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San Bartolomé de Tirajana

Los antiguos apartamentos Tagoror de Playa del Inglés ganan 18 habitaciones y será un hotel cuatro estrellas lujo

La reforma convertirá el viejo complejo de una llave en un establecimiento con 77 unidades alojativas con una inversión de 5,8 millones

Infografía de la recepción/bar del Hotel Folías en Playa del Inglés.

Infografía de la recepción/bar del Hotel Folías en Playa del Inglés. / LP/DLP.

Las Palmas de Gran Canaria

Playa del Inglés sigue mudando de piel. Donde durante décadas funcionó un complejo de apartamentos de una llave, levantado en 1970 y muy vinculado a ese modelo turístico que marcó el crecimiento del sur de Gran Canaria, se prepara ahora la apertura de un hotel de cuatro estrellas. El antiguo Tagoror encara una reconversión integral que va más allá de una reforma al uso: resume bastante bien hacia dónde camina una parte de la oferta alojativa en los grandes enclaves turísticos del municipio de San Bartolomé de Tirajana.

La empresa promotora, Ashtavinayaka, prevé culminar las obras en julio de 2026 y abrir el establecimiento en agosto de ese mismo año bajo el nombre de Hotel Folías Playa del Inglés. La inversión final, según sus datos, rondará los 5,8 millones de euros, por encima de los cuatro millones calculados al inicio, y el proyecto contará con 77 unidades alojativas y 154 plazas, dejando atrás los 59 apartamentos de una llave. También dispone de una ayuda europea Feder de 1,44 millones de euros ligada a competitividad, sostenibilidad y digitalización.

No obstante, el interés de esta operación no está solo en la cifra o en el cambio de nombre. Está, sobre todo, en el símbolo. El inmueble nació como uno de tantos complejos de apartamentos que poblaron Playa del Inglés en las décadas del boom turístico. Más tarde, como ocurrió en otros edificios de la zona, la propiedad se fragmentó entre distintos dueños y el establecimiento fue perdiendo homogeneidad, dirección y capacidad competitiva. La empresa explica que entre 2014 y 2016 fue comprando una a una las 59 unidades hasta reunificar la explotación bajo una sola gestión, cerrando así una etapa bastante común en el sur: la de los complejos envejecidos, atomizados y cada vez menos adaptados a las exigencias del mercado actual.

Esa es, en realidad, una de las claves de fondo. La reforma del antiguo Tagoror no solo moderniza un edificio, sino que evidencia el relevo de un modelo. Frente al apartamento sencillo y funcional que durante años definió la oferta de Playa del Inglés, gana peso un producto más categorizado, más tecnificado y claramente orientado a un visitante con mayor capacidad de gasto. La empresa lo plantea en esos términos al defender que el viejo formato había quedado obsoleto ante una demanda que exige más confort, lujo, mejores instalaciones y servicios acordes al alza de precios del destino.

Cuatro estrellas de lujo

La nueva propuesta encaja precisamente en esa lógica. El establecimiento pasará a ser un hotel de cuatro estrellas, incorporará dos piscinas climatizadas, suites con piscina privada o jacuzzi, gimnasio, wellness, dos espacios de restauración y una combinación de zonas solo para adultos y otras abiertas al conjunto de la clientela. También sumará domótica, conectividad avanzada y sistemas de gestión digital. Sobre el papel, el salto es claro: no se trata solo de rehabilitar, sino de reposicionar el activo en un tramo más alto del mercado.

Ese movimiento, sin embargo, trasciende al establecimiento concreto. En una isla donde el turismo sigue siendo el principal motor económico y donde el sur concentra buena parte de esa actividad, la renovación de la planta alojativa se ha convertido en una especie de argumento estructural: actualizar complejos antiguos, elevar la categoría media y mejorar la rentabilidad sin necesidad de seguir creciendo en número. Es un discurso cada vez más asentado en el sector y en las administraciones, aunque no esté exento de preguntas de fondo: qué tipo de destino se está consolidando, para quién se diseña esa nueva oferta y hasta qué punto esa apuesta por un turista de mayor poder adquisitivo termina permeando realmente en el territorio.

En ese sentido, el caso del antiguo Tagoror ilustra bien una tendencia: la sustitución progresiva de la planta más envejecida por productos de mayor valor añadido, con estética renovada, más servicios y un relato muy vinculado a la sostenibilidad, la digitalización y la experiencia. La empresa asegura que el nuevo hotel incorporará medidas de eficiencia energética, entre ellas un sistema de recuperación de calor de los aparatos de aire acondicionado para generar agua caliente, además de unidades adaptadas para personas con movilidad reducida y mejoras pensadas para las condiciones de trabajo de la futura plantilla.

Hay, además, un pequeño gesto de continuidad en medio de esa transformación. Aunque el complejo dejará atrás su antigua configuración y estrenará nueva marca, una parte del pasado permanecerá en el futuro Café Tagoror, nombre elegido por la empresa para uno de los espacios del hotel en referencia a la denominación histórica del inmueble. No deja de ser una forma de enlazar la nueva etapa, marcada por un producto de cuatro estrellas y una imagen más cuidada, con la memoria de uno de esos establecimientos que durante años formaron parte del paisaje turístico más reconocible de Playa del Inglés.

Aun así, el debate que late detrás de este tipo de proyectos no es solo arquitectónico ni empresarial. También tiene que ver con la identidad de destinos maduros como Playa del Inglés, sometidos desde hace años a una tensión constante entre la necesidad de modernizarse y el riesgo de diluir el perfil popular con el que crecieron. Cada nueva reforma de envergadura viene a confirmar que ese proceso sigue en marcha. El antiguo Tagoror, que fue durante décadas un complejo de apartamentos más en el paisaje turístico del sur, reabrirá convertido en otra cosa: un hotel de cuatro estrellas, más exclusivo, más caro y alineado con el nuevo lenguaje del sector. Y eso, más allá del edificio, también cuenta una historia sobre el rumbo que está tomando el principal motor económico de Gran Canaria y del Archipiélago.

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