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Hanne Haavaldsen, paciente renal del Hospital Doctor Negrín: «He conocido a un equipo de profesionales extraordinario»

La mujer, que recibe diálisis peritoneal, destaca la labor del equipo de Nefrología del centro grancanario

Hanne Haavaldsen, durante una consulta con la doctora Patricia Pérez.

Hanne Haavaldsen, durante una consulta con la doctora Patricia Pérez. / José Carlos Guerra

Las Palmas de Gran Canaria

Hanne Haavaldsen, una paciente de 51 años del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, convive con una enfermedad genética sin cura que, con el paso del tiempo, ha deteriorado el funcionamiento de sus riñones: la poliquistosis renal. Según explica esta mujer de nacionalidad noruega, que reside en la Isla desde 1994, conoció el diagnóstico cuando tenía 28 años y estaba embarazada. Desde entonces ha vivido con la certeza de que, tarde o temprano, sus riñones dejarían de funcionar. «He tenido mucho tiempo para asumir lo que iba a pasar», admite esta vecina del barrio de Los Giles.

Durante muchos años, la función renal no se vio afectada, pero llegó un momento en que se cumplió el pronóstico y los profesionales le comunicaron que necesitaba recurrir a la diálisis. De forma previa, intentaron frenar el avance de la patología con un tratamiento farmacológico reciente, pero, por desgracia, no funcionó. Por ello, desde 2023, inició la terapia de diálisis peritoneal. «Lo único positivo de sufrir esta enfermedad ha sido poder conocer a un equipo de profesionales extraordinario, cercano y completamente involucrado con sus pacientes», destaca la mujer.

Desde el principio, Hanne tuvo claro que prefería esta modalidad de tratamiento frente a la hemodiálisis, pues puede administrársela ella misma en su domicilio. La segunda opción, en cambio, exige desplazarse al hospital o a los centros de Avericum para recibir este soporte vital. «Sufrí una infección y tuve que someterme a la hemodiálisis durante cinco meses. Ahí fue cuando me sentí realmente enferma. El hecho de tener que ir al hospital tres veces por semana y pasar en el centro varias horas, lo cambia todo», afirma.

Nueve horas

Una vez superada la complicación, retomó la diálisis peritoneal. Cada noche, Hanne tiene que permanecer nueve horas conectada a una máquina que reemplaza la función que deberían desempeñar sus riñones. «Me levanto, me desconecto y soy como cualquiera. Llevo un catéter, pero el tratamiento es indoloro y no siento ningún tipo de incomodidad», garantiza.

Aun así, su vida está condicionada en algunos aspectos. De hecho, asegura que viajar se convierte en un desafío logístico y que las actividades cotidianas, como pasar unas horas en la playa, requieren tomar precauciones extremas para evitar que el catéter peritoneal se contamine. A pesar de todo, mantiene una actitud muy positiva. «Con el tiempo se aprende a redefinir las prioridades. Me mantienen viva y no puedo quejarme», apostilla la paciente.

En la actualidad, Hanne Haavaldsen se encuentra en fase de estudio para poder entrar en la lista de espera para acceder a un trasplante de riñón, una oportunidad que espera con mucha ilusión, pues le permitirá prescindir de la diálisis. Mientras tanto, acude a revisiones cada cinco semanas y continúa con su día a día sin borrar la sonrisa de su rostro. «No tengo palabras para agradecerle a este equipo sanitario todo lo que ha hecho y sigue haciendo por mí. Estos profesionales siempre han estado disponibles para aclarar mis dudas y me he sentido muy acompañada en todo momento», dice con emoción.

Centro de excelencia

Desde finales de 2024, la unidad de Diálisis Peritoneal del servicio de Nefrología del Hospital Doctor Negrín cuenta con la distinción de centro de excelencia en la implantación de catéteres peritoneales.

El programa de diálisis peritoneal comenzó su andadura en 1982, en el antiguo Hospital Nuestra Señora del Pino, y ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Tanto es así, que la experiencia acumulada ha permitido que cada vez más nefrólogos del centro aprendan a implantar los catéteres ellos mismos, en lugar de depender de cirujanos, como sucede en muchos otros hospitales. Además, el reconocimiento ha convertido al complejo grancanario en referente para la formación de equipos de Nefrología de otros centros nacionales y europeos en la técnica de Seldinger.

Tal y como indica la doctora Patricia Pérez, jefa del servicio de Nefrología del Hospital Negrín, los especialistas del centro implantan cada año entre 65 y 70 catéteres, una cifra elevada, si se tiene en cuenta que el área que asume el complejo –el norte de la Isla– no alcanza los 500.000 habitantes.

El equipo implanta una media de 70 catéteres cada año para poder recibir la terapia en casa

La técnica se lleva a cabo por medio de un procedimiento intervencionista que contempla una metodología muy protocolizada. «La implantación es muy sencilla. «Pinchamos la cavidad abdominal con una guía y, a través de ella, se deja pasar el catéter, que queda colocado en el interior de esta cavidad. El proceso suele durar entre una hora y media y dos horas», detalla la facultativa, que además informa de que el catéter solo se sustituye si provoca problemas, o bien, si se produce una infección recurrente que no responde al tratamiento antibiótico.

Por lo que respecta a las ventajas de la diálisis peritoneal frente a la hemodiálisis, la responsable del servicio resalta que permite mayor flexibilidad y una mayor conciliación con la vida diaria. «Se realiza en casa, generalmente a lo largo de la noche, lo que facilita dormir y mantener la actividad laboral y personal. En hemodiálisis, en cambio, el paciente debe acudir al centro en horarios fijos, durante cuatro horas. El tratamiento es más intensivo, lo que causa más cansancio y exige restricciones en la dieta e ingesta de líquidos», señala la profesional.

La selección de los candidatos a la diálisis peritoneal comienza con un proceso de información y formación dirigido por el equipo de enfermería, que expone las distintas opciones terapéuticas y evalúa cada caso. Después, los médicos completan la valoración y resuelven de nuevo las posibles dudas. «La decisión final la toman los pacientes, tras recibir toda la información y analizar su entorno personal y sus preferencias», apunta la nefróloga.

Para la especialista, es esencial mantener los estándares de atención. Por esta razón, entre los retos de su servicio destaca la importancia de asegurar la estabilidad de la cifra de pacientes y de formar a nuevos profesionales. «Todo ello exige un esfuerzo muy importante por parte de toda la plantilla», concluye.

Diabetes y fallo renal

El 50% de los pacientes del Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín que reciben algún tipo de diálisis padecen diabetes, sobre todo tipo 2. Así lo manifiesta la doctora Patricia Pérez, jefa del servicio de Nefrología de este centro. Solo el 10% sufre poliquistosis renal. Ahora mismo, en el complejo de referencia del área norte de Gran Canaria se encuentran en tratamiento de diálisis 450 personas. Gracias a la solidaridad de los donantes de las Islas, la espera para recibir un riñón ronda el año.

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