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Arucas

Paco Larraz rescata la tradición de las pelotas de garepas de platanera en El Puertillo de Arucas

El carpintero recupera con la ayuda de su maestro Armando Lorenzo una tradición una tradición en el olvido, dándoles un toque personal

Un vecino recupera la tradición de fabricar pelotas con hojas de platanera

José Carlos Guerra

Javier Bolaños

Javier Bolaños

Arucas

Las añejas pelotas de garepas de plataneras con las que los chiquillos jugaban antaño al fútbol cuando el hambre apretaba vuelven a las calles. Francisco Hernández (conocido por Paco Larraz) rescata en su carpintería de El Puertillo de Arucas una tradición en el olvido de la mano de su maestro Armando Lorenzo, con un sello personal.

«Una persona me pidió que si le hacía una pelota con las hojas de platanera porque yo soy muy mañoso, pero yo no lo había hecho nunca. Esa conversación la escuchó Armando y me dijo que él me enseñaba, si traía el material». De esta forma se puso hace un par de meses manos a la obra Paco Larraz para aprender. Su nombre también es singular. Entre otras razones, porque Larraz no es su verdadero apellido, sino que se lo pusieron cuando era pequeño por su pequeña estatura, antes de que diera el estirón juvenil, coincidiendo con que en esa época había un futbolista argentino en Las Palmas con ese apellido y características físicas parecidas (Jorge Roberto Larraz Camardelli 1934-2016).

La pelota hecha con hojas de platanera.

La pelota hecha con hojas de platanera. / José Carlos Guerra

«Antes todo el mundo sabía hacer estas pelotas, porque no había otra forma para poder jugar; solo podíamos comprarlas de segunda mano del Arucas por 30 duros, que era un montón de dinero en la época», recuerda Armando Lorenzo, con su gorro de lana para cubrir del frío la cabeza a sus vitales 84 años.

Antigua carpinterí

Armando tiene 10 años más que Paco, que ha convertido ahora en su jubilación la antigua carpintería en un pequeño museo en el que no faltan botas ‘del gallo’ de fútbol antiguas (con tacos de goma) de hace 55 años, un crucifijo de madera centenario de unos 40 centímetros, viejos relojes y un montón de fotos que decoran las paredes, sin dejar de lado algunos objetos de su Atlético de Madrid. Entre ellas, a su amigo Sandokan (el reconocido marinero de El Puertillo que salvó a muchas personas de ahogarse en la costa de Arucas) y una imagen fotográfica del tiburón que sacó que medía 3,75 metros de longitud, 75 centímetros de ancho y 35 de boca, según recuerda con su memoria prodigiosa. Tampoco falta en este rincón situado junto a la playa de El Puertillo la antigua maquinaria de la carpintería y numerosos pájaros, que no paran de animar el salón con sus cantos.

Zapatos del gallo.

Zapatos del gallo. / José Carlos Guerra

Paco se puso a la faena a aprender a hacer estas pelotas con la técnica tradicional hace unos dos meses. Pero ha querido darle algunas mejoras al estilo Larraz. «Lo voy a mejorar. Y estas son mis patentes», asegura que se dijo.

La primera innovación fue usar el corcho del flotador de un depósito de agua que sirve de base interior, con lo que consigue que las tiras queden mejor elaboradas y la bola salga más redonda. «Antes se hacía con las cascarillas de las manos de las plataneras», recuerda Armando, y luego se amarran las cuatro vías con una verga que sirve de aguja.

10 días secándose

En este caso, en su proceso de elaboración Paco Larraz corta uno o dos tallos de plataneras, las abre y deja las garepas 10 días secándose al sol. A continuación en su proceso viene el periodo de confección, ir dándole las vueltas al corcho para forrar el ‘esqueleto’. Una a derecha y otra a izquierda. Para luego rematar la parte de fuera con la verguilla para compactarla y evitar que se deshaga, manejándola como si se tratara de una aguja. Eso sí, mojada para que sea más suave.

Armando Lorenzo y Paco Larraz, con hojas de platanera y las pelotas.

Armando Lorenzo y Paco Larraz, con hojas de platanera y las pelotas. / José Carlos Guerra

El carpintero aruquense le ha dado otro toque personal. Y es que al final del proceso impregna el exterior con aceite de linaza para compactarla más y que pueda durar más tiempo, además de darle una mejor presencia estética y una identidad particular.

Dentro de su imaginación, Larraz ha llegado a ponerle una base de madera con su texto de referencia, como si fuera un trofeo que se entrega en una competición o como un reconocimiento. «Esto lo hago para entretenerme», asegura este carpintero jubilado de 74 años, que sigue queriendo estar muy activo.

20 tiras

Tal es la ‘jiribilla’ de Larraz que ha puesto una red con su cuerda para meter dentro una de esas pelotas de hojas de platanera para darle patadas sin que se le escape y tener que ir detrás de ella. De esta forma se pasa cada día dando 45 minutos de pelotazos controlados, lo que le sirve para mantenerse en forma. «Esto se llama dominar la pelota o control del balón», señala este carpintero, que aprendió a jugar al fútbol en el colegio La Salle de Arucas y que hizo sus pinitos en este deportes hasta que sufrió una lesión que cortó su trayectoria deportiva.

La elaboración de cada una de estas pelotas le lleva cerca de una hora de trabajo, después del proceso de recogida de la materia prima. Y usa para su confección unas 20 tiras de plataneras.

Un vecino de El Puertillo señala que una de esas pelotas de Larraz se la regaló a un amigo entrenador del equipo de Bilbao por su singularidad, quien se quedó muy sorprendido al tenerla en sus manos. Paco asegura que también le dio dos a Manuel Rodríguez ‘Tonono’, director de Captación y Formación de la Unión Deportiva Las Palmas, que usa para enseñar el fútbol antiguo durante sus charlas.

Como curiosidad, estas pelotas siempre han sido muy frágiles, ya que se deshacían con cuatro o cinco partidos si se jugaba en campos de tierra. Y uno o dos encuentros si se jugaba sobre cemento. Sin contar que se jugaba antaño con los pies descalzos. «El secreto creo que es el corcho», señala Paco Larraz sobre sus pelotas de garepas de plataneras.

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