El linaje Bueno en Mogán
El origen majorero y la consolidación de una familia influyente en el suroeste de la isla de Gran Canaria a partir del siglo XIX

Panorámica del pueblo de Mogán a finales del siglo XIX. / Ojeda
El apellido Bueno aparece documentado en diversas islas del Archipiélago tras la conquista. En Tenerife se menciona tempranamente a Pedro Bueno, hijo de Gonzalo el Bueno y de María Zamora, que fue dotado en 1523 cuando se casó con Francisca de Manzanilla, estableciéndose ambos en La Orotava. En Gran Canaria, concretamente en Teror, figuraba asimismo otro Pedro Bueno casado, después de 1584, con Ana González, natural de Utiaca, mientras que en Telde figuraba a mediados del siglo XVI la pareja formada por el acequiero Simón Rodríguez y su esposa María Rodríguez Bueno. No puede descartarse que el origen de este apellido responda, al menos en alguno de sus primeros portadores, a un sobrenombre o apelativo alusivo a cualidades personales, en particular a la bondad o buena reputación del individuo, práctica relativamente frecuente en la formación de apellidos durante la Baja Edad Media y los inicios de la Edad Moderna.
Posteriormente, el linaje pasó a la isla de El Hierro a través del capitán Juan Bueno de Acosta, quien contrajo matrimonio en Valverde en 1628 con Beatriz de Molina. De esta línea descendía José María del Pilar Bueno Espinosa, natural de dicha isla y coronel del regimiento de las milicias en 1775.
El apellido Bueno se documenta también en la isla de Fuerteventura, con especial arraigo en el municipio de Pájara. A mediados del siglo XVII, residía en esta localidad Diego Bueno, quien contrajo matrimonio en la parroquia de Santa María de Betancuria el 28 de octubre de 1669 con María de Bracamonte (L IV, f. 5). Su hijo, el alférez Juan Diepa Bueno, celebró primeras nupcias en Betancuria el 29 de septiembre de 1698 con María Melián Casañas (L IV, f. 197). Posteriormente contrajo segundo matrimonio en la parroquia de Pájara el 23 de febrero de 1716 con su parienta Francisca Ramos de la Peña, previa dispensa por consanguinidad en tercer y cuarto grado (L I, f. 21).
De este segundo enlace nació Diego Bueno Ramos, quien casó en la parroquia de Pájara el 29 de julio de 1741 con María Umpiérrez, hija de Andrés Hernández Hormiga y de Ana Umpiérrez, habiendo obtenido igualmente dispensa por consanguinidad (L I, f. 118). Fueron los padres de Juan Antonio Bueno Umpiérrez, natural de Pájara, quien contrajo matrimonio en dicha parroquia de Nuestra Señora de Regla, el 6 de octubre de 1778, con María Buenaventura Feo Umpiérrez, hija de Juan Feo Umpiérrez y de Josefa Negrín, naturales de la misma localidad (L I; f. 343).
Desde Fuerteventura, y por diversas circunstancias -entre ellas las reiteradas crisis de subsistencia que afectaron a la población majorera- muchos de sus habitantes se vieron obligados a emigrar hacia otras islas del archipiélago y también hacia América en busca de mejorar sus vidas.
Durante el siglo XIX, el linaje majorero de los Bueno echó raíces en el municipio grancanario de Mogán, en un proceso de asentamiento estrechamente vinculado a la figura del presbítero Manuel de los Reyes Bueno Umpiérrez. Nacido el 25 de mayo de 1788 en Pájara, era hijo del citado Juan Antonio Bueno y María Buenaventura. Ocho días después de su nacimiento fue bautizado en la iglesia natal, con el cura Sebastián Negrín Umpiérrez como padrino (L IV, f. 146 vto.). Ordenado presbítero en 1816, obtuvo poco después un beneficio eclesiástico en Casillas del Ángel, donde inició su trayectoria pastoral. No obstante, sería a partir de 1823 cuando su figura adquirió mayor relevancia, al ejercer como cura de la parroquia de San Antonio de Padua de Mogán, erigida gracias a la generosidad del indiano Matías Sarmiento Martín desde Cuba.
Un decreto dictado el 14 de mayo de 1814 por el obispo Manuel Verdugo le había concedido previamente el rango de ayudantía parroquial de Tejeda. Desde este cargo, que desempeñó durante veintidós años, dejó una huella duradera tanto en la comunidad como en el proceso de consolidación de su linaje en Mogán.

Marcelino Marrero (1853-1923), el virrey de Mogán a fines del siglo XIX. / La Provincia
Falleció en octubre de 1844, a los 56 años, tras haber otorgado dos testamentos -en 1836 y 1839- ante escribanos de Las Palmas. En ellos declaraba que los formalizaba «temiendo que le sorprenda la muerte, particularmente cuando reside en un sitio donde no hay escribano público», en alusión a su residencia en Mogán. Designó como albaceas a su hermano José María Bueno Feo, casado en Mogán con Josefa González Suárez, y a su cuñado José Valencia Valladares, natural de La Aldea, esposo de su hermana Juana María Bueno.
En la casa parroquial de Mogán convivía además su sobrina María José Bueno, hija de su hermano Sebastián José Bueno y de Catalina Umpiérrez, quienes permanecieron avecindados en Pájara. Esta sobrina recibió un trato especial en sus últimas disposiciones testamentarias. Por su parte, otro sobrino, José María Reyes Bueno, que también residía bajo el mismo techo, decidió trasladarse a Cuba a comienzos de 1836, dejando otorgado poder a su tío para que pudiera «intervenir en la partición de los bienes quedados por fallecimiento de su madre Catalina».
Las propiedades adquiridas por don Manuel Reyes Bueno, así como la herencia que dejó -compuesta por casas, más de cuarenta fanegadas de tierras, con árboles frutales, por debajo de la Umbría y derechos de agua para su riego por diversas compras realizadas en Mogán durante su sacerdocio- contribuyeron de manera decisiva al arraigo y consolidación de su familia en la comarca.
Ayuntamiento de Mogán
Por tal razón, al examinar las familias de antiguo abolengo presentes en el momento de la creación del Ayuntamiento de Mogán en el primer tercio del siglo XIX encontramos en primer lugar al citado presbítero majorero. Entre sus hermanos destacó don José María Bueno Feo, quien dio origen a una extensa descendencia de once hijos, antes de fallecer en 1858 en Mogán. De esta rama familiar desciende Guillermo Bueno Hernández, alcalde de Mogán en 1977, padre del escritor y guionista Guillermo Bueno Marrero, autor de Cuentos de un maravilloso tiempo.
Durante este periodo, la familia Bueno entroncó con los linajes Marrero, Rodríguez, Bravo de Laguna, Hernández, Martín y González, apellidos de profundo arraigo en el valle de Mogán desde siglos atrás. Conviene recordar que este valle -junto a enclaves como Tauro, Veneguera, Tasarte, La Coraolla, Barranquillo Andrés y Soria- constituyó durante siglos un espacio rural de escasa población y notable aislamiento geográfico. En este contexto, sustentado en la ganadería y pequeños cultivos de subsistencia, las relaciones sociales y económicas tendieron a concentrarse en un número reducido de familias.
Esta realidad favoreció la repetición de alianzas matrimoniales entre los mismos grupos familiares, dando lugar a una marcada endogamia social y de poder. Como resultado, estos linajes no solo reforzaron sus vínculos entre sí, sino que consolidaron progresivamente su influencia en la vida económica, social y política del municipio.
Una hermana del presbítero, doña Juana María Bueno, casada en la parroquia de Mogán, el 21 de mayo de 1825, con el aldeano José Valencia Valladares, fue abuela de Miguel Marrero Valencia, vecino del lugar de la Playa. Este era primo hermano de Marcelino Marrero Quesada (1853), persona popularmente conocido como el «Virrey de Mogán», fallecido el 1 de septiembre de 1923. Su poder e influencia en la política local -donde ejerció como alcalde y secretario municipal- resultaron prácticamente incontestables durante largos años. Según relata el cronista aldeano Francisco Suárez Moreno en su obra La cultura del cereal en el suroeste de Gran Canaria (2001), llegó a reunir un patrimonio de 179 fincas con una superficie total de 2.891 hectáreas.
Entre sus descendientes destaca su nieto Benigno Bravo de Laguna Marrero (1919-2010), quien fue el primer alcalde en Mogán tras las primeras elecciones municipales de 1979, por la UCD, aunque ya había desempeñado el cargo anteriormente entre 1962 y 1967. No obstante, su mandato tras la restauración democrática fue breve, pues apenas dos años después fue destituido mediante una moción de censura, la primera que se produjo en el municipio. Fue sustituido por Silverio Martín Sánchez.
De este mismo clan familiar, de la rama de José María Bueno Feo, hermano del cura párroco, procede también Guillermo Bueno Quintana, quien fue alcalde de Mogán entre 1992 y 1995, representando al partido independiente IGC. Accedió a la alcaldía tras prosperar otra moción de censura contra el anterior mandatario. Guillermo es padre de Onalia Bueno García, quien años más tarde, el sábado 13 de junio de 2015, también asumiría la alcaldía del municipio, primera mujer que llega a este cargo en la historia del municipio, consolidándose como una de las figuras políticas más relevantes en la historia reciente de Mogán.
En La Aldea, finalmente, la historia de esta familia sigue viva en la figura de Fidelia Bueno, centenaria y testigo de varias generaciones. Hermana del que fuera alcalde Guillermo Bueno y tía de la actual regidora, su vida traza un puente entre el pasado y el presente del municipio. Junto a su esposo, Francisco Rodríguez, estrechamente vinculado al trabajo agrícola, Fidelia formó una familia arraigada a la tierra y a las tradiciones locales. De aquella unión nacieron varios hijos, entre ellos Paquito Rodríguez Bueno, quien dedicó su vida a la enseñanza y hoy disfruta de su jubilación.
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