José Lorenzo, agricultor: “El llenado de las presas nos da seguridad para mantener la actividad con un cierto futuro”
Ingeniero industrial, Lorenzo dejó en 2007 su profesión para dedicarse a la agricultura en su empresa familiar. Con 35 hectáreas distribuidas en el noroeste de la Isla, principalmente se dedica al plátano, pero también aguacates y otros frutales. A su juicio, el paso de la borrasca positivo para el sector primario, pero recuerda que las intensas precipitaciones han generado daños en infraestructuras agrícolas y en cultivos

José Lorenzo, agricultor en el noroeste de Gran Canaria. / LP/DLP.

¿Cómo ha afectado la borrasca Therese a los cultivos?
Yo me muevo en toda la zona noroeste, hasta La Aldea de San Nicolás incluso y en nuestro caso particular, el problema que hemos tenido han sido roturas de caminos. El agua se ha llevado muchas carreteras de acceso a diferentes zonas de cultivo. Pero se han dado casos más dramáticos para otros agricultores, porque el agua se ha llevado muros, muchos muy antiguos que hoy en día son bastante costosos de restituir.
¿Qué ha implicado?
La caída de esos muros implica que la gente puede llegar a abandonar el cultivo, porque son terrenos que no van a poder recuperarse, salvo que en casos en los que los entes públicos ayuden a recuperarlos. Ha habido historias un poco dramáticas en ese sentido, de pérdidas de terrenos.
¿Ha sido beneficiosa para la agricultura la llegada de tanta agua?
En general, ha sido más el beneficio, ha habido mucha agua y pensamos que puede durar por lo menos para tres o cuatro años. Las presas están rebosando y, aunque paró de llover hace más de una semana, todavía los barrancos están corriendo. Aunque ya lo que le queda es un hilo, pero bueno, un hilo por el que antes llorábamos o suspirábamos. Pero el otro daño, entre comillas, es que llevamos mucho tiempo con frío y lluvia, y eso ha provocado que la producción agrícola disminuya y esté prácticamente congelada.
¿Por ejemplo?
Tanto tiempo de humedad ha hecho que en las hortalizas y en las papas se propaguen los hongos y algunas plagas. Ahora mismo los agricultores no tenemos fitosanitarios con los que poder luchar, porque casi todos están ya prohibidos por la Unión Europea. Añadido a eso, pues tanta lluvia ha hecho que el terreno esté empapado continuamente y que no se pueda entrar a poder cultivar o incluso a recolectar, porque está todo embarrado. Entonces, el daño ha sido continuado.
¿Ha afectado a todos los cultivos?
Parte de la que llevo de plataneras está en invernaderos de plataneras y ahí los cultivos están más protegidos, el daño es más limitado. Aunque el frío está ahí, pero bueno. También todos tenemos esperanzas en que la primavera, que ya se nota, con los días de 12 horas, haya más luz, que las plantas lo noten y empiecen a estirarse un poquito.
¿Cómo cree que será la producción?
A nivel global va a ser un año de poca producción agrícola, porque mucha lluvia es perjudicial. Las plantas son seres vivos, como los humanos, y si a nosotros nos meten debajo del agua, nos ahogamos. Las plantas igual. Necesitan oxígeno, respirar y el encharcamiento es un problema. Regar mucho es malo y regar poco también; hay que saber regar en la justa medida. Ahora mismo los terrenos están muy encharcados y las raíces no tienen como caminar y vivir.
¿Va a pedir ayuda al seguro por los daños?
Por ahora no. En mi caso en particular tengo solo una finca, en el barranco de Tenoya, donde no sabemos si podremos acceder a tiempo. En ese caso, perderíamos producción porque no podemos recolectar y se va a pudrir la fruta. En esos casos es posible que podamos invocar al seguro. Pero tengo esperanza de que después de Semana Santa podamos entrar, porque ya los tractores empezaron a allanar caminos. Hay que tener en cuenta que muchos caminos se han llevado hasta un metro de altura de tierra. Entonces eso hay que reponerlo, restituirlo y poder entrar a los terrenos. Y el seguro principalmente cubre la agricultura de exportación, como el tomate, el plátano y algo de aguacate. Pero la agricultura local generalmente no está cubierta.
El gobierno del Cabildo cifró en 28,5 millones los daños de Therese a infraestructuras insulares o dependiente de la Corporación y la Consejería de Sector Primario valoró las afecciones en 5,4 millones de euros, ¿considera que es suficiente?
Hay diferentes vías por las que nos pueden ayudar, como pueden ser tanto declaraciones de zonas catastróficas como dar incentivos a impuestos o que alivien algunos gastos. Las ayudas dependen del Estado y eso muchas veces tarda. Ya estamos acostumbrados los agricultores a que venga viento, lluvia, nos prometan y… Se puede mirar la hemeroteca sobre las ayudas que nos han prometido, incluso han salido publicadas en boletines oficiales, pero nunca han llegado. Cuando las veamos, bienvenidas.
¿Pasa con todas las instituciones?
Generalmente, el gobierno del Cabildo de Gran Canaria es uno de los organismos que cumple las cosas que dice. Pero del Gobierno central… De todas maneras, ahora mismo estamos con la guerra de Irán y toda la coyuntura internacional. Aunque el Gobierno quiera ayudarnos, otra cosa es que pueda. Pueden surgir problemas en el futuro próximo que hagan inviable las ayudas.
¿Usted recuerda un episodio como la borrasca Therese?
Sí, por ejemplo el Delta, en 2005, que arrasó, fue mucho más destructivo. Pero después también han habido otras lluvias torrenciales. Recuerdo en 2008, que hubo problemas, vientos, lluvias torrenciales… Se publicaron ayudas y todos nos apuntamos, pero de repente llegó la crisis y no hay dinero para nadie. El tomate se hundió por culpa de que no le llegaba el dinero del Gobierno central. Los políticos tienen la voluntad, y es agradable esa voluntad, pero después hay condicionantes externos.
¿El precio del agua ha variado mucho en los últimos meses?
El precio del agua no ha variado mucho. Está condicionado por el precio de la energía. Por mucho que llueva, sabemos que la lluvia es algo transitorio. ¿Qué es lo que no da la seguridad? Pues las plantas de desalinización y los pozos. Pero eso tiene un coste energético. Después están también los costes ambientales, que también hay que sumarlos. Pero el precio del agua no puede bajar. En algunos casos, es casi gratis. Por ejemplo, las comunidades de regantes de La Aldea y del Norte de Gran Canaria tienen presas y los comuneros pagan una cuota y reciben esa agua a un precio muy bajo porque han estado manteniendo durante un montón de años la infraestructura. O sea, no les cobran a los agricultores más por esa agua que hay en las presas, porque ellos la han pagado entera.
¿El agua de las presas es significativa para la agricultura?
Hay un factor muy, muy, muy importante, que es la seguridad y la disponibilidad de agua. Por mucho que uno quiera pagar, si no hay disponibilidad, no hay nada. Ahora mismo las presas nos dan la seguridad de que podemos mantener una actividad agrícola con un cierto futuro y poder mirar al horizonte con esperanza. Se sigue utilizando agua desalada, pero está el agua de los embalses por lo que pueda pasar. Pero el agua de los embalses seguro que se utiliza, sobre todo, después de la sequía que hemos tenido.
¿Cual es la diferencia entre el agua de las presas y la desalinizada?
El agua de las presas tiene una composición química diferente del agua artificial de la desalinizadora. Es un agua mucho más estable y necesita utilizar menos abono que el agua de la desalinizadora. El agua de mar tiene mucho más cloruro y sodio, tiene menos calcio, magnesio o potasio y los agricultores tenemos que equilibrar artificialmente el agua.
También el Consejo Insular de Aguas de Gran Canaria ofrece un precio fijo y a la baja desde hace años.
Sí, tenemos un precio fijo subvencionado y agradecemos que mantengan ese precio. Gracias al Consejo Insular de Aguas se mantiene mucha actividad agrícola. Aparte de eso, se ha conseguido la subvención a la producción de agua industrial. El año último creo que llegó incluso a los 20 céntimos por metro cúbico. Muy barata. Estamos en niveles de precios bastante asequibles para los agricultores y a nivel de disponibilidad, tenemos agua para poder cultivar. Y con la lluvia, pues va a amortiguar todavía más el precio. En ese sentido, podemos tener un futuro más esperanzador. Pero, claro, también están las voces de los científicos y demás que dicen que todos estos son efectos del cambio climático y que los fenómenos extremos serán cada vez más frecuentes.
¿Cuál es su valoración general del paso de la borrasca Therese para el sector primario?
En líneas generales entiendo que es positivo el paso de la borrasca para la agricultura, para el futuro. La cantidad de agua que se ha recogido… Hay cosas que yo en la vida las había visto. Recuerdo de chico ver vacas ahogadas flotando por los barrancos. Pero yo no recuerdo que los barrancos del norte de Gran Canaria estén siete días corriendo agua hasta el mar. Y eso es positivo para la agricultura. Lo que pasa es que también tenemos que acordarnos de los problemas particulares. Y no por eso debemos abandonarlos. Hay gente que ha sufrido daños y hay que ayudarlos porque el agua se ha llevado muros y terreno.
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