía de Marcelino que emociona a Agaete / @meteokomandoatistirma
En el texto difundido por la cuenta de Instagram @meteokomandoatistirma hay algo que va mucho más allá de una simple anécdota. Lo que se cuenta no es solo que Marcelino canta una folía cuando la Presa de Los Pérez se llena. Lo verdaderamente valioso es que ese gesto convierte un episodio meteorológico en una escena de memoria colectiva. En Agaete, donde el agua nunca ha sido un asunto menor, que alguien celebre con la voz el lleno de las presas no suena a extravagancia, sino a herencia, a costumbre y a emoción compartida.
Un canto que convierte el agua en memoria
La escena tiene una fuerza especial porque conecta dos planos que en Gran Canaria suelen ir de la mano: el territorio y la cultura popular. Por un lado está la imagen de una presa al límite de su capacidad, en un municipio que en marzo de 2026 vivió horas de enorme atención por el aumento del caudal en la zona de Los Pérez y El Hornillo. Por otro, aparece la voz de una persona que, según esa memoria transmitida por vecinos y seguidores, respondía al lleno de las presas con una folía, una de las formas más reconocibles del folclore canario. Esa unión entre paisaje, necesidad y celebración explica por qué el vídeo tiene tanta capacidad de conmover.
No es un detalle menor que todo esto se sitúe en el entorno de la Presa de Los Pérez, muy próxima a El Hornillo y en el área de Tamadaba, un espacio que forma parte del imaginario sentimental del noroeste grancanario. Incluso la información turística del municipio subraya el valor paisajístico de este enclave, hoy convertido en uno de esos puntos donde naturaleza, senderismo y memoria local se cruzan con facilidad.
La presa de Los Pérez, entre la alarma reciente y el alivio del Valle
El contexto reciente ayuda a entender todavía mejor por qué ese vídeo ha tocado una fibra tan sensible. El 21 de marzo de 2026, las lluvias obligaron al desalojo preventivo de los barrios de Los Pérez y El Hornillo ante la posibilidad de que el embalse comenzara a aliviar. Aquel mismo día, tanto el 112 como distintas administraciones insistieron en la necesidad de extremar la precaución. El propio Ayuntamiento de Agaete explicó después que el riesgo no estaba en una rotura ni en la apertura de compuertas, sino en que, al rebosarse, el agua podía correr barranco abajo si seguía lloviendo con intensidad.

Ayuntamiento de Agaete
Esa aclaración institucional cambió la lectura de lo ocurrido. La imagen de una presa llena podía despertar inquietud, pero también recordaba algo que en una isla seca tiene un valor inmenso: la reserva hídrica. De hecho, varias informaciones publicadas en esos días insistieron en que el incremento del caudal era también una noticia importante para el sector primario y para la gestión del agua en la isla. Ahí es donde el canto de Marcelino adquiere una dimensión casi simbólica: no celebra el peligro, sino el retorno de un bien escaso y decisivo para la vida del territorio.
En pueblos como Agaete, el agua no solo riega fincas o llena presas. También ordena recuerdos, explica modos de vida y deja huella en el patrimonio. Por eso el vídeo de la folía funciona tan bien en términos emocionales: porque convierte una noticia de lluvias y embalses en una historia de identidad canaria, de transmisión oral y de vínculo con el paisaje. No habla únicamente de una persona cantando, sino de un pueblo reconociéndose en una escena que podría desaparecer si nadie la cuenta.
Agaete ya ha contado historias parecidas
No es casualidad que La Provincia / Diario de Las Palmas ya haya puesto el foco en relatos parecidos vinculados a Agaete, al Valle y a la cultura del agua. Un ejemplo especialmente revelador fue la restauración del Molino de Abajo en El Sao, un inmueble de 1913 cedido al Ayuntamiento para recuperar su valor patrimonial. En aquella pieza se explicaba que el objetivo era enseñar a las nuevas generaciones la importancia que tuvo el agua en el Valle, no solo para el regadío, sino también como fuerza mecánica capaz de mover las aspas del molino.

Recorrido presas de Gran Canaria temporal Therese. Presa de los Pérez / José Pérez Curbelo
Ese caso encaja perfectamente con la historia de Marcelino. En ambos relatos aparece la misma idea de fondo: el agua como eje de la vida comunitaria. En el molino, porque permitió durante décadas moler cereales, producir gofio y sostener parte de la economía local. En la folía, porque la lluvia y el lleno de las presas activan una respuesta emocional que solo puede entenderse desde esa antigua dependencia del recurso. Incluso en la reconstrucción histórica del molino se recordaba que el caudal había llegado a alcanzar 45 litros por segundo y que, con el paso del tiempo, se redujo drásticamente, un dato que resume bien la trascendencia que siempre tuvo el agua para la zona.
Mucho más que un vídeo viral
Por eso, reducir este episodio a un contenido simpático de redes sería quedarse muy corto. Lo relevante es que el vídeo devuelve al primer plano una manera antigua y profundamente canaria de relacionarse con el entorno. Frente al consumo rápido de imágenes, aquí hay una historia con raíces: la de un hombre que canta cuando las presas se llenan y la de una comunidad que entiende, sin demasiadas explicaciones, por qué ese gesto importa.

José Pérez Curbelo
En tiempos de sobreinformación, piezas así funcionan porque tienen verdad, territorio y emoción. Agaete no aparece aquí como un decorado, sino como un lugar donde el agua sigue teniendo valor material y sentimental. Y Marcelino, con su folía, no queda como una curiosidad, sino como el símbolo de algo más profundo: la alegría contenida de un pueblo que sabe lo que significa mirar al cielo, esperar la lluvia y celebrar, por fin, que la presa vuelve a estar llena
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