Ingenio
Cuatro décadas de la única carnicería familiar que queda en Carrizal: esta es su historia
Lleva abierta cerca de 40 años y por ella han pasado tres generaciones de carniceros. Abierta por la familia Trujillo en los 80, ahora son Francisco Alonso y su hijo José María los que continúan al frente manteniendo oficio, tradición y una clientela fiel que valora el trato directo y humano de la última carnicería tradicional que queda en El Carrizal

José María Alonso y su padre Francisco regentan desde hace 15 años la Carnicería Paco en El Carrizal. / LP/DLP

En Carrizal sobrevive hoy la única carnicería tradicional que permanece abierta en esa zona del municipio de Ingenio. Un negocio familiar que se ha convertido en una excepción dentro de un sector cada vez más castigado por el cambio de hábitos de consumo, la competencia de las grandes superficies y la falta de relevo profesional. Al frente de la Carnicería Charcutería Paco está Francisco Alonso y su hijo José María, que representa la continuidad de una actividad ligada durante décadas a la vida cotidiana del municipio.
La carnicería, según explica José María, tiene sus orígenes a mediados de los años 80 y ha pasado ya por tres generaciones. Primero estuvo en manos de la familia Trujillo y después continuó con la hija, hasta que el negocio pasó a la familia Alonso, que lleva alrededor de 15 años al frente en la calle Juan de Bethencourt, 10, de Carrizal.

Parte del personal que atiende en la Carnicería Paco de Carrizal, la única que queda en esa zona del municipio de Ingenio. / ANDRES CRUZ
Para José María Alonso, no se trata solo de vender carne, sino de mantener una forma de trabajar, una clientela y una tradición que todavía conserva un fuerte arraigo en la zona. Quienes entran hoy en la carnicería no solo encuentran productos frescos, sino también parte de la memoria comercial de Carrizal. Su dueño recuerda que muchos clientes de toda la vida comenzaron a acudir al establecimiento cuando eran niños y que incluso existía la costumbre de ir a ver al señor Trujillo mientras sacrificaba cochinos, como se hacía antiguamente, y al que la chiquillería le pedía un cacho de cuero o de oreja. «Cómo eran las cosas de antes».
El buen consejo del carnicero
Esa relación cercana con el cliente, explica, es una de las características que diferencian este tipo de comercio local del modelo actual de compra envasada y rápida, que se ha ido imponiendo con el tiempo. «La gente aprecia y parece volver al asesoramiento que dan los profesionales de la carnicería cuando piden carne para el potaje o la sopa, además del sabor que da con el corte fresco», subraya.
El relevo generacional se ha producido con esfuerzo y continuidad. Su padre fue carnicero de profesión toda la vida. Se formó desde joven en el oficio y pasó por negocios y supermercados de la zona, lo que permitió a su hijo aprender desde pequeño una actividad que hoy considera parte de su identidad profesional. Esa trayectoria familiar ha sido fundamental para que el local siga funcionando y mantenga una reputación consolidada entre la clientela del municipio.
También destaca que el negocio trabaja con carne fresca y con elaborados propios, algo que considera muy apreciado por los clientes que buscan calidad y confianza. Entre los productos más demandados está el chorizo canario, una elaboración que mantiene la identidad del negocio y que, según afirma, tiene salida incluso fuera de Gran Canaria, con compradores que llegan desde Tenerife. Mantener su receta y elaboración fue una de las condiciones de la familia Trujillo para poner el negocio en manos de Francisco Alonso. «Es una tradición de la casa que hemos mantenido. Tiene un sabor propio y no repite tanto como otros», asegura José María. Toda esa demanda ha contribuido a reforzar la reputación de la carnicería como un comercio con personalidad propia.
Su propio chorizo canario y los adobos artesanos han consolidado su reputación en la zona
La oferta del establecimiento ha crecido con el paso del tiempo. Además de la carne fresca de ternera y cerdo, la carnicería prepara una amplia gama de elaborados como albóndigas, hamburguesas y adobos, todos ellos elaborados en el local y con recetario propio. José María asegura que gran parte del éxito del negocio se explica precisamente por esa producción artesanal, con especias frescas y una elaboración diaria que permite ofrecer un producto distinto al de los canales industriales.
A eso se han ido sumando otros artículos de consumo habitual, como frutas, verduras y huevos, hasta configurar una especie de pequeño mercado de barrio. La incorporación de esos productos responde, según cuenta, a las necesidades de los propios clientes, que van pidiendo más variedad y encuentran en el establecimiento una solución cómoda para hacer la compra completa en un solo lugar. El servicio a domicilio completa esa atención, especialmente para personas mayores o vecinos con dificultades para desplazarse y al que se continúa atendiendo.
La vuelta al comercio local
Actualmente el negocio da empleo a cinco personas, todas vinculadas a de Carrizal e Ingenio. José María subraya que detrás del mostrador no hay solo una empresa familiar, sino también el sustento de varias familias que dependen de ese trabajo diario. La plantilla, además, ha tenido que reorganizarse para adaptarse a la falta de personal y al esfuerzo que supone mantener abierto un negocio de lunes a domingo.
El horario se ha concentrado por la mañana, una decisión tomada para hacer más llevadera la jornada laboral y conciliar mejor el trabajo con la vida familiar. Aun así, la actividad continúa siendo intensa y exige compromiso constante, algo que asume porque dice sentirse cómodo en una profesión que aprendió de su padre y que ha convertido en su modo de vida.
«No se trata solo de vender carne, sino de mantener una forma de trabajar y tener a la clientela contenta»
Para José María, la vuelta del consumidor al comercio local es una realidad en algunos sectores como la carnicería o la pescadería, donde la gente sigue valorando el producto fresco y la atención personal. Cree que, tras años de expansión de las grandes superficies, muchos clientes empiezan a recuperar el gusto por la tienda de toda la vida. En Carrizal e Ingenio, sin embargo, esa red comercial se ha ido reduciendo. Él mismo lamenta que ya no queden pescaderías en el municipio y que muchos servicios tradicionales hayan desaparecido por jubilación de sus titulares sin relevo posterior. En ese escenario, la carnicería que aún permanece abierta adquiere un valor simbólico especial, porque representa la continuidad de un modelo económico y social que se resiste a desaparecer.
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