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Feria de la Papa y el Millo de Valsequillo

Valsequillo reúne 7.000 kilos de papas y 400 bandejas de piñas de millo en su feria agrícola: «Estos productos no tienen nada que ver con los del supermercado»

Vecinos de distintos municipios de la isla se desplazan hasta la zona en busca de productos locales y a mejor precio, en una edición en la que la fresa pierde protagonismo debido a que las intensas lluvias de los últimos meses han retrasado su cosecha

Visitantes y vecinos compran en la Feria de la Papa y el Millo en Valsequillo.

Visitantes y vecinos compran en la Feria de la Papa y el Millo en Valsequillo. / José Carlos Guerra

Elena Montesdeoca

Elena Montesdeoca

Valsequillo

Bajo un calor sofocante, con un incesante ir y venir de gente y un sol que parecía rajar las piedras, la Feria de la Papa y el Millo de Valsequillo volvió a convertirse este domingo en un punto de encuentro entre el campo y la gente, en donde agricultores del municipio y puesteros apostaron, una vez más, por el producto local y de kilómetro cero y ofrecieron más de 7.000 kilos de papas y alrededor de 400 bandejas de piña de millo. A esto se sumaba el atractivo de los puestos donde las piñas se asaban al momento, que conquistaron a quienes paseaban entre los tenderetes. Sin embargo, no todo fue abundancia este año. La fresa, habitual protagonista en otras ediciones, en esta edición no tuvo casi presencia, pues las intensas lluvias de los últimos meses han pasado factura a la cosecha, obligando a trasladar su jornada específica al próximo mes de mayo. Eso sí, a las 09:00 horas y con los puestos rebosando producto fresco, los agricultores compartían una misma esperanza: que la historia se repitiera y, como en años anteriores, el las papas y el millo volaran antes del mediodía.

En una época en la que cada vez es más habitual encontrar productos importados y menos presencia de los frescos y de cercanía, los agricultores coinciden en que ferias como esta son clave para mantener a su clientela y darse a conocer. Por eso año tras año repiten en Valsequillo, y apuestan por un modelo que conecta directamente al productor con el consumidor. Es el caso de Margarita Navarro, de la finca Don Emilio, que lleva tres años ocupando uno de los puestos en la feria, los mismos que cumple este encuentro. En esta edición trajo alrededor de 1.500 kilos de papas. Pero no de cualquier tipo. Ella lo tiene claro: las suyas son «papas como chavetas», presume entre risas.

Margarita Navarro junto a sus papas.

Margarita Navarro junto a sus papas. / José Carlos Guerra

Más baratas que en el supermercado

El precio, además, es otro de los reclamos. En su puesto, el kilo rondaba el euro y medio, una cifra que, según explica, está muy por debajo de lo que se paga en grandes superficies. «En el supermercado las están comprando por casi tres euros», recalca. Para Margarita, esta feria es una oportunidad perfecta no solo para seguir dándose a conocer, sino también para poner en valor la papa de Valsequillo. Un producto que, asegura, destaca por su sabor frente a otros. La clave, explica, está en el cultivo: «No se riega con aguas residuales», afirma.

En este mismo puesto, Ana Rodríguez, una octogenaria de Telde, se detenía a comprar papas. Era su primera vez en la feria, aunque tiene claro que no será la última. Aunque también se fijó en las piñas de millo, confiesa que su debilidad son las papas de la zona. Para ella, acudir a este tipo de ferias y a los mercados municipales es también una forma de mantener viva una tradición familiar: «Es como seguir los pasos de mi madre, que siempre compraba la fruta y la verdura a los agricultores locales», explica. Convencida de la calidad del producto, no duda en marcar distancias con lo que se encuentra habitualmente en grandes superficies: «Esta papa no tiene nada que ver con las que están en los supermercados y vienen de fuera. Estas son papas de verdad, las otras no», afirma con rotundidad. Con varias bolsas ya en sus manos, reconoce que tiene en mente numerosos platos para preparar en casa. Sin embargo, hay algo que tiene claro que no hará: «No voy a usar estas papas para freírlas; prefiero hacer un buen potaje para la familia y mis hijos», desvela.

Cristina González y Marcos Rodríguez prueban sus piñas asadas.

Cristina González y Marcos Rodríguez prueban sus piñas asadas. / José Carlos Guerra

En busca de millo para plantar

Milagrosa Molina entraba decidida por el acceso a la explanada donde se distribuían los puestos, con una idea muy clara en mente: encontrar millo para plantar. Llegada desde Guía, concretamente de la zona de Montaña Alta, es una de las pocas mujeres que aún mantienen viva la tradición en su municipio: siembra, recoge, tuesta y muele el millo para elaborar gofio de manera artesanal. «Lo planto en enero y lo recojo en septiembre para luego hacer el gofio», explica con naturalidad, como quien lleva toda la vida vinculada al campo. Y así es. Su experiencia se nota en la mirada crítica con la que observa cada mazorca. Es su primera vez en la feria, pero no ha venido a pasear: «Como vea millo que me guste y tenga buena pinta, me lo llevo», asegura. Milagrosa no oculta su preocupación por la situación actual del sector. «Es una pena que los molinos de aquí hagan el gofio con millo que viene de fuera, concretamente de Argentina», lamenta. Para ella, el gofio no es solo un alimento, sino una parte esencial de la identidad canaria. Por eso le duele ver cómo se va perdiendo entre las nuevas generaciones: «Hay gente joven que no come gofio y que tampoco sabe cómo se hace, y eso es muy triste», concluye.

Aunque el reloj aún no marcaba las 10:00 de la mañana, ya había quienes no podían resistirse a hincarle el diente a las piñas de millo que se asaban en los puestos. Es el caso de Cristina González y Marcos Rodríguez, llegados desde la zona de Marpequeña, que a esas horas ya habían hecho acopio de una buena cantidad de papas y degustaban una de las piñas recién hechas. «No habíamos venido nunca, pero nos ha gustado mucho la feria y seguro que volveremos», comenta González. Como muchos otros asistentes, acudieron a Valsequillo en busca de producto fresco, de calidad y, sobre todo, local, que además consideran «más barato». Y, a juzgar por su experiencia, el objetivo estaba más que cumplido. A primera hora de la mañana ya se marchaban con la compra hecha y el estómago satisfecho. «No podía irme sin comer una de estas piñas porque me encantan», añade entre risas, dejando claro que, en esta feria, el disfrute empieza mucho antes de llegar a casa.

Piñas asadas de todos los sabores

Esas piñas que degustaban salían directamente del puesto de Fernando Sánchez, que asaba una tras otra. Para la ocasión había traído unas 400 unidades y, ya desde primera hora de la mañana, intuía que podrían agotarse antes de lo previsto. «Tengo piñas de varios sabores y para todos los gustos», comenta mientras señala un cartel junto al puesto en el que detalla cada opción. La oferta iba desde las más clásicas, pensadas para los paladares más tradicionales, simplemente con sal, hasta propuestas más elaboradas como las de lima y queso, con mojo o incluso con un toque dulce y sabor a canela.

Fernando Sánchez asa las piñas.

Fernando Sánchez asa las piñas. / José Carlos Guerra

Eso sí, si algo se echaba en falta en esta edición eran los puestos de fresas, habituales protagonistas de la feria. En esta ocasión, apenas hubo uno, debido a que las intensas lluvias de los últimos meses han retrasado las cosechas. Aun así los agricultores de la finca La Palma, presentes en el evento, decidieron adelantarse a la cita prevista para mayo -cuando se celebrará la feria específica de la fresa- y llevaron algunas bandejas de su producto. «Hacemos producción integrada, por lo que son un poco más caras que el resto», explica Diandra Gil. De ahí que el precio alcance los 12 euros el kilo. Una diferencia que, según defiende, está más que justificada: «Evitamos el uso de productos químicos y utilizamos depredadores naturales para que no existan plagas», subraya.

Dulces artesanales sin gluten y sin azúcar

Y, como no podía ser de otra forma, el postre tampoco faltó a la cita. En este apartado, uno de los espacios que más llamaba la atención era el stand de Alexis y Vanesa Paz, de Cositas Dulces, donde la repostería artesanal se convertía en protagonista. Allí lo elaborado a mano, sin gluten, sin azúcares añadidos y sin harinas refinadas marcaba la diferencia. «Varios de nuestros productos están hechos con harina de arroz y de almendra», explica Alexis. Su propuesta busca acercar los dulces y la bollería a todo tipo de público, especialmente a personas con intolerancias o a quienes prefieren opciones más saludables. Sin azúcares y con ingredientes seleccionados, se presentan como una alternativa que permite disfrutar del dulce sin renuncia.

Alexis junto a sus dulces sin gluten y sin azúcar.

Alexis junto a sus dulces sin gluten y sin azúcar. / José Carlos Guerra

Y, para hacer frente al calor y a las altas temperaturas, no podían faltar los helados artesanales. Elaborados en Valsequillo, destacaban por su bajo contenido en azúcar y por el uso de ingredientes locales, como las fresas del propio municipio. «En ferias especiales, como esta, también tenemos helados de gofio, como no podía ser de otra forma», explica Dácil González, quien subraya que todos los productos se elaboran con ingredientes naturales.

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