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Los hitos kilométricos de nuestras carreteras: historia de señales olvidadas

Las señales siguen ahí pero el GPS, Google Maps y los sistemas de navegación las han vuelto invisibles; muchos conductores ya ni las miran, pero son esenciales para las emergencias y la gestión del tráfico

Miliario construido durante el Imperio Romano (a la izquierda) y Mojón en la carretera nacional 340 (derecha)

Miliario construido durante el Imperio Romano (a la izquierda) y Mojón en la carretera nacional 340 (derecha)

José María Hernández

Desde que surgió el Imperio Romano, en el siglo I a.C. se puso en marcha un largo periodo de expansión, dominio y estabilidad en los nuevos territorios ocupados por Roma. Los poderosos emperadores concentraban el poder político, militar y religioso en todo ese extenso espacio que se iba conquistando. Con inteligencia y sentido práctico de su misión tenían claro que era estratégico y prioritario la construcción de calzadas romanas que unieran esas nuevas tierras con la capital del Imperio, Roma. Así se conseguía llevar a cabo funciones esenciales tales como administrar el Imperio, cobrar impuestos y desplazar los ejércitos de forma rápida allí donde fuera necesario.

Con este propósito, construyeron una extensa red de calzadas en la que «todos los caminos conducían a Roma». A su vez, con esas vías, se facilitaba el comercio de mercancías en todas direcciones y se fomentaba la comunicación regional entre los territorios ocupados.

Para el control de esas calzadas y estudiar los desplazamientos por ellas, los romanos fueron pioneros en el concepto de marcar y señalizar esos itinerarios. Construyeron miliarios (del latín mille passus, 1.000 pasos=1,48 kilómetros) a lo largo de sus calzadas como el que aquí se muestra. Eran columnas cilíndricas o prismáticas de granito o mármol colocadas a ambos lados de las grandes calzadas y que sucesivamente indicaban la distancia a Roma o la ciudad principal de la cual partía; también mostraban qué emperador había construido o reparado la vía. Eran símbolos del poder imperial y se colocaron en todos los caminos. La Península Ibérica tuvo la fortuna de heredar una de las redes viarias más densas del Imperio Romano.

Con la caída del Imperio Romano, muchas calzadas siguieron usándose, pero sin mantenimiento sistemático. Los hitos desaparecieron y en su lugar surgieron referencias visuales más imprecisas como «una jornada de camino», cruces de vías, iglesias, posadas, árboles singulares, etc. El viajar era más una experiencia que un cálculo.

Al final de la Edad Media, en España y otros reinos empiezan a normalizarse los caminos reales y aparecen mojones de piedra que marcan leguas o límites administrativos. En Canarias, desde la llegada de los castellanos a finales del siglo XIV, hasta mitad del siglo XIX, los pueblos que surgieron estaban mal conectados y aislados entre sí. No había carreteras y solo existían senderos y caminos abruptos donde con bestias o a pie se realizaba el transporte de viajeros, productos agrícolas y explotaciones forestales. Los gobernantes de entonces, sólo exigían a esos caminos que «debían de tener la anchura mínima para que pudiera pasar un caballo cargado con un serón de azúcar sin peligro». El complicado relieve y las escasas inversiones en infraestructuras presentaban un panorama desolador y Canarias se hallaba entre las regiones más atrasadas de todo el Estado en cuanto a vías de comunicación.

Señal oculta entre plantas decorativas en un parterre.

Señal oculta entre plantas decorativas en un parterre. / La Provincia

¿Qué fue lo que ocurrió después de casi 400 años de abandono en las comunicaciones terrestres de Canarias? En 1851, se aprueba una ley por la que el Estado se compromete a financiar las mejoras de las comunicaciones terrestres de las islas. Se aprueba también la Ley de Expropiaciones y, tras la creación de la Escuela de Ingenieros de Caminos en 1802, se destinan a las islas los primeros titulados. Los ingenieros de caminos desarrollaron una actividad frenética en la modernización de las comunicaciones terrestres insulares que ahora disfrutamos. A la vez que se iban construyendo las nuevas carreteras se señalizaban las distancias con nuevos hitos o mojones.

Tras la Revolución Francesa se impulsa el sistema métrico decimal y se impone oficialmente el kilómetro en casi toda Europa incluyendo a España. Las carreteras se numeran y se ordenan desde un kilómetro 0. Se instalaron al principio hitos de piedra tallada, de hormigón o de hierro fundido.

En Canarias, con el Plan Peña, se instalaron, desde mediados del siglo XX, mojones de diseño clásico, rojo o blanco con un sombrerete rojo, verde o amarillo según la categoría de la carretera. Proliferan por todas las calzadas de la islas y detallan la distancia al principio de la carretera o kilómetro 0 que suele ser estar en el centro de una ciudad.

Con el auge del automóvil en la segunda parte del siglo XX, los hitos se hacen más pequeños, frecuentes y visibles a alta velocidad. En la señalética aparecen postes metálicos, señales reflectantes y puntos kilométricos cada 100 metros y se prioriza la seguridad vial sobre la estética. El hito deja de ser monumental y se vuelve funcional.

Hoy vivimos una paradoja: los hitos siguen ahí pero el GPS, Google Maps y los sistemas de navegación los han vuelto casi invisibles. Muchos conductores ya ni los miran, pero aún así siguen siendo esenciales para las emergencias, el mantenimiento y la gestión del tráfico. Han pasado a ser con el tiempo desde símbolo del poder imperial en la época romana a un apoyo silencioso, pero necesario, de la era digital.

Los responsables del Cabildo de Gran Canaria decidieron pintarlos de blanco, para que pasasen lo más desapercibido posible, evitándole al usuario de la vía el ver dos referencias distintas que podrían prestarse a confusión, al no coincidir lo que indica la señal «moderna» con el hito antiguo. Proponemos que se convierta el hito antiguo en un elemento «decorativo» del territorio dejando, debidamente difuminada, la parte del mismo que pudiera contribuir a crear algún tipo de peligrosidad para la circulación.

Aquí tenemos ejemplos de estas populares señales tratadas sin ninguna consideración, sin sus colores originales e incluso una de ellas parece una planta decorativa de un parterre. Resulta lamentable la desconsideración que se tiene de tales mojones donde el vandalismo o la ignorancia los maltratan por no valorar lo que representan.

Los hitos antiguos de nuestras carreteras deben conservarse, porque además del interés histórico que tienen, son el soporte físico de toda la información administrativa existente desde que se instalaron. Son pequeños objetos cargados de historia y los que aún se conservan deberían preservarse y atenderlos como patrimonio histórico de la época inicial del desarrollo de nuestros vehículos motorizados.

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