Entrevista | María Angélica Salas Antropóloga
María Angélica Salas, antropóloga: "Los bancales alimentan a la humanidad desde hace 5.000 años"
Experta en procesos participativos y diversidad cultural, visitó Gran Canaria para intervenir en las jornadas organizadas por la Fundación Lidia García.

María Angélica Salas, doctora en Antropología y experta en procesos participativos y diversidad cultural. / LP/DLP

¿Qué aporta usted como antropóloga a estas Jornadas de Rehabilitación Sociocomunitaria del Paisaje Cultural?
Hermann J. Tillmann, que es coordinador de la Alianza Internacional de Paisajes en Terrazas (ITLA) y yo venimos a aportar una larga experiencia de coordinación internacional con una red de amantes de las terrazas de cultivo que está compuesta por académicos, activistas, constructores de piedra, organizaciones de base y grupos comunales. Todos los que aman las terrazas y quieren que continúen teniendo vida. Son creaciones de hace 5.000 años y son el sustento de la alimentación mundial y siempre lo han sido. No solo en términos de comida, sino que así han nutrido a las más grandes civilizaciones de la tierra, mayas, aztecas, la hindú, la china, en toda Europa. La civilización mediterránea se sustentó materialmente con la invención de las terrazas.
¿Está Canarias también incluida en esa alianza?
Por supuesto, y eso es lo que quiero que cada uno se dé cuenta. Como lo es en otras partes del mundo también lo es aquí. Empiecen a reflexionar recordando el pasado. Yo he estado ahora en Tenerife y desde la terraza de una amiga mía que tiene un fundo (finca) allí, vemos unos abismos impresionantes todos llenos de terrazas y de cuevas, algunas con depósitos para comida. Le preguntas a la gente qué hay y dicen “no sabemos exactamente, dicen que eran de los guanches”. Pero ¿quiénes son los guanches? ¿cuándo han vivido? Pasan grupos de estudiosos, estudian, miden, se van y nosotros no participamos. Esto pasa en todo el mundo. Entonces, la intención de ITLA es justamente crear entre nosotros esa conciencia colectiva de lo que tenemos alrededor de nosotros, de esas magníficas terrazas de cultivo. Ahora hay una crisis en la alimentación mundial que depende de la agroindustria y las terrazas lo que producen es un bienestar y una inteligencia colectiva para la gente que come esos alimentos, porque son maravillosos.
¿El mundo urbano sigue viviendo de espaldas al mundo rural?
Creo que hay tres posibilidades, aunque quizás haya más. Hay una posibilidad de gente del mundo rural incluso que ha recibido el estigma de los centros urbanos académicos convencionales, las terrazas agrícolas son territorios de pobreza, de ignorancia, y hay gente en el campo que lo cree y se autoestigmatiza. Sin embargo, también hay un elemento de nostalgia. Cuando lo ven y dicen qué admirable son y cómo han subido por la montaña, entonces hay que aprovechar eso, estimular que florezca ese sentimiento en la gente. Hay otra gente que solamente ve la oportunidad de hacer negocio verde con las terrazas y propicia una serie de modalidades, como por ejemplo que en las terrazas donde se producen maravillas de productos alimenticios abastezcan a restaurantes muy lujosos. Pero también hay una posibilidad de considerar a las terrazas paisajes culturales, producto del esfuerzo colectivo, de la inteligencia de miles de años atrás. Creo que ahí estamos, que de ahí tenemos que partir y ser muy conscientes de que las otras dos posiciones no nos llevan a un camino de la vida, nos llevan a un camino desgraciadamente fatal para nosotros, seres humanos, y fatal para la tierra.
La Fundación Lidia García trabaja en Gran Canaria por acercar a las nuevas generaciones hacia el monte. ¿Es necesario?
Pienso que hay un proceso de participación de todas las generaciones. Se tiene que dar cabida a que la gente aprecie el conocimiento que todos tienen, no solamente de un grupo, no de expertos, no de especialistas, sino que, en mi concepción del mundo, cada persona sabe algo, no hay nadie que sabe todo. Entonces, es buenísimo tener la posibilidad de abrir un espacio para los jóvenes, a que ellos se expresen, que miren las terrazas y digan: “bueno, podemos imaginar, podemos recordar”. No todo es información técnica, son también sentimientos profundos, es conversar con los abuelos y entonces hacer contemporáneo el recuerdo de los abuelos. Los abuelos se acuerdan de sus abuelos y son ya sumando más de 150 años atrás, y vale la pena recordar e innovar ese conocimiento, pero con una inteligencia emotiva, emocional, con respeto a la naturaleza.
Usted, que ha recorrido el mundo, ¿qué destacaría de Canarias?
Hay muchísimas cosas que me fascinan de Canarias, por ejemplo, que las terrazas son, además de fuente de alimentación, habitaciones; con esas casas cueva que me fascinan. He dormido recientemente en una de ellas en Tenerife y también dormiré en Juncalillo en otra. Es decir, la vida puede transcurrir comunicándose hasta en sueños con las piedras.
¿Son importantes estas jornadas?
Claro que sí. Creo que este tipo de conversaciones entre las personas de diferentes generaciones, de diferentes procedencias, con diferentes puntos de vista, son conducentes a un diálogo, y del diálogo nacen las respuestas creativas.
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