Gran Canaria desde el cielo tras cuatro meses de lluvias
El pasado marzo ha sido el más húmedo de la historia por el paso de la borrasca Therese, que junto a Claudia, Emilia, Francis, Ingrid y Regina han dejado 36 presas rebosantes de agua y una recarga de los recursos subterráneos
Las presas de Gran Canaria, llenas tras el paso de Therese, vistas desde el aire / José Carlos Guerra

Claudia, Emilia, Francis, Ingrid, Regina y, especialmente, Therese. Desde noviembre hasta marzo, con la excepción de febrero, seis borrascas han empapado a Gran Canaria con lluvias intensas, persistentes y por encima de lo habitual, dejando durante ese periodo un acumulado de 264,4 metros cúbicos (170% por encima de lo normal), el sexto más húmedo en la provincia de Las Palmas, además de 36 presas rebosantes de agua en la Isla y una recarga de los recursos subterráneos, con una subida en 100 metros del nivel freático.
A vista de pájaro, desde una avioneta en la que La Provincia ha sobrevolado Gran Canaria, el verde domina el espectacular paisaje salpicado de un mosaico de embalses. Desde las cumbres hasta la charca de Maspalomas, las imágenes muestran espejos de agua que almacenan seguridad para el sector agrícola, rodeados por una hierba fresca que abraza los pinos, mientras aún queda algún cauce por el que siguen discurriendo, delgadas, las últimas escorrentías. Rebosante de humedad y con sus acuíferos en plena recarga, el ciclo de lluvias ha sido un bálsamo para la Isla.
Gran Canaria encaraba el otoño pasado con sus reservas de agua en mínimos históricos después de más de una década de sequía. "Estábamos en un escenario muy precario, pensando incluso en sacrificar algunas parcelas más viejas y dejar los frutales más jóvenes. Había muy poca agua y los recursos en la zona eran mínimos", recuerda Luis Ventura, miembro de la heredad de Tunte, que como actividad secundaria cultiva albaricoques y olivos en San Bartolomé de Tirajana. Sin embargo, nunca llegó a declararse la emergencia hídrica porque las desaladoras mitigaban la escasez de agua de lluvia para los agricultores, aunque a un precio mayor por el coste energético.

Las presas de Gran Canaria, llenas tras el paso de Therese, vistas desde el aire / José Carlos Guerra / LPR
La llegada de la borrasca Claudia en noviembre alivió la sed de la tierra. En la provincia de Las Palmas se recogieron 30,6 milímetros, un 115% de lo esperado, con lluvias concentradas en dos periodos claros: entre los días 5 y 11 y, de nuevo, del 20 al 22, según la Agencia Estatal de Meteorología. Las estaciones de Gran Canaria Cuevas del Pinar (San Bartolomé de Tirajana) y Corral de los Juncos (San Mateo) rozaron los 90 litros por metro cuadrado el día 13 de noviembre. Precisamente en la zona alta de San Mateo se registró la cuarta mayor concentración de lluvias acumuladas durante un mes del Archipiélago, con 194,2 mm tras 14 días de lluvia; mientras que Valleseco sumó 105,8 mm por hasta 17 jornadas con precipitación continuada.
Tres días de lluvias constantes
Bajo la influencia de la borrasca Emilia, el mes de diciembre se situó como el noveno más húmedo desde 1961, con 72,8 milímetros de media en la provincia (189% por encima de lo normal). Las lluvias fueron constantes entre el 12 y el 14, cuando se registraron tormentas y hasta granizo en cumbres. En ese episodio, Corral de los Juncos alcanzó los 150,4 litros el 13 de diciembre, el valor más alto de todo el Archipiélago ese día, seguido de Cruz de Tejeda, con 131,8 litros.
Al cierre del mes, Valleseco concentró el mayor registro de las islas, rozando los 300 litros por metro cuadrado tras 18 días de lluvia. También fue significativa la estación de Tejeda, que alcanzó 210,1 milímetros en 15 jornadas, de Agaete, que sumó 150 litros por metro cuadrado en 16 días, y los observatorios de Tafira, en Las Palmas de Gran Canaria, que superaron los 109 litros mensuales con entre 16 y 18 días de precipitaciones.
Enero mantuvo esa dinámica con el paso de las borrascas Francis e Ingrid. Fue un mes muy húmedo en comparación a la serie histórica, con una precipitación media de 48,9 mm en la provincia de Las Palmas, lo que supone un 190% del valor esperado. Entre el 1 y el 7 se concentraron precipitaciones generalizadas. En 24 horas, la estación Teror-Osorio alcanzó el máximo registrado en Gran Canaria con 50,6 litros por metro cuadrado el día 5 de enero. En el cómputo mensual, Teror-Osorio (208,6 mm) y Valleseco (213,2 mm) superaron las veinte jornadas de lluvia, mientras que la estación Corral de los Juncos alcanzó los 229 milímetros, el valor más alto del Archipiélago, por 18 días con precipitaciones.

Las presas de Gran Canaria, llenas tras el paso de Therese, vistas desde el aire / José Carlos Guerra / LPR
La secuencia se interrumpió en febrero, con un mes seco en términos generales al registrar apenas el 44% de las precipitaciones previstas en la provincia de Las Palmas. Las lluvias se concentraron en los últimos días, entre el 25 y el 28, con registros puntuales como los 52,8 litros por metro cuadrado en San Mateo el día 26, pero sin continuidad suficiente para alterar el balance acumulado.
Isla verde
Desde febrero, la isla ya lucía una estampa reverdecida, con finas escorrentías deslizándose por los montes y barrancos y unas presas públicas que alcanzaban el 17,5% de su capacidad, suficientes para garantizar el riego durante dos años. Sin embargo, ese cambio de ciclo, que ya servía para revertir la sequía, aún no había alcanzado su punto álgido. Durante los primeros días de marzo llegó Regina, que tiñó con un manto blanco helado las cumbres de las Islas y dejó precipitaciones significativas. Tras su paso y con la llegada de la primavera se preveía un clima más seco, pero un fenómeno singular e inestable se posaría sobre el Archipiélago durante una semana.
La Aemet explica que la ciclogénesis de la borrasca Therese comenzó a gestarse a partir del día 17 con la formación, al oeste del Archipiélago, de un vórtice en altura, es decir, una bolsa de aire frío en las capas altas de la atmósfera que favorece la inestabilidad, que coincidió con la aproximación desde el norte de una vaguada, que trae consigo nubes, lluvias y tormentas, y también provoca una alta inestabilidad.
El primer frente, debilitado, cruzó Canarias el día 18, mientras que un segundo, más activo y organizado, llegó el día 20. A partir de ese momento, la situación se volvió más persistente: la entrada de vientos del suroeste, cálidos y cargados de humedad, siguió alimentando la borrasca en capas bajas y medias, mientras el aire frío en altura mantenía la inestabilidad. El resultado fue un episodio prolongado de precipitaciones intensas, con sucesivas líneas de tormenta que se extendieron desde el 21 hasta el 26 de marzo.

Las presas de Gran Canaria, llenas tras el paso de Therese, vistas desde el aire / José Carlos Guerra / LPR
El marzo más húmedo de la historia
La borrasca Therese ha provocado que el pasado mes de marzo haya sido el más húmedo de la serie histórica, desde 1961. De hecho, algunas zonas recibieron más lluvia en siete días que en años completos. Solo el 24 de marzo, la estación de Corral de los Juncos acumuló 122,4 litros por metro cuadrado, el quinto dato más alto del Archipiélago. En Valleseco y Osorio-Teror vieron llover durante 21 días. Y en el acumulado mensual, Corral de los Juncos registró 534,2 mm, el segundo dato más alto de las Islas; seguido de Cuenvas del Pinar, con 443,6 mm y, en quinta posición, Las Tirajanas, con 408,2 mm.
Aunque las precipitaciones cayeron repartidas por toda la isla, los embalses de las cumbres y las zonas altas del oeste y el sur recogieron las mayores cantidades de precipitaciones, provocando que corrieran con brío las escorrentías y los barrancos hasta el mar. En conjunto, los embalses almacenan unos 39 millones de metros cúbicos, con 36 presas llenas o aliviando. En el caso de las infraestructuras públicas del Consejo Insular de Aguas, el volumen pasó de 1,8 a casi 8 millones de metros cúbicos en apenas un mes, hasta rozar el 75% de su capacidad total.
Las presas de Ayagaures, Gambuesa, El Mulato, Candelaria, Fataga y Vaquero han alcanzado el 100% de su capacidad. Chira, por su parte, pasó de un 8,2% a más de la mitad. Además, la alta densidad de embalses en la isla, con 168 en 1.500 kilómetros cuadrados, también ha permitido que funcionaran como contención para evitar daños mayores a núcleos de población ubicados en los litorales. Sin embargo, la intensidad de la borrasca generó daños cifrados en 28 millones de euros por el Cabildo, principalmente en carreteras que quedaron derruidas y aún hay personas incomunicadas por sus efectos adversos.
Agua subterránea
La presa de Tirajana o La Sorrueda, con capacidad de 3,1 millones de metros cúbicos, aún está aliviando agua. De carácter privado, pertenece a la heredad Acequia Alta de Sardina del Sur y Aldea Blanca (Santa Lucia de Tirajana), de la que Juan Morales es empleado. "El embalse está cerrado porque no necesitamos agua, ya hay en el subsuelo. Mientras haya agua subterránea no es necesario tirar del embalse", explica. Propietarios de minas desde el siglo XVIII, Morales recuerda que una de estas estructuras incluso recoge las aguas "que escapan del embalse, osea, que aquí no se despedicia nada".
Antes de noviembre, Morales asegura que la presa "estaba muerta", es decir, que apenas conservaba un volumen residual de agua que no podía aprovecharse al quedar por debajo del nivel de las tomas de fondo y los desagües. Después fue subiendo lentamente, porque el agua que ha caído ha sido de recarga, es decir, que ha sido serena, no ha generado grandes escorrentías y se ha ido filtrando lentamente. Y Therese la llenó", relata.
Para la heredad, el llenado supone "un gran alivio", principalmente porque ahora disponen de recursos subterráneos, que es "agua de mayor calidad y menor precio", en comparación a la que producen las desalinización. Y, también porque ahora cuentan con un recurso de seguridad en el embase que les puede durar durante cuatro años "si se hace un consumo eficiente", matiza Morales, del que solo harán uso cuando descienda el caudal de las minas.
Precios estables
Sin embargo, para las zonas altas el precio del agua apenas ha variado desde principios de siglo. Yeray Melián, de la comunidad de regantes de Valsequillo, explica que en algunos puntos del municipio se mantiene prácticamente igual desde 2002: “Aproximadamente, 1 euro el metro cúbico; 36 euros la hora de agua”. Aunque el suministro del Consejo Insular resulta más económico, matiza que “a nosotros no nos llega toda la que quisiéramos por nuestra ubicación”, dice Melián, quien matiza que "a veces no es tan importante el precio, sino la seguridad de tener agua".
En este sentido, Melián detalla la importancia de contar con el recurso. “La lluvia significa tres cosas: una es que inmediatamente dejamos de regar y nos ahorramos dinero, porque podemos sacar los cultivos de invierno sin gastar. Dos: somos capaces de acumular agua que nos hará falta para el verano. Y el tercer punto positivo es que el acuífero se recarga”, explica.
Las principales fuentes de la comunidad son los pozos y las galerías, es decir, el recurso subterráneo, aunque también cuenta con depósitos, estanques y balsas. De hecho, las lluvias no solo han rebosado los recipientes superficiales, sino que han puesto de manifiesto la necesidad de reparar las infraestructuras que están en desuso. "Ha sido un recordatorio de que tenemos que seguir trabajando para que nuestras infraestructuras estén al día e incluso incrementarlas”, agrega Melián.
Gestión del agua
Además, las prolongadas sequías han hecho que el sector sea prudente con la gestión propia del agua. Ventura comenta que la heredad de Tunte a implementado desde hace años el buen uso del agua, "con sistema de riego por goteo" depósitos propios para las fincas". Por ello, vaticina que las lluvias recogidas en San Bartolomé de Tirajana pueden durar hasta tres años mientras aprovechan el caudal del recurso subterráneo en el pozo que tienen en propiedad además de los aprovechamientos en el barranco, que incluso "ahora sigue emanando agua".
Para Ventura, "las lluvias han supuesto una inyección de vida", al pasar de un escenario en el que prácticamente se planteaba sacrificar árboles por la sequía. "Desde las primeras lluvias ya era positivo; en el sur estamos preparados para recoger las gotas que nos lleguen y este año ha sido algo excepcional", apunta Ventura, quien no esconde su deseo de que "vengan otros años buenos de lluvia, que sigan viniendo Thereses".
Tras el paso de la borrasca Therese volvieron los alisios y un tiempo más estable durante varios días, un paréntesis que duró poco. A partir del 31 de marzo, la posición del anticiclón atlántico, desplazado al noroeste de la Península, favoreció la llegada de calima y de un repunte de las temperaturas. El patrón volvió a cambiar a partir del 8 de abril, con la presencia de una borrasca fría al norte-noreste de Lanzarote que ha condicionado la situación meteorológica en Canarias, especialmente en las islas orientales y centrales. Este nuevo episodio ha dejado durante el fin de semana lluvias débiles y chubascos, junto a un empeoramiento del estado de la mar, con olas que superan los cuatro metros, y rachas de viento que han alcanzado los 70 kilómetros por hora.
Suscríbete para seguir leyendo
- Sara Carbonero suma una nueva ilusión en Canarias: así es la tienda que acaba de abrir en Gran Canaria
- El primer premio de la Lotería Nacional cae en Gran Canaria
- El Grupo Lopesan proyecta un hotel de mil habitaciones y 300 millones en Meloneras
- Abraham El Jaber, 91 años y sigue al pie del mostrador en una de las tiendas históricas de Arucas
- La solución al gran atasco de la GC-1 en Telde ya tiene fecha de inicio
- Cazado en Gran Canaria un conductor que realizaba transporte ilegal de viajeros desde el aeropuerto
- La primera guagua eléctrica interurbana conectará Las Palmas de Gran Canaria con Gáldar
- La Bonoloto deja uno de sus premios más importantes en Gran Canaria
