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Maspalomas Pride: el orgullo de hacerse mayor

A la celebración del 25º aniversario del Maspalomas Pride se le suma que esta edición tiene como protagonistas a las personas senior que también participan en el colectivo. Pasearon el lema ‘Nuestra historia, su legado, nuestro orgullo’ en el desfile lleno de diversión y reivindicación junto a 100.000 personas de todas las edades y diferentes países

Cabalgata del Maspalomas Pride 2026

José Pérez Curbelo

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José A. Neketan

José A. Neketan

Las Palmas de Gran Canaria

Maspalomas volvió a ser un ejemplo para el mundo de tolerancia y reivindicación del colectivo gay. Personas llegadas desde diferentes países, Brasil, Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos se juntaron en Playa del Inglés hasta formar una colorida y orgullosa masa de 100.000 personas, según datos de la organización.

Antes de la salida del desfile del Maspalomas Pride, que cumple 25 ediciones, ya había ganas de fiesta. El destino tenía también como atractivo el mirador de las Dunas de Maspalomas, muy cerca de donde se comienza el desfile. En ese lugar se hacían fotos para el recuerdo los brasileños Francisco y Bruno, con Adrián, de Madrid. Todos se estrenaban este año en este evento, al que recomendaron ir muchos amigos y ahora estaban en el lugar ideal para disfrutarlo en primera persona. Reconocieron que estos días habían estado más de fiesta que de turismo y estaban dispuestos a darlo todo en la cabalgata. Uno de los detalles que destacaban era la seguridad y la presencia policial, «que nos hacen sentirnos seguros y nos tratan con educación y respeto».

Cuando comienza el desfile ya son miles las personas que se reúnen en el lugar. Las 39 carrozas, un récord de participación de estas discotecas ambulantes, ponían la banda sonora y los cuerpos comenzaban a bailar. En la cabecera del desfile, como ya es tradición, las familias de menores y jóvenes trans de la Asociación Chrysallis Canarias, que mostraban camisetas y pancartas con frases reivindicativas como «Antes de los 18 también existimos», «Mi familia mola más porque tiene un hij@ trans» y «No es mi cuerpo es tu mirada». Una de las madres que forma parte de la junta directiva destacaba la importancia de estar presentes en este evento «porque tenemos que darle visibilidad a nuestros menores y adolescentes, y esa es nuestra labor y nuestro papel en este Maspalomas Pride».

Junto a la reivindicación de Chrysallis Canarias también está la de las personas senior del colectivo gay, que son los protagonistas de esta 25ª edición. Su eslogan es ‘Nuestra historia, su legado, nuestro orgullo’. Quieren combatir la soledad no deseada que sufren muchas personas mayores del colectivo LGTBI. Eduardo, colombiano que vive en Playa del Inglés hace seis años, porta una pancarta de su colectivo Daddy’s Maspalomas, que da refugio y ayuda a personas mayores del colectivo. Inevitablemente, viene a la memoria la película Maspalomas, de Aitor Arregi y José Mari Goenaga, y grabada en el mismo lugar que le da título. «Ahí se muestra una realidad que nadie quiere ver. Que las personas mayores del colectivo lo vivimos y precisamente estamos aquí para reivindicarnos y decir que estamos aquí y que necesitamos que nos conozcan. Que vivimos y que también tenemos necesidades como los demás».

La ola ultraconservadora

Eduardo confiesa que en Gran Canaria ha encontrado «la vida que me gusta. La libertad, el respeto, la no discriminación y además las personas, el clima y el modo de vida», y añadió que es de los pocos lugares en el mundo «donde se respeta el ser diferentes». Con su madurez y lo que ha vivido, advierte de los peligros de las políticas ultraconservadoras que asoman por medio mundo. «Este Maspalomas Pride se hace muy necesario contra los tiempos que vivimos y necesitamos seguir reivindicando y seguir diciendo que estamos, que existimos y soñamos con que seamos iguales» subrayó.

En esa misma línea, un grupo de amigos alemanes de Baviera, que chapurrean castellano, aseguran que vienen al Maspalomas Pride desde hace 13 años. No paran de dar las gracias a Gran Canaria por el cariño con que los ha recibido todo este tiempo y porque aquí se sienten seguros. «En nuestro país es cada vez más difícil pasear cogido de la mano de tu marido, sin embargo aquí nos sentimos libres y respetados». Se quejan de que la llegada de los partidos políticos de ultraderecha que están volviendo a Europa les haga retroceder en sus derechos, y recuerdan que España permite el matrimonio desde 2005 y fue el tercer país del mundo en hacerlo. «Maspalomas es un lugar único en el mundo. Encontramos en este lugar la playa, el sol, la fiesta, el sexo, la tolerancia y también mucho amor».

Sergio, con mallas rosa de bailarina y purpurina en la cara, ya ha repetido siete veces y ha convertido su visita a este multitudinario evento en una tradición en su vida. «Esto es orgullo, aceptación, amor y da igual quién seas, de dónde vengas, cómo te vistas o de qué color sea tu piel. La importancia es celebrar el amor y ser tu mismo», aseguró, a la vez que destacaba que el Pride de Maspalomas «se conoce en medio mundo y vale la pena visitarlo aunque sea una sola vez. Luego te enamoras y repites». Sobre la lucha que lleva a cabo su colectivo manifestó que «no queremos que se nos ponga una medalla. Queremos aceptación y ser nosotros mismos y celebrar juntos». El joven ha visitado varios orgullos’ en diferentes ciudades europeas y españolas y señaló que el que se celebra en Maspalomas «es único».

Canarios y orgullosos

Óscar, del País Vasco, vino con cuatro amigos euskaldunes más y ya han hecho el mismo recorrido tres veces, aunque uno de ellos se estrena este año. «Encontramos mucha diversidad, y es un lujo poder celebrar con esta temperatura y este ambiente tan maravilloso». El grupo ha aprovechado la semana y los días nublados han cambiado la playa y la piscina por visitar Guayadeque y hacer submarinismo en Mogán. «No solo es salir de fiesta, también hay que conocer la isla», apuntaba.

Entre tanto repetidor llegado de otras partes del mundo también está la gente de aquí, que vive con orgullo que esto se celebre en la isla donde han nacido y viven. Carlos Yeray, Daira y Gema, de la capital grancanaria, llevan ocho años viniendo. La primera vez era un grupo de 10 personas. Ahora son 80 y lo disfrutan desde una de las carrozas. «Aquí se permite ser uno mismo en todo momento. La libertad de poder disfrutar sin tabús, donde cada uno respeta el límite de los demás», explicaba Carlos, que aclaraba que «aunque parece una locura es todo muy respetuoso. Te sientes muy seguro porque los homófobos no suelen venir a este tipo de eventos, lo que evita que se llene de gente que no aporta nada a la fiesta».

A los lados del recorrido de ocho kilómetros, banderas arcoíris de diferente simbología, caretas de perro de látex y neopreno, abanicos para combatir el calor de la solajera, nalgas al aire, brillibrilli, disfraces, tutús, y turistas que habían elegido Maspalomas para pasar unos días tranquilos y pronto se contagiaron de tanto orgullo, diversión y transgresión.

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