Agaete
El café que esconde tres décadas de trabajo: así es la labor de Julia García, la mujer de 78 años que lo cultiva en su ‘selva’ del Valle de Agaete
Entre más de 1.400 cafetos y 40.000 metros cuadrados de finca, La Morreta guarda la historia de una familia que lleva más de 35 años cuidando cada grano con paciencia, agua y «mucho cariño»

José Pérez Curbelo

La magia para que un café tenga el mejor aroma del mundo no siempre está en una fórmula secreta. A veces, simplemente, nace del amor con el que se cuida la tierra. En el Valle de Agaete, y más concretamente en la finca La Morreta, Julia García lo sabe mejor que nadie. A sus 78 años, con la energía luminosa y la alegría contagiosa de quien parece no haber cumplido más de treinta, Julia dedica cada día —desde hace más de 35 años— su cariño, su paciencia y sus manos expertas a una finca de más de 40.000 metros cuadrados. Allí crecen naranjos, olivos, aguacateros y otros tesoros de la tierra, pero hay un cultivo que ocupa un lugar especial en su corazón: el café. La Morreta, a la que Julia y su marido Manuel llaman con ternura 'la selva', es mucho más que una finca para la familia. Entre sus caminos, Julia cuida día a día una gran plantación que supera las 1.400 matas de café, mimadas con la dedicación de quien entiende que la tierra devuelve, con aroma y sabor, todo el amor que recibe.
La historia de Julia y de su marido Manuel está profundamente ligada a la memoria cafetera del Valle de Agaete. Su familia fue una de las primeras en sembrar, recoger y tostar este café que hoy presume de ser uno de los más reconocidos de Canarias y que, con el paso de los años, ha visto crecer de forma considerable su valor y prestigio. Mucho antes de que el cultivo comenzara a despertar el interés de más personas en el valle, fue la hermana de Manuel quien sembraba el café y lo vendía en una pequeña tiendita del pueblo. «Cuando compramos la finca, en el año 1990, prácticamente nadie se dedicaba al cultivo del café. Ahora cada vez hay más gente, pero muy pocos son jóvenes y pocas son las mujeres», cuenta Julia con una gran sonrisa.
Este producto de El Valle de Agaete se está vendiendo a aproximadamente 120 euros el kilo
Sin embargo, cuando ella y Manuel adquirieron La Morreta, el café no estaba en sus planes. Nada más lejos de la realidad. En la finca ya había algunos cafetos plantados, pero la idea inicial era otra: aprovechar aquellas tierras para sembrar otros cultivos. «Nosotros no queríamos la finca para eso, sino para plantar otras cosas», recuerda Julia. Lo que quizá no imaginaba entonces era que aquellos cafetos, casi tímidos entre la vegetación, acabarían convirtiéndose en una parte esencial de su vida. «Ahora mi vida está aquí, cuidando la cosecha y dándole cariño», recalca.
Este viernes, recolección colectiva
Es tan reconocido el trabajo de Julia en el municipio que este viernes, visitantes y amantes del café tendrán la oportunidad de adentrarse en la finca La Morreta para aprender, de la mano de ella y su familia, cómo se recolecta este cultivo tan especial. La actividad, organizada por el Ayuntamiento de Agaete, busca acercar al público el trabajo que hay detrás de cada grano y, al mismo tiempo, poner en valor la labor femenina en un sector.

Julia junto a su marido Manuel y su hijo Jose. / José Pérez Curbelo
El café que nace en la finca La Morreta poco tiene que ver con cualquier otro. Quizá sea por el agua con la que se riega, por el lugar exacto donde crece o, como dice la propia Julia, por el cariño y el tiempo que se le dedica cada día. Sea cual sea el secreto, lo cierto es que este café guarda una personalidad muy especial. Julia lo describe con sencillez, pero también con orgullo: tiene «muy buen sabor y un aroma especial». Es intenso, sí, pero no tan fuerte como muchos imaginan. Parte de esa singularidad está en el propio Valle de Agaete. Desde la zona del Puerto de Las Nieves, junto a la costa del municipio, hasta esta ubicación concreta del valle pueden llegar a convivir hasta cinco tipos de temperatura. «El clima que hay de San Pedro para arriba es muy especial. El café que hay de San Pedro para abajo, o incluso una simple naranja, no tiene el mismo sabor», subraya.
Hasta cuatro años de espera
El cultivo del café exige paciencia, mucha más de la que muchos imaginan. Desde que se planta un cafeto hasta que llega el momento de recoger sus primeros frutos pueden pasar hasta cuatro años. «Mucha gente piensa que le das el cafeto y a los pocos días ya puedes recoger la cosecha, y eso no es así», explica. Detrás de cada grano hay un proceso lento, constante y lleno de cuidados, en el que el trabajo diario resulta fundamental. El café, además, es una planta exigente. «Necesita bastante agua», desvela Julia.

Julia junto a uno de los cafetos de la finca La Morreta. / José Pérez Curbelo
Por eso, ella y su familia riegan las plantaciones aproximadamente cada 18 días, pendientes siempre del clima y de las necesidades de la finca. Este año, sin embargo, la lluvia ha sido una aliada inesperada. «Con la lluvia que hemos tenido durante estos meses, la cosecha ha aumentado», afirma. En la última cosecha, por ejemplo, recogieron hasta 1.000 kilos sin limpiar las cáscaras y demás, de los que se quedaron luego de café limpio alrededor de 200 kilos. Eso sí, la gran mayoría es para consumo propio y para regalar tanto a sus familiares como amigos.
«El café que hay de San Pedro para abajo, o incluso una naranja, no tiene el mismo sabor»
Además del cuidado de la planta, el café guarda otro proceso igual de importante: el secado y el posterior tostado. Una vez recogido, hay que lavarlo bien y extenderlo para que se seque con calma, hasta que las cáscaras queden completamente secas. Porque el grano, explica Julia, no tiene una sola capa, sino dos. «Es similar a lo que pasa con los cacahuetes», recalca. Ese secado puede prolongarse alrededor de un mes y medio. Cuando el café ya está listo, pasa por unas máquinas que ayudan a retirarle bien esas cáscaras que aún lo protegen. Solo entonces llega uno de los momentos más especiales: el tostado.
120 euros el kilo
Y en La Morreta, como casi todo, también ese paso tiene historia propia. Para tostar el café, Julia ha dado una segunda vida a una antigua paellera, que ha reciclado y convertido en su particular tostadora.
Eso sí, el valor del café del Valle de Agaete también habla del momento que atraviesa este cultivo. Actualmente, los productores están vendiendo el kilo alrededor de los 120 euros, una cifra que refleja el reconocimiento creciente de un producto cada vez más apreciado dentro y fuera de Canarias.
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