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Gran Canaria

Reboso en el tour de las presas

Familias, amigos y deportistas se echan al campo para presenciar el espectáculo de los embalses llenos y los rescoldos que dejaron las borrascas a su paso por Gran Canaria, aprovechando la Semana Santa

Presas de Gran Canaria tras el paso de la borrasca Therese

José Carlos Guerra

Javier Bolaños

Javier Bolaños

Artenara

La imagen de las presas a rebosar de agua se ha convertido en un espectáculo digno de observar por ser muy poco habitual en Gran Canaria, que atrae a muchos curiosos durante estos días festivos de Semana Santa. La visita a los embalses ha generado riadas turísticas con coches en fila india por las carreteras estrechas del interior, agravada porque en buena parte de esas vías solo está permitido el paso en un único sentido, por los desprendimientos, la presencia de piedras y el constante trasiego.

Un grupo de ciclistas, por la Vega de Acusa.

Un grupo de ciclistas, por la Vega de Acusa. / José Carlos Guerra

«Cada día pasan por aquí por lo menos 1.000 personas». Eulogio Ramos es el guarda de la presa de los Pérez, en la cuenca de Artenara y Agaete, que durante esta semana observa una auténtica procesión de coches enfilando la zona para presenciar el embalse a su máximo aprovechamiento. Ahora no sale nada más que un hilo por el rebosadero, pero sí están mandando ya sus aguas barranco abajo dentro de las tuberías de reparto para enviar a la presa de Las Garzas, en Guía, que no se pudo abastecer lo suficiente por unas obras.

Hilera de coches en los apartaderos

El nivel casi permite tocar el agua en los Pérez, si no fuera por las medidas de protección en la zona de mayor profundidad, que impiden acercarse más. Hasta una quincena de coches permanece en horas de mediodía aparcado como buenamente pueden en las estrechas vías bajando desde Gáldar y El Hornillo (Agaete), ya que la entrada desde el pueblo de Artenara se supone que tiene restricciones indicativas de prohibición de paso, aunque siempre hay algún coche o moto que se cuela con imprudencia.

El trajín de personas sobre la corona de la escollera parece una jornada de compras en una arteria comercial como Triana o Mesa y López, con grupos de personas caminando entre ambos lados de la presa, incluidos los senderistas que han pateado la zona de pinar.

Mientras, los coches no hacen más que entrar y salir del apeadero, para proseguir por la ruta de las presas de la Comunidad de Regantes del Norte de Gran Canaria. En la zona alta está Lugarejos y luego La Hoya. Todas ellas están llenas, y también aliviando al llegar a sus topes máximos de capacidad.

Después de una década

El guarda de estas históricas infraestructuras hidráulicas asegura que las últimas veces que rebosó los Pérez fue entre 2014 y 2015. Y que en su vida solo lo ha visto en tres ocasiones, lo que refleja la abundancia de precipitaciones de estos últimos meses en Gran Canaria. La primera de ellas, en 1979, cuando era apenas un chiquillo, ya que solo contaba con cuatro años.

En alguna ocasión más lo pudo ver con las presas de Lugarejos, que está justo por encima. Precisamente, este embalse sí continúa aliviando agua, ya que todavía sigue entrando agua en todo el cauce por las laderas gracias a las escorrentías.

Al tiempo que esto pasa, los coches siguen entrando y saliendo de los aparcaderos, como si de una zona azul se tratara, al tiempo que llegan más curiosos y también algunos turistas en su tour de Semana Santa por las medianías y cumbres grancanarias.

24 años de vigía

Eulogio lleva 24 años como guarda de estas presas de la Comunidad de Regantes, después de recoger el testigo de su padre, Eugenio Ramos, que cumplió con esa labor durante 36 años.

El guarda lamenta también que durante las lluvias se corriera el bulo de que iba a reventar la presa, por lo que podía causar un desastre en su camino por la cuenca de Agaete, generando una alarma innecesaria y falsa. Pero nada más lejos de la realidad, y lo que hay ahora es un espectáculo de presas en su tope de capacidad, lo que servirá también para saciar durante un largo periodo de tiempo a muchos agricultores, sin tener que volver a mirar al cielo en busca de nuevas precipitaciones para atender a sus cultivos.

La relevancia histórica queda reflejada en los precedentes. El operario señala como ejemplo que entre los años 2001 y 2002 se llenaron Lugarejos y Las Hoyas, pero no Los Pérez, a sus pies y que se aprovecha también de los ‘restos’ de las demás. Y que hace apenas un año Las Hoyas apenas tenía 500 horas de agua acumulada, que es casi lo mínimo cuando ahora está rebosando.

En total, los Pérez tiene capacidad para hacer acopio de entre 46.000 y 47.000 horas de agua, por las casi 50.000-52.000 horas de Los Lugarejos.

‘Bocatas’ para andar

«Ahora está todo ‘verdito’ y venimos a buscar el agua y las presas llenas, ya habrá tiempo de disfrutar de la playa y el sol». Un grupo de amigos de Jinámar hace una pausa en el mirador de La Cuevita de Artenara para comerse un bocadillo con el refrigerio sobre la una y media, después de pasar por los Pérez y ‘sus hermanas’, en su ruta turística de embalses.

Una vez recuperen las fuerzas volverán a subirse a sus coches para poner rumbo al pueblo de Artenara y tomar nuevos destinos a continuación.

«Se ven muchas familias», reconocen, después de haber realizado algunas paradas por el trayecto escogido para la ocasión.

El grupo de amigos de Jinámar.

El grupo de amigos de Jinámar. / José Carlos Guerra

En total van 10 amigos de distintas edades, entre los que se encuentran Óliver Falcón, Taida Pérez, Alba Falcón, Judith Díaz, Ángel David Díaz, Yéssica Pérez, José Ropero, Amelia Álvarez, Gema Rosales y Juan Santana.

Hace un mes ya salieron a realizar una excursión parecida por el campo, después de que las lluvias dejaran un tapiz verde, pero sin llegar a la estampa actual. En ocasiones toca ver la lluvia y el paisaje de color verde, en otras la nieve, y ahora es el momento de las presas, manifiestan.

El corte de muchas de estas carreteras rurales, como la que une Juncalillo con Barranco Hondo de Gáldar, y de otras del interior, hace que las vías principales parezcan una gira de vehículos con la misma ruta. Y hasta que la carretera principal que pasa por el pueblo de Artenara parezca este sábado un gran aparcamiento al aire libre.

150 kilómetros pedaleando

El cierre de las vías de bajada deja también a muchos curiosos que subieron a la Cumbre primero para bajar por las presas después con la miel en los labios de ver embalses como los de La Aldea. Entre los que han podido sortear las restricciones está un grupo de ciclistas, que pretende cubrir una ruta de unos 150 kilómetros con las presas como paisaje durante la jornada sabatina.

Los deportistas salieron a las 7.30 de la mañana desde Las Palmas de Gran Canaria y pretenden volver al punto de partida. En medio pasaron por el Cenobio de Valerón de Guía, San Isidro de Gáldar, Agaete, para subir por la Vega de Acusa.

En el grupo dan pedales el entrenador Tanausú Castellano y sus compañeros Simón Navarro, Judith Quintana, Aythami Navarro, Juan Carlos Barrios, Raúl Santana y Jaime Navarro.

Junto a ellos, muchos grupos de motoristas, familias en sus coches y amigos continúan recorriendo las carreteras del interior, ahora que se puede ver una estampa que solo es posible apreciar en contadas ocasiones durante décadas.

Las últimas estadísticas del Cabildo hablan de que unas 35 presas grancanarias se han llenado tras el paso de la borrasca Therese, con un total de 39 millones de metros cúbicos almacenados entre sus muros, además de cientos de estanques de todos los tamaños, en un espectáculo hídrico muy poco habitual. Todo ello, en un paisaje invernal en el que predomina el color verde.

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