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Abraham El Jaber, 91 años y sigue al pie del mostrador en una de las tiendas históricas de Arucas

La segunda generación familiar al frente de Comercial Abraham destaca la importancia de la adaptación y el esfuerzo de sus padres para mantener vivo el negocio

Mabel, Abraham, Rita y Octavio El Jaber Marrero, dentro de la tienda de Comercial  Abraham, en Arucas.

Mabel, Abraham, Rita y Octavio El Jaber Marrero, dentro de la tienda de Comercial Abraham, en Arucas. / ANDRES CRUZ

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Javier Bolaños

Javier Bolaños

Arucas

Es una de las tiendas de ropas más antigua de Arucas. Comercial Abraham mantiene abiertas sus puertas tras casi medio siglo, ahora en su segunda generación familiar. El Ayuntamiento acaba de concederle la medalla de oro de la ciudad por su «gran capacidad de adaptación y contribuir al desarrollo del tejido comercia

Abraham El Jaber va a cumplir 91 años. A pesar de que dejó las riendas del negocio a sus hijos con su jubilación, cada día baja las escaleras de su casa situada en la planta alta del edificio familiar para seguir en contacto con la clientela y trastear con el ordenador. Por sus venas corre la sangre de quien ha sido toda la vida un vendedor.

De origen sirio

Las primeras transacciones en una tienda las vio con sus padres, de origen sirio y asentados en Canarias a comienzos del siglo pasado, primero en Tenoya y luego en Arucas.

La desgracia hizo que se quedara huérfano en su adolescencia temprana, ya que sus padres murieron jóvenes. «Pasaron muchas fatigas», recuerda.

Sus primeros pasos en el mundo de los negocios los inició con un cuñado en la calle León y Castillo del casco de Arucas. Con el tiempo se unieron al 50%, con una tienda de las de antes. «Se vendía de todo un poco».

Abraham El Jaber, frente a su comercio en Arucas.

Abraham El Jaber, frente a su comercio en Arucas. / ANDRES CRUZ

En 1985 montó tras pasar por otro local la actual tienda con su nombre, Comercial Abraham, en la calle Alcalde Suárez Franchy. «Me han ido bien las cosas», reconoce el empresario.

Una vivencia le ayudó a arrancar con más fuerza. Cuando tenía 16 años se murió un tío con negocios. Y la tía le encargó ir cobrando las deudas que se habían quedado pendientes. De ahí que echara horas recorriendo a pie el municipio y otros limítrofes como Firgas y sus barrios, para ir recuperando el dinero poco a poco, como estaba establecido en su momento.

Cobrando deudas a pie por las calles

«Me pasaba todo el día caminando, pero me sirvió mucho para el futuro, porque me ayudó a conocer a mucha gente. Cuando abrí la tienda tenía ya a muchos conocidos que confiaban en mí». También, como es lógico, le sirvió para conocer quiénes era más de fiar y los que menos.

Abraham El Jaber reconoce que uno de los secretos ha sido saber adaptarse a los tiempos, y encontrar los nichos en los que existen mayores oportunidades. En un principio vendía desde electrodomésticos y muebles, hasta ropa y cajas de hilos. «Esto ha sido un mini Corte Inglés; menos comida había de todo», añade simbólicamente, recordando que se surtía sobre todo en la Península e Inglaterra.

«Con 200 euros un hombre sale vestido para una boda»

Abraham El Jaber

Esto le permitió atender pedidos de bodas. «Hemos tenido hasta 13 listas de bodas al mismo tiempo».

Rita Marrero y Abraham El Jaber, en su luna de miel en Madrid.

Rita Marrero y Abraham El Jaber, en su luna de miel en Madrid. / ANDRES CRUZ

Los tiempos han cambiado y ahora se requiere una mayor especialización, frente a las multinacionales de la moda. Aunque se pueden encontrar otros productos, el local expone casi en su totalidad ropa. Y dentro de ella, en especial para caballeros y señoras. «Con 200 euros un hombre sale vestido para una boda». Como también hablan de que dispensan los uniformes de todos los colegios públicos de Arucas.

La anécdota del día de Reyes

En su trayectoria no pueden fallar los ‘fiaos’. «Pero buenos», reconoce sobre su clientela, de la que habla que solo una insignificante parte era mala pagadora. «Se puede decir que en un 99% cumplía», señala. «Es que eran las actuales tarjetas de crédito».

«Aquí se ha vendido a abuelas, madres y ahora nietas», señala coincidiendo con la entrada al local de tres generaciones de una misma familia en busca de vestimenta para renovar el ropero, incluida una bebé.

En 1965 se casó con Rita María Marrero, de la que saca una foto de recuerdo de su viaje de boda a Madrid. «Ha sido un puntal para mí», insiste en varios momentos de la conversación, mientras recuerda que este año cumplen 61 años juntos.

Rita, a la que también se le añadió la coletilla de ‘la de Abraham’ como al resto de la familia directa, tenía experiencia a pie de tienda, porque trabajó en Galerías Preciados (la de León y Castillo). Es más, todavía las empleadas de antaño se siguen reuniendo para recordar historias y ella es una de las habituales.

Abraham Cárdenes, entre sus compañeros del colegio.

Abraham Cárdenes, arriba a la derecha, entre sus compañeros del colegio. / ANDRES CRUZ

Al igual que Abraham, Rita también sigue dándose sus paseos diarios para saludar a la clientela en la tienda y ver a sus hijos.

Abraham recuerda como anécdota que una noche de Reyes un cliente le tocó en la puerta desesperado sobre las siete de la mañana, después de que hubiese cerrado la tienda casi a las tres de la madrugada atendiendo al público con las compras de ultimísima hora. Cuando abrió el hombre le rogó que por favor le vendiera un chaquetón, «porque si no lo compro mi mujer me mata». Como buen empresario, Abraham le dejó entrar, le vendió la prenda y consiguió que el cliente saliera airoso de la situación familiar.

"Un cliente me tocó el día de Reyes a las siete de la mañana para comprarle un chaquetón a su mujer"

Abraham Cárdenes

El empresario ha cedido las riendas del negocio a sus hijos, Abraham, Octavio (al que curiosamente la gente le conoce por Abraham porque es el que está en la tienda a diario) y Mabel.

«El negocio me ha ido muy bien, mi mujer es buenísima e hice una buena inversión», señala con sonrisa en su boca, halagando también que «tengo unos hijos buenísimos».

Segunda generación

Octavio y Mabel acabaron sus respectivos estudios, pero han optado por seguir los pasos de sus padres y son los que están al pie del cañón. «Esta es nuestra vida; a mí lo que me gusta es este mundo, en el que he estado desde pequeño», añade el primero, quien reconoce que el esfuerzo de sus padres hasta los fines de semana. «Sabemos lo que ha costado».

Además de corretear y echar una mano en el comercio, recuerda la ocasión en la que sus padres se fueron de viaje de vacaciones y les dejaron siendo jóvenes al cargo de la tienda. Y sin pegas hasta hoy.

«Los clientes confían mucho en nosotros; somos también sicólogos"

«Los clientes confían mucho en nosotros. Somos también sicólogos, porque nos cuentan sus problemas en confianza».

Junto a ellos trabaja Mapi, que es casi otra hija tras casi cuatro décadas trabajando con ellos. «Tiene una memoria prodigiosa, se acuerda de la ropa que les vendió a clientes hace un montón de años».

La familia está orgullosa y agradecida por la medalla de oro que le ha concedido el Ayuntamiento de Arucas, siendo el comercio de moda más antiguo del casco. «Vienen clientes del sur, Guía y Gáldar, porque dicen que ya no hay tiendas de este estilo para mayores de 60 años. Y encima les damos un trato personalizado y amabilidad propia de las tiendas clásicas de los pueblos, a buenos precios y de calidad».

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