Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Medio Ambiente

El drago de Gran Canaria, una joya botánica que se resiste a desaparecer

El nuevo plan de recuperación para el drago de Gran Canaria, dotado con más de un millón de euros, busca aumentar la población de esta especie endémica de los actuales 65 ejemplares a un mínimo de 300

Drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae).

Drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae). / Marco Díaz-Bertrana

Las Palmas de Gran Canaria

En las paredes verticales de los barrancos de Tauro, Fataga o Vicentillos, allí donde el vértigo dicta las normas, resiste un superviviente silencioso. No es un árbol del paisaje cotidiano ni un emblema reconocible a simple vista: es un endemismo canario y cuya existencia pende hoy de unos pocos riscos del sur. Se trata del drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae), una de las joyas más frágiles y desconocidas del patrimonio natural de la isla para la que el nuevo plan de recuperación abre una vía de esperanza.

Canarias es, por derecho propio, el mayor punto caliente (hotspot) de biodiversidad de la Unión Europea y la región con más endemismos de España. Sin embargo, esta riqueza conlleva una fragilidad extrema. «Las especies no se extinguen de hoy para mañana, pero este drago lleva sufriendo embates ambientales y falta de reproducción natural desde hace muchísimo tiempo», advierte Juli Caujapé Castells, director del Jardín Botánico Canario "Viera y Clavijo".

El objetivo del Plan de Recuperación es aumentar la población en más de un 350%

Alcanzar los 300 dragos

Su presencia en la isla es tan escasa como dispersa. Las poblaciones conocidas se concentran principalmente en el sur y suroeste, en enclaves abruptos que van desde el barranco de Fataga hasta los sistemas de Tejeda y La Aldea, con núcleos especialmente relevantes en Tauro y en los barrancos de Fataga y Vicentillos. Son hábitats extremos, caracterizados por paredes rocosas, suelos pobres y una fuerte exposición a la aridez, donde el drago ha encontrado refugio frente a la acción humana, pero también un límite natural a su expansión. Asimismo, como recuerda Caujapé, los dragos técnicamente no son árboles, sino monocotiledóneas de porte arborescente como es el caso de palmeras, yuccas o plataneras.

Tras años de gestación, el 17 de marzo se oficializó el Plan de Recuperación de la especie, dotado con 1.095.607 euros. El objetivo es ambicioso: pasar de los escasos 65 ejemplares censados a una población mínima de 300. Esta cifra no es azarosa. Según Caujapé, permitiría amortiguar las amenazas que la acechan. El plan contempla el refuerzo de núcleos con 240 ejemplares de vivero, la creación de nuevas poblaciones y la delimitación de 1.754 hectáreas como áreas críticas. En este proyecto, el director defiende que el Jardín Canario ha jugado un papel fundamental aunque no solo en la recuperación de esta especie, sino de otras en extremo peligro de extinción, como la yerbamuda de Jinámar (Lotus kunkelii), o de menos amenazadas, como el cedro canario (Juniperus cedrus) o el acebuche (Olea cerasiformis), entre otras.

Drago Gran Canaria (2)

Drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae). / Marco Díaz-Bertrana

El aislamiento y la herbivoría, entre sus principales amenazas

El drago de Gran Canaria ha llegado al borde del abismo por la convergencia de varios factores que, en una especie ya de por sí escasa y aislada, resultan devastadores. Por un lado, su propia distribución en riscos y barrancos muy abruptos lo expone a desprendimientos, vendavales y episodios de sequía extrema que pueden acabar incluso con ejemplares adultos. Por otro, la presión de cabras asilvestradas y conejos compromete especialmente la supervivencia de los individuos jóvenes, más tiernos y, por tanto, más vulnerables a la herbivoría. A ello se suma un problema decisivo: en las dos últimas décadas apenas se ha producido reclutamiento natural efectivo en las poblaciones silvestres, es decir, no están entrando nuevos ejemplares que garanticen el relevo generacional.

De ahí que la respuesta no pueda improvisarse. «Conservar la biodiversidad solo puede hacerse a través del conocimiento que suministra la ciencia y la investigación», subraya Caujapé, que advierte además de que las plantaciones impulsadas por particulares, aunque nazcan de la buena intención, pueden comprometer la trazabilidad genética de una especie tan delicada.

Similitudes con dragos de la Macaronesia

Tal y como destaca el director, la especie es una «caja de sorpresas» evolutiva. Durante décadas se pensó que era simplemente el drago común que había colonizado zonas difíciles. No fue hasta que se analizaron semillas recogidas mediante técnicas de escalada que se confirmaron sus diferencias morfológicas y genéticas. Contrario a las primeras hipótesis que lo vinculaban con especies del este de África, estudios genéticos publicados por el Jardín Botánico en 2021 sugieren que está más emparentado con los dragos de la Macaronesia (Marruecos y Cabo Verde), al igual que con el Dracaena draco subsp. draco que hay en Canarias. Además, a diferencia de otras especies, el drago no tiene anillos de crecimiento, lo que hace que su edad exacta sea un misterio fascinante.

«Conservar la biodiversidad solo puede hacerse a través del conocimiento que suministra la ciencia y la investigación»

Juli Caujapé Castells

— Director del Jardín Botánico "Viera y Clavijo"

Más allá de los datos científicos y las cifras del plan, el reto es también cultural. El drago de Gran Canaria no forma parte del imaginario colectivo como otros símbolos naturales del Archipiélago, en parte porque crece lejos de la mirada cotidiana, en enclaves inaccesibles donde solo la ciencia y la conservación llegan con regularidad. Esa invisibilidad ha jugado en su contra durante décadas. Sin embargo, su valor es incuestionable. Cada ejemplar concentra miles de años de evolución en aislamiento, adaptado a condiciones extremas y a un territorio que ha moldeado una biodiversidad única en el planeta. En ese sentido, el drago de Gran Canaria no es solo una especie en peligro: es un archivo vivo de la historia natural de la isla.

Reconstruir la especie con planificación y continuidad

El plan de recuperación introduce, además, una idea clave: la conservación no es únicamente proteger lo que queda, sino intervenir con criterio para garantizar su futuro. Por eso, las actuaciones previstas —desde la instalación de riegos de apoyo hasta la creación de nuevos núcleos poblacionales— se diseñan bajo estrictos criterios científicos, teniendo en cuenta la proximidad genética y geográfica de los individuos. No se trata de aumentar números sin más, sino de reconstruir una especie funcional en su entorno natural.

Aun así, el tiempo es un factor determinante. Aunque la extinción no es inmediata, la inercia de décadas sin regeneración natural pesa sobre el futuro del drago. La ventana de oportunidad existe, pero no es indefinida. De ahí la importancia de actuar ahora, con planificación y continuidad. En paralelo, la implicación social sigue siendo fundamental. Los expertos insisten en que la mejor forma de contribuir a la conservación no es intervenir directamente, sino informarse, respetar los espacios naturales y seguir las indicaciones de los organismos competentes. En territorios insulares como Canarias, donde los ecosistemas son especialmente vulnerables, cada acción cuenta.

El drago de Gran Canaria no es solo una planta; es el auténtico patrimonio natural de la isla. Su supervivencia en el sur de Gran Canaria es el testimonio de una herencia milenaria que hoy, gracias a este plan científico y administrativo, tiene una oportunidad real de no convertirse en un simple recuerdo en los libros de botánica.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents