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De la informática a la novela de misterio: Ángel Sánchez de la Cruz triunfa con 'El secreto de la medusa'

El autor, ingeniero informático de Valsequillo, volvió a escribir después de más de treinta años y convirtió sus ratos libres en 'El secreto de la medusa', con la que ha ganado un premio internacional en su debut literario y ha recuperado una vocación que creía aparcada

Ángel Sánchez de la Cruz junto a su libro 'El secreto de la medusa'.

Ángel Sánchez de la Cruz junto a su libro 'El secreto de la medusa'. / José Pérez Curbelo

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Elena Montesdeoca

Elena Montesdeoca

Las Palmas de Gran Canaria

Un ingeniero informático con alma de escritor. Así podría resumirse en pocas palabras la historia de Ángel Sánchez de la Cruz, aunque lo cierto es que su caso tiene bastante más de cuento inesperado que de simple biografía. Acostumbrado a moverse entre códigos, pantallas y sistemas en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el autor de Valsequillo ha terminado abriéndose paso también entre tramas, secretos y personajes de ficción. Y lo ha hecho por la puerta grande: ganando con su primera novela, El secreto de la medusa, el Premio Internacional de Novela de Misterio e Intriga de Las Palmas de Gran Canaria.

La noticia le sorprendió casi tanto como a cualquiera que pueda imaginar a un ingeniero informático conquistando un certamen literario de estas características. Porque Ángel no escribió esta historia desde la comodidad de una rutina dedicada por entero a la literatura, sino en sus ratos libres y después de la jornada laboral como informático en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, robándole horas al cansancio y poniendo sobre el papel una ilusión que llevaba tiempo revoloteando dentro.

Un joven diferente

Desde muy joven, incluso antes de comenzar el Grado en Ingeniería Informática, Ángel ya tenía una relación especial con la escritura. Con apenas 16 o 17 años los fines de semana se reunía con varios amigos para escribir relatos. No era el plan más habitual para un grupo de adolescentes, y él lo recuerda ahora con humor. «Éramos un poco frikis porque en vez de irnos de fiesta nos juntábamos para esto», cuenta entre risas. Sin embargo, al iniciar sus estudios universitarios, aquella afición fue quedando aparcada. La carrera, el trabajo y la vida fueron alejándolo de esa pasión que en el pasado había formado parte de él.

«Me obligué a terminar la novela para presentarla al concurso, pero no pensaba ganarlo»

Tuvieron que pasar más de tres décadas para que Ángel volviera a escribir. Ya trabajando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria recibió en 2019 un mensaje interno con motivo del Día del Libro. En él se invitaba a alumnos y trabajadores a participar en un concurso de relatos. No era la primera vez que le llegaba aquella convocatoria, pero aquel día dio el paso. «Cada vez que recibía ese mensaje me picaba el gusanillo y recordaba que yo antes también escribía relatos», afirma.

Una afición aún viva

Con un relato inspirado en el día a día de su trabajo, Sánchez de la Cruz logró el tercer puesto en aquel concurso universitario. Fue un pequeño reconocimiento, pero para él significó mucho más: la confirmación de que aquella vieja afición seguía viva. «Me emocioné y me puse el reto de escribir una novela», recuerda.

Ángel Sánchez de la Cruz junto a su libro.

Ángel Sánchez de la Cruz junto a su libro. / José Pérez Curbelo

A partir de ese momento, en 2019, comenzó a darle vueltas a distintas ideas para construir una historia más larga. Sin embargo, la llegada de la Covid-19 frenó el proceso. En la universidad aquellos meses estuvieron marcados por la adaptación urgente a la enseñanza online. « Tuvimos mucho trabajo con la digitalización de las clases y lo dejé un poco de lado», explica.

La obra comienza con la aparición del cuerpo de un judío cerca de la playa de El Confital

La novela quedó aparcada durante un tiempo, pero no olvidada. En 2022 decidió retomarla y volver a sentarse frente a la página en blanco. Tenía claro el género: una historia detectivesca, de misterio e intriga, uno de los terrenos literarios que siempre le habían atraído. También tenía claro el escenario. «Quería que estuviera basada en Las Palmas de Gran Canaria», señala.

En pleno proceso de escritura fue cuando Ángel conoció la existencia del Concurso Internacional de Novela de Misterio e Intriga de Las Palmas de Gran Canaria. Aquella convocatoria terminó convirtiéndose en el empujón definitivo que necesitaba para cerrar la historia. «Me obligué a terminar la novela para presentarla, pero no tenía ninguna esperanza de ganarlo», asegura. Y no era falsa modestia. Era su primera novela y sabía que competía con cerca de 200 manuscritos, una cifra que le imponía todavía más respeto.

Ambientada en la ciudad

El secreto de la medusa está ambientada en Las Palmas de Gran Canaria y arranca con la aparición del cuerpo sin vida de un joven judío cerca de la playa de El Confital. La víctima pertenece a la comunidad judía de Canarias, un detalle que despierta la preocupación de sus representantes ante la posibilidad de que el crimen pueda estar relacionado con un caso de antisemitismo. La alarma aumenta al conocerse que se han producido otras muertes de judíos en distintos puntos del país.

Ahí comenzó la investigación el del motivo de la muerte. «Sin entrar mucho en detalle, al final la muerte no tenía nada que ver con antisemitismo», subraya, que era la primera hipótesis que se baraja. «Hay corrupción, políticos, especulación urbanística y la labor de migrantes», resalta, aunque como es una novela de misterio Sánchez prefiere no dar mucho más detalle. Eso sí, asegura que cuando le llamaron para comunicarle que había sido el primer canario ganador del concurso no se lo creía. «Estuve mucho tiempo blanco», destaca el autor.

Este reconocimiento se ha convertido para Ángel en un impulso para seguir escribiendo cada día, incluso después de cumplir con su jornada laboral. Lo que empezó como un reto personal se ha transformado en una motivación constante y en la confirmación de que la literatura sigue ocupando un lugar importante en su vida. De hecho, ya trabaja en la continuación de El secreto de la medusa y en otros proyectos literarios que, con el tiempo, también espera sacar a la luz. Porque, aunque su día a día sigue ligado a la informática, Ángel tiene claro que la escritura ha vuelto para quedarse. «Cuando me jubile tengo muy claro que me dedicaré a esto», afirma con una sonrisa.

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