Santa Lucía de Tirajana
Rafael Sánchez, exgerente de la Mancomunidad del Sureste de Gran Canaria: "Los movimientos sociales del Sureste son ahora mismo un ejemplo en todo el mundo"
Después de 24 años al frente de la Mancomunidad, ‘Felo’ Sánchez recibe una distinción dentro de la I Feria del Agua y la Sostenibilidad de Santa Lucía de Tirajana por su ingente labor y aportación

Rafael 'Felo' Sánchez, recibe una distinción dentro de la I Feria del Agua y la Sostenibilidad de Santa Lucía de Tirajana, por su ingente labor y aportación. / LP/DLP

Recibe usted un reconocimiento por su labor al frente de la Mancomunidad.
Sí, y lo recibo con alegría. Vamos a ver, durante este periodo he tenido varias propuestas de algún reconocimiento, pero la realidad es que mi salud no me permitía nada de esto. Entonces me negaba a todas, incluso hubo una propuesta de nombrarme Hijo Predilecto en Ingenio, pero también me opuse, a pesar de que tenía el apoyo de varias organizaciones. Ahora ya digo que sí puedo aceptar esas cosas, si me corresponden claro, no por obligación. Y en este caso recibir ese reconocimiento por parte de Santa Lucía es la primera que digo que sí. Ahora me encuentro en condiciones para ir a un acto de este tipo. Y lo recibo con muchísima alegría y además, sinceramente, es un reconocimiento que a la misma vez reconoce a todas las personas que han trabajado conmigo para que esto haya funcionado.
El agua ha sido muy importante en la cultura de la Mancomunidad.
Sí, el agua es el eje central. Yo diría que la mancomunidad se crea por el grave problema hídrico que había en ese momento. No solo de la población, sino también de la agricultura. Recuerdo que en esa época había agricultores que cogían el agua del alcantarillado para regar porque no había otra. Entonces, la mancomunidad fue una revolución que implicó a tres ayuntamientos para solventar el problema del agua, pero también para hacer algo más importante que eso. Y es que en el caso de la agricultura, la Mancomunidad también aportó un agua que era para uso agrícola. ¿Qué conseguía con eso? Establecer un precio para todo el año. Hasta ese momento, los aguatenientes, es decir, los propietarios del agua, ponían el precio que les daba la gana y le daban el agua a quien les daba la gana. También le ponían el precio que querían. Entonces, cualquier agricultor no podía llegar a recoger sus papas porque no sabía si le iban a dar agua o si el precio era tan escandaloso, como lo fue en muchas ocasiones, que no podía regarlas. Es decir, de alguna manera se hizo digamos una revolución en el Sureste porque obligó a los aguatenientes a tener unos precios estables durante todo el año, porque si no estaba el agua de la Mancomunidad que tenía un precio y que valía lo mismo en enero, que en diciembre, que en el verano.
¿La Mancomunidad fue la que puso orden en todo eso?
Exactamente, y eso contribuyó al desarrollo agrícola. Eso creó una economía que hizo que los pueblos, sobre todo de costa, hablamos de Vecindario, Arinaga, Cruce Arinaga o Carrizal, fueran creciendo. Todas esas zonas crecieron al albur de la Mancomunidad.
Usted estuvo 24 años dirigiendo la Mancomunidad del Sureste. ¿Cómo lo ve ahora desde la distancia?
Bueno, de alguna manera es como cuando uno tiene un hijo o una hija. Es decir, lo quieres un montón, estás con él, quieres orientarlo un poco y todas estas cosas, pero llega un momento en que se independiza y tú vas por un lado y ellos por otro. Pues lo mismo es esto de la Mancomunidad. Yo ya acabé y ahí sigue, y me parece algo muy bonito. Ya no estoy tan al día. Yo lo empecé con el acuerdo de los alcaldes de aquel momento de Santa Lucía, Agüimes e Ingenio, porque hay que ser sincero, es decir, tú puedes tener propuestas, pero si los alcaldes no te las aprueban, no tiene sentido y los alcaldes también tienen sus propuestas. Entonces hay cosas que se crearon estando yo de gerente, como pueden ser la Feria del Sureste o el Seminario Internacional de Comarcas Sostenibles, que ahí siguen.
Muchas de sus ideas fueron premiadas a nivel internacional.
Bueno, yo digo que no son ideas mías, sino de la Mancomunidad, hay que ser sincero en este tema. Recuerdo defender en Londres que el premio no era un premio a la Mancomunidad, era a la población de la Mancomunidad, porque hay objetivos que cumple la gente. Por ejemplo, en el tema de materia de residuos. El que tengamos una comarca que tiene unos valores de recuperación de recogida selectiva impresionante o que en consumo de agua sean más prudentes y toda esta historias, eso es la población que lo está haciendo, y eso hay que agradecerlo. Entonces, no solo están los políticos que tienen una labor importantísima para decidir las directrices, sino también la población. La población es el último no solo beneficiado, sino artífice de los premios. Los movimientos sociales del sureste son un ejemplo ahora mismo en todo el mundo.
No solo era gerente de la Mancomunidad, sino también como ciudadano de Ingenio ha sido también testigo del desarrollo del Sureste.
Mira, yo estudié en el Instituto de Agüimes, el único que había desde Las Palmas de Gran Canaria hacia el Sur, porque en Telde había un centro de formación profesional, no un instituto. Pero los que íbamos al instituto de Agüimes teníamos amigos de Telde, de Agüimes, de Vecindario y de otras partes. Nosotros éramos como un pueblo ampliado. Tú tienes a tus amigos del barrio, de tu infancia y después tienes los amigos con los que vas creciendo, y no solo son los de tu pueblo, sino son los de más allá de tu municipio. Y recuerdo aún a muchos de ellos. Cuando me vine al Sureste, estaba de gerente en ese momento en Abengoa. Ahí yo ganaba un buen sueldo, hacía muchos proyectos, sobre todo a gente humilde, que siempre era mi cliente principal y con los que mejor me sentía, y también tuve otros muy importantes. Pues opté por la Mancomunidad y renuncié a esos proyectos y al buen sueldo que tenía para pasar a cobrar un sueldo humilde en la Mancomunidad del Sureste. Perdí bastante dinero para esa época. ¿Pero por qué lo hice? Porque yo estoy enamorado, estaba enamorado y sigo estando enamorado de la Mancomunidad del Sureste, de Agüimes, de Ingenio y de Santa Lucía, de los tres municipios, y me duele mucho cuando alguien habla mal de cualquiera de los tres municipios y me alegra mucho cuando hablan tan bien y merecidamente de los tres municipios.
¿A qué dedica ahora el tiempo libre?
Me tuve que salir de mi casa por razones de salud. Allí están viviendo ahora mis hijas y yo me fui a unos alpendres que teníamos en mi cercado y que habíamos restaurado hace años. Ahí vivo como si estuviera en una casa rural en el campo, con una pequeña huerta en la que hago alguna cosilla porque, la verdad, uno está limitado de movimiento, pero tengo mi huerta, mis perros, mis gallinas y mi gato. Estoy viviendo en la plena naturaleza y aislado del mundo. Algún amigo va por allí a echarse un café de vez en cuando pero vivo muy feliz.
¿Qué echa de menos?
Pues mira, no echo de menos nada. Estoy muy agradecido con la vida, con todo. Además, soy muy creyente y participo en temas de la iglesia. Son cosas que hago porque creo en ello, porque estoy emocionado, ilusionado, igual que cuando trabajaba en la Mancomunidad, con emoción y con ilusión.
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