Benito Pérez Galdós estuvo cerca del Nobel en 1912, pero el destino y la política le negaron el galardón
A pesar de no obtener el premio, Benito Pérez Galdós mantiene un legado cultural imborrable en Gran Canaria y el respeto de sus lectores.

Luis Cabrera explica por qué Galdós nunca ganó el Premio Nobel / La Provincia

Benito Pérez Galdós sigue ocupando un lugar indiscutible en la literatura española y en la historia cultural de la isla de Gran Canaria. Un teatro con su nombre, un barrio cuyas calles se acuñaron con personajes de sus obras y un legado indiscutible pero, ¿qué es lo que nunca consiguió Galdós pese a estar muy cerca?
En su cuenta de Instagram @historiaparagandules, el profesor de Historia de Canarias Luis Cabrera Rodríguez nos cuenta lo que se esconde detrás del Nobel que nunca recibió el escritor grancanario. En 1912, el literato estuvo más cerca que nunca de conseguir el galardón. En aquel entonces, la figura de Pérez Galdós ya estaba consolidada, pues su obra contaba con el respaldo del Ateneo de Madrid, de numerosos periódicos y de buena parte del mundo intelectual, que impulsaba su candidatura con fuerza hacia la Academia Sueca.
Una España conservadora que declaró la guerra a Galdós
Según explica Cabrera, todo parecía indicar que el premio sería para él, pero es entonces cuando comienza una guerra. En torno a su nombre comenzaron a moverse tensiones internas dentro de España. Sectores conservadores, incómodos con la trayectoria liberal del autor, habrían intentado frenar su proyección internacional. Para ello, propusieron a Menéndez Pelayo con el plan de dividir el voto. El profesor cuenta que incluso se enviaron cartas a la Academia para desprestigiar a don Benito, al que presentaban como un autor anticlerical y peligroso.
La sentencia de Alfred Nobel
Otro factor clave del que se habla menos: el propio testamento de Alfred Nobel, que establecía que solo debían premiarse obras de línea idealista, comenta el profesor. Esa visión jugó en contra de Galdós, ya que el realismo de sus obras retrataba con crudeza la vida en la calle y no encajaba en los criterios de la época. Por ello, esas 'grietas' que plasmaba el autor le desvió completamente de ganarse el premio.
Entre el boicot de su sus compatriotas y la rigidez del jurado sueco, Galdós se quedó sin el Nobel, aunque no sin algo mucho más duradero: el respeto eterno de sus lectores y el amor de su isla que lo conmemora y lo recuerda como un avanzado a su tiempo. Para Gran Canaria, Galdós no es solo un autor del pasado, es una figura viva del teatro, se cruza en las calles y se valora en la identidad del territorio.
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