Cabreo en Gran Canaria: el selfie que pisa las Dunas de Maspalomas
Decenas de turistas ignoran las prohibiciones en plena reserva natural este 9 de abril, agravando el deterioro de uno de los paisajes más frágiles del archipiélago


Hay lugares donde el silencio debería imponerse por respeto. Donde cada paso cuenta. Donde la belleza no se toca, se contempla. Las Dunas de Maspalomas, en el sur de Gran Canaria, son uno de esos espacios. Y, sin embargo, este jueves 9 de abril, volvieron a convertirse en escenario de una escena que se repite con demasiada frecuencia: turistas caminando donde no deben, atravesando límites visibles, buscando la foto perfecta sin reparar en lo que pisan.
No es solo una imagen. Es un síntoma.
Las fotografías difundidas en las últimas horas muestran a decenas de personas dispersas sobre el sistema dunar, más allá de las cuerdas y los postes que delimitan el paso. No hay confusión posible: las señales están, los caminos están, las normas están. Lo que falta, a juzgar por lo ocurrido, es voluntad de respetarlas.
Y ahí es donde nace el cabreo.
Porque lo que para algunos es una instantánea efímera, para otros es un deterioro constante. Un desgaste lento, casi invisible a simple vista, pero acumulativo. Cada pisada fuera del sendero compacta la arena, rompe el delicado equilibrio del terreno y daña la vegetación que sostiene las dunas. No es un impacto inmediato, no es un daño espectacular. Es algo peor: es progresivo.

Invasión en las Dunas de Maspalomas / La Provincia
El sistema dunar de Maspalomas no es un decorado. Es un organismo vivo, en movimiento, moldeado por el viento y sostenido por un equilibrio frágil entre arena y vida vegetal. Alterar ese equilibrio, aunque sea mínimamente, tiene consecuencias.
Y esas consecuencias ya están aquí.
La erosión avanza, la arena se pierde y el paisaje cambia. Por eso, en los últimos años, se han intensificado las medidas de protección: senderos delimitados, carteles en varios idiomas, campañas informativas, vigilancia. Incluso proyectos de restauración como el desarrollado para recuperar el flujo natural de arena. Todo con un objetivo: conservar lo que aún se puede conservar.
Pero hay algo que ninguna infraestructura puede controlar del todo: la decisión individual.
Las imágenes de este 9 de abril no muestran desconocimiento. Muestran indiferencia. Personas que cruzan las cuerdas, que caminan sobre las crestas de las dunas, que se detienen en zonas restringidas. No porque no sepan, sino porque eligen hacerlo.
El motivo, casi siempre, es el mismo: una foto.
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