¿Por qué se llama así Ojos de Garza? Uno de los nombres más engañosos de Gran Canaria
Un nombre que parece explicarse solo, pero cuyo origen es mucho menos evidente de lo que parece

Foto aérea de Ojos de Garza en los años sesenta, con las pistas del Aeropuerto de Gando. / Fedac

Salvo para los vecinos y para quienes conocen bien la zona, Ojos de Garza remite casi siempre al Aeropuerto de Gran Canaria. A las pistas, al ruido, a los planes de ampliación y, sobre todo, a la amenaza de expropiación que ha pesado sobre el barrio durante décadas. Pero esa es solo una parte de la historia del lugar, aunque haya condicionado su pasado reciente y siga marcando su futuro.
En la costa de Telde, al este de la isla, Ojos de Garza identifica la playa, el núcleo de casas terreras junto al mar y la zona más moderna, ya con bloques de pisos, que ha crecido hacia el interior, en torno a la GC-1. Esa convivencia con el aeropuerto y la autopista explica buena parte de los conflictos, tensiones y movimientos vecinales que ha vivido el barrio en las últimas décadas.
Quizá todo eso ha tapado una de las cosas más curiosas del lugar: su nombre. O quizá todos dieron por hecho algo que no debían. Porque Ojos de Garza parece uno de los topónimos más obvios de la isla, pero tal vez no lo sea tanto. Hay varias teorías, y el ave no parece tener tanto peso como muchos darían por hecho.

Playa de Ojos de Garza. / LP/DLP
Las teorías detrás de Ojos de Garza
Una de las explicaciones más interesantes la recoge Humberto Pérez en su blog sobre historia grancanaria. Sitúa el origen del topónimo en el siglo XVI, cuando la zona costera de Gando pertenecía al Señorío de Agüimes. Según esta teoría, Cristóbal Díaz de la Garza, vecino de Agüimes y propietario de un ingenio azucarero, pudo tener un manantial en ese punto del litoral.
La clave estaría en la palabra «ojos», que no solo remite a la anatomía, sino que también puede designar un «manantial que surge en un llano», según la RAE. Así, la primera hipótesis se apoyaría en una acepción poco conocida de «ojo» y en un apellido que, leído hoy, lleva fácilmente a engaño. Más aún cuando aparecen juntos.
Otra interpretación fue defendida el siglo pasado por Pedro Hernández Benítez, cronista oficial de Telde, que relacionó el nombre con la forma del paisaje. Según esta versión, unos riscos visibles desde la playa recordarían a las cuencas de los ojos de una garza. Es una explicación posible, pero difícil de probar.
Conviene dejar una rendija abierta a las garzas. Las aves pudieron tener algo que ver con la denominación del lugar: en Gran Canaria sí se ven especies de esta familia, entre ellas la garceta común, aunque hoy no sea habitual encontrarlas en esa zona concreta, por la cercanía del aeropuerto y las transformaciones urbanísticas. El paisaje era entonces muy distinto. La presencia de charcas, barrancos y otras zonas húmedas habría facilitado que pasaran por allí durante sus migraciones.
El nombre, por tanto, no deja fuera del todo a las garzas. Pero, puestas las teorías sobre la mesa —y alguna leyenda suelta que también anda por ahí—, la del agua y el apellido parece una de las más razonables.
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