Análisis
El héroe de aviación y la maestra
Memoria de una trayectoria compartida en la Vega de San Mateo del teniente general Andrés Asensi y la inspectora de Educación Primaria María de la Paz Sáenz Tejera

María de la Paz Sáenz Tejera y Andrés Asensi Álvarez-Arenas. / La Provincia
Pedro Quintana Andrés / Pedro Socorro Santana
La memoria de los pueblos suele ser frágil cuando se trata de evocar su propia historia. Solo parece perdurar aquello que, al pasar de boca en boca, se deforma y transforma en relato anecdótico, amable o incluso grotesco. Entretanto, muchas pequeñas historias —a veces relegadas por el olvido deliberado, otras por la simple erosión del tiempo— desaparecen sin dejar apena rastro, pese a haber sido profundamente significativas para la vida de sus protagonistas y de no pocos contemporáneos. Entre ellas se encuentra la del matrimonio formado por el teniente general del Ejército del Aire Andrés Asensi Álvarez-Arenas y María Paz Sáenz Tejera y de la Concha, figuras destacadas en los ámbitos militar y educativo del siglo XX español.
Ambos residieron durante más de tres décadas en su conocido chalet del Solapón, en la Vega de San Mateo, donde desarrollaron buena parte de su vida pública y privada. Ella, viuda del práctico y teniente de navío José María de la Concha Palacio, aportaba al nuevo matrimonio dos hijas de corta edad.
Andrés Asensi nació el 21 de mayo de 1912 en Murcia. Ingresó en la Academia General Militar de Zaragoza en 1930 como alumno de la Academia de Artillería e Ingenieros y, cuatro años después, obtuvo el grado de teniente del Ejército. Tras el estallido de la Guerra Civil, se incorporó al bando sublevado. Fue uno de los defensores del Alcázar de Toledo y concluyó la contienda con el empleo de capitán.
En 1940 ingresó como alumno en la Escuela de Pilotos de Badajoz y, tras completar su formación, se integró en la 3ª Escuadrilla Expedicionaria, destinada a la localidad francesa de Saint Jean d`Angely. Allí recibió instrucción en aviones alemanes de última generación con vistas a su participación en la nueva campaña del frente ruso. Como miembro de la División Azul fue destinado a la base de Orel (URSS), al mando de la primera patrulla.
El 1 de diciembre de 1942, tras una avería en el motor de su avión Messerschmitt Me-109 F2, fue capturado por las fuerzas soviéticas cerca del pueblo de Trotzkoje. Durante su cautiverio pasó por diversos campos de concentración —Borovichi, Járkov, Revda y Voroshilovgrado— donde algunos testimonios describen al grupo al que pertenecía el futuro teniente general como «muy duro, muy orgulloso; eran impenetrables y reservados, verdaderos ejemplos de la magnanimidad española». De él se llegó a decir: «Un hidalgo perfecto que parecía Don Quijote era el piloto Asensi».
Regresó a España a bordo del buque Semiramis, que atracó en Barcelona el 2 de abril de 1954 con otros 247 combatientes de la División Azul. Reincorporado al servicio activo ascendió a teniente general en diciembre de 1975 y fue nombrado director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden). El que fuera jefe del Estado Mayor y, más tarde, jefe de la Zona Aérea de Canarias, falleció en la Vega de San Mateo el sábado 19 de diciembre de 1987, a los setenta y cinco años.
Por su parte, María de la Paz Sáenz Tejera y de la Concha nació en Las Palmas de Gran Canaria el 24 de diciembre de 1912. Tras obtener plaza en el Magisterio, fue nombrada en 1938 —con tan solo veintiséis años— inspectora jefa provincial técnica de Educación Básica, cargo en el que obtuvo destino definitivo en 1947 y que desempeñó durante veintiocho años.
A su vocación docente unió una temprana inclinación artística como actriz aficionada, participando en un papel secundario en La hija del Mestre (1928), considerada la primera obra de relevancia en la filmografía canaria. Este drama lírico, centrado en las costumbres y la vida de pescadores canarios, fue creado –tanto música como letra– en 1902 por el músico y director de la banda de música militar Santiago Tejera Ossavarry (1852-1936), abuelo de la inspectora. Paralelamente a su labor educativa y artística, cultivó la poesía, publicando en 1990 Poesía a través del silencio.
Tras la Guerra Civil, su papel en el sistema educativo adquirió una dimensión especialmente controvertida al formar parte del aparato encargado de la represión y depuración del magisterio en la provincia. Diversos testimonios y documentos señalan que algunas de sus decisiones contribuyeron a la marginación o al cese de docentes.
Posteriormente impulsó en la provincia las denominadas ‘Colonias de Montaña’. La de la Vega de San Mateo, organizada en septiembre de 1950 junto al maestro nacional Pedro Montesdeoca Gil, fue una de las primeras iniciativas. En el verano de 1954 promovió la colonia de vacaciones de la Villa de Santa Brígida, subvencionada por la Dirección General de Marruecos y Colonias, en la que participaron una veintena de alumnas del Aiún, Cabo Judy, Sidi Ifni y Villa Cisneros bajo la supervisión de la maestra Carmen Bazaga. Aquella experiencia propició un encuentro entre el alumnado canario y sahariano en el colegio satauteño dentro del marco de las políticas educativas y coloniales de la época.
Organizó igualmente el primer centro de educación especial en El Toscón y fue uno de los apoyos decisivos en la fundación de Radio Ecca en las islas. Participó, además, en campañas dirigidas al magisterio sobre cuestiones sanitarias e higiénicas, entre ellas la prevención antituberculosa.
En su condición de miembro del Ministerio y representante de los tercios en Cortes, intervino como ponente en la elaboración de la Ley de 17 de julio de 1945 sobre Educación Primaria. Su posición le permitió elaborar numerosos informes que no solo analizaban la situación de la enseñanza en el Archipiélago, sino también las condiciones sociales y familiares del alumnado. En enero de 1948 viajó a Madrid para participar en la II Semana de Estudios Pedagógicos, donde hizo entrega al jefe del Estado del álbum educativo de la provincia en representación del profesorado.
En 1984 fue designada por el Ayuntamiento de la Villa de Teror, presidido por el alcalde Cayo Yánez, para pronunciar el pregón de las fiestas de la Virgen del Pino, desde el presbiterio de la basílica, convirtiéndose en la primera mujer en asumir tal responsabilidad. Fue distinguida, asimismo, con la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.
Probablemente, uno de sus mayores desencantos fue no haber logrado acceder a la Alcaldía de su localidad de adopción, la Vega de San Mateo, en las primeras elecciones democráticas municipales de 1979. Se presentó por Alianza Popular, formación precursora del actual Partido Popular, aunque resultó elegido alcalde Fermín Gil González, cabeza de lista de la Agrupación de Electores Independientes de San Mateo (Aseisam). María de la Paz Sáenz Tejera permaneció, no obstante, vinculada a dicha organización política y, en 1983, figuró como vicepresidenta en la candidatura encabezada por Francisco José Manrique de Lara para la presidencia del partido.
La trayectoria del general y la inspectora refleja cómo las historias individuales —con sus luces y sombras— forman parte del entramado que configura la memoria colectiva. Son esas biografías, en apariencia menores frente a los grandes acontecimientos, las que permiten comprender cómo se forjan, en cada época, las directrices que orientan el devenir público de una comunidad.
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