En la cumbre de Gran Canaria ya es primavera: flores y color tras las lluvias
La exuberante vegetación, con retamas y tajinastes en primer plano, renace tras las precipitaciones y anuncia la vitalidad del campo grancanario

La cumbre de Gran Canaria luce así de bonita tras las lluvias. / Ángel Zurdo Martín

Gran Canaria vuelve a demostrar que su naturaleza tiene una fuerza extraordinaria. Este fin de semana, la cumbre de la Isla ofreció imágenes que quedan grabadas en la memoria: senderos rodeados de color, temperaturas suaves y una vegetación que, tras las lluvias de los últimos meses, despertó con una intensidad poco habitual.
Las precipitaciones acumuladas durante el invierno, unidas a la llegada de temperaturas primaverales y a las muchas horas de sol que caracterizan a la Isla, han creado las condiciones perfectas para que arbustos, flores silvestres y plantas de medianías y cumbres luzcan en su máximo esplendor.
Retamas y tajinastes: el esplendor de la primavera.
A lo largo de la ruta, el paisaje se transforma en un tapiz multicolor. Retamas, tajinastes, alhelíes, amapolas, margaritas y morgallanas se mezclaban entre sí, cubriendo los bordes de los caminos con gran belleza. El amarillo, el rojo, el violeta, el blanco y el verde componían una escena propia de una primavera.
La cumbre de Gran Canaria, con sus pinares, barrancos, roques y miradores naturales, es uno de nuestros grandes tesoros paisajísticos. En esta época del año, caminar por sus senderos permite apreciar no solo la riqueza botánica del territorio, sino también la capacidad de la naturaleza para renovarse. Cada flor y cada arbusto anuncian que el campo sigue vivo y que, cuando las condiciones acompañan, responde con vitalidad.
Reflexión escondida entre las flores
Entre tanta belleza, también aparecen señales que invitan a la reflexión. En medio de esta primavera todavía son visibles las heridas dejadas por el último incendio. Troncos ennegrecidos, claros en el monte y zonas marcadas por el fuego recuerdan que este paisaje es tan hermoso como frágil y necesita protección constante.

Ángel Zurdo Martín
La imagen resulta poderosa: la vida abriéndose paso entre las cicatrices del fuego. Es un recordatorio de la resistencia del entorno natural, pero también de la responsabilidad que tenemos como habitantes de la isla. Extremar las precauciones, respetar los senderos, no abandonar residuos, evitar cualquier conducta de riesgo y seguir las indicaciones de las autoridades son gestos fundamentales para conservar nuestros campos y bosques.
La ruta por la cumbre de Gran Canaria deja una doble sensación. Por un lado, la admiración ante una naturaleza que se muestra en todo su esplendor. Por otro, la necesidad de consenciarnos de que esa belleza no está garantizada y requiere cuidado.
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