Valsequillo
Una casa en el árbol, cinco habitaciones y naturaleza pura: así es el refugio mágico de Cathaysa en Valsequillo
El alojamiento abrió sus puertas tras la pandemia de la Covid-19 y se distingue por su ambiente familiar, su conexión con el entorno natural y una oferta pensada para la desconexión, con piscina, animales y espacio para los más pequeños

Lo que para muchos fue durante el Covid-19 un periodo de tensión, incertidumbre y confinamiento en sus hogares, para otros supuso una oportunidad para reconectar con la naturaleza y disfrutar del tiempo en familia al aire libre. Eso sí, disponer de una vivienda con terreno y espacio verde marcó la diferencia, ya que sin ello la experiencia se volvía mucho más restrictiva. En ese contexto, Cathaysa Martel, vecina de Valsequillo, contaba precisamente con una casa de estas características. El tiempo libre durante aquellos meses de cuarentena, unido a la tranquilidad y la paz que le transmitía su entorno, fue el punto de partida de una idea que acabaría yendo un paso más allá: la creación de un refugio en Las Vegas de Valsequillo junto a su marido. Un proyecto que comenzó como un espacio pensado para familiares y amigos, con habitaciones de madera y hasta una casa del árbol, y que terminó convirtiéndose en un pequeño enclave de desconexión en plena naturaleza.
Una de las primeras ideas que surgió en la mente del marido de Cathaysa, al observar uno de los árboles de la finca, fue la de construir la típica casa del árbol que aparece en las películas y convertirla en un espacio mágico para sus hijas. Sin duda, este fue el punto de partida del proyecto del refugio, que con el tiempo acabaría tomando forma como un rincón especial en plena naturaleza. Sin demasiada experiencia en construcción, y con la ayuda de vídeos y tutoriales de YouTube, la familia comenzó a materializar con imaginación y cariño las casitas y pequeñas cabañas. Un proceso en el que participaron todos los miembros de la familia y que se convirtió, además, en una forma de compartir tiempo y momentos juntos.
Cinco habitaciones
El refugio mágico de Las Vegas, como han decidido llamarlo, cuenta actualmente con cinco habitaciones de lo más peculiares y atractivas, que transmiten paz y tranquilidad y una conexión directa con la naturaleza. Además de espacios tematizados como la casa del árbol, dispone de baños privados con una estética acorde al entorno, piscina y un trampolín para los más pequeños. El alojamiento se completa con animales que forman parte de la familia y que se encuentran en los alrededores, convirtiéndose en una parte esencial de la experiencia en el refugio.

Una de las habitaciones del refugio. / José Carlos Guerra
Cathaysa y su familia han ido experimentando con los diseños de las habitaciones y con el espacio exterior, ya que nunca han seguido un proyecto cerrado ni se han ceñido a una idea concreta, sino que han dejado que la imaginación marcara el rumbo. Así, el refugio continúa en evolución y aún queda por completar una nueva estancia inspirada en la casa del Hobbit, cuya finalización, prevista inicialmente para estas fechas, se ha retrasado debido a las lluvias de los últimos meses.
Sin lujos
«Cuando abrimos, en la época del Covid-19, el refugio y venía un huésped, cerrábamos todas las habitaciones y dejábamos solo la suya abierta para que estuviera más cómodo. El objetivo nunca fue hacernos ricos, sino crear un espacio diferente, con pocas plazas, donde la gente pudiera disfrutar», explica la propietaria.

El baño de una de las habitaciones. / José Carlos Guerra
Los primeros huéspedes fueron isleños que, tras finalizar la cuarentena, buscaban una forma diferente de desconectar sin salir de la isla y respirar el aire del campo. Con el paso del tiempo, el refugio comenzó a atraer también a visitantes nacionales. «Para nosotros era muy impactante pensar que alguien llegaba al aeropuerto de Gran Canaria y venía directamente a alojarse aquí», comenta Cathaysa con una sonrisa. «Hace poco vino una turista de La Toscana y se fue encantada con el refugio. Para mí fue muy especial, porque que alguien que viene de un lugar tan mágico valore esto es increíble», añade.

La sauna ubicada en el refugio. / José Carlos Guerra
Desde que la familia se embarcó en este proyecto, aprovechan cualquier oportunidad para viajar y alojarse en espacios similares al suyo, con el objetivo de conocer otras propuestas desde la perspectiva del huésped y seguir mejorando la experiencia que ofrecen, ya que, probablemente, se trata de un alojamiento único de estas características en la isla.
«Esto no es un sitio de lujo si lo que buscas es máxima comodidad o modernidad. Pero si para alguien el lujo es convivir con la naturaleza, con los animales y con mi familia, entonces este es el lugar adecuado», explica la propietaria. Cathaysa subraya además que abre las puertas de su propia casa, ya que la familia está siempre presente en la finca, cuidando de los animales -como el burro- y pendiente de que los huéspedes disfruten de una estancia lo más agradable posible en Las Vegas de Valsequillo.
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