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Santa María de Guía

Cruci Benítez, la artesana de Guía que lleva más de dos décadas vistiendo las romerías de Gran Canaria

Cruci Benítez lleva más de dos décadas confeccionando trajes típicos canarios en su mercería de Santa María de Guía. Entre dedales, patrones y noches sin descanso, esta artesana ha conseguido que sus prendas desfilen por todas las romerías de las islas y ha encontrado entre el revoltijo de los hilos su camino hacia la superación

Cruci Benítez, costurera de trajes típicos para romerías

José Pérez Curbelo

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Yeremi Almeida González

Yeremi Almeida González

Santa María de Guía

Costurera sin dedal cose poco y cose mal. Bien lo sabe Cruci Benítez Molina, que desde hace más de dos décadas confecciona trajes típicos canarios con un dedal en la mano y otro en el delantal. Sus diseños desfilan cada año por las romerías de Gran Canaria e incluso han llegado hasta la ofrenda de las fiestas del Pilar, en Zaragoza. Detrás de cada puntada hay horas de trabajo, tradición y una pasión que la acompaña desde la infancia.

Su relación con la tela comenzó cuando apenas era una niña. Mientras su madre cosía ropa para toda la familia, ella improvisaba vestidos para sus muñecas, cuando entonces no eran más que carozos de piña. Entre los hilos, los retales y las agujas descubrió un mundo que acabó marcando toda su vida. De hecho, su regalo de comunión fue un juego de agujas y un ovillo de lana.

Con apenas diez años vió a una vecina rodeada de patrones de la revista Burda. Aquellas líneas y papeles llenos de medidas despertaron su curiosidad y le pidió que le enseñara a sacar patrones. Desde entonces comenzó a aprender por su propia cuenta y practicó una y otra vez hasta dominar la aguja. A los quince años entró como bailarina en la agrupación folclórica Estrella y Guía y encontró la forma perfecta de unir sus dos grandes pasiones: el folclore y la costura. Aprovechando sus conocimientos, estrenaba traje típico en casi cada actuación. Cuatro décadas después, asegura que su armario guarda más de ochenta vestidos canarios confeccionados por ella misma.

El refugio que cambió su vida

Durante varios años trabajó junto a una costurera de Gáldar, una experiencia que aprovechó para aprender el funiconamiento del negocio y para conseguir sus propias clientas. Sin embargo, hubo un momento en el que tuvo que apartarse de ese trabajo, ya que vivió un periodo de depresión que se prolongó durante dos años, en el que la aguja, el hilo y la tela se convirtieron en su refugio. “Me la pasaba llorando y cosiendo”, recordó. Fue precisamente en esa etapa cuando surgió la idea que cambiaría su vida.

Un día, mientras terminaba una blusa, se dio cuenta de que le faltaban botones. Mandó entonces a su marido a buscarlos a Gáldar. Después de pasar toda la mañana recorriendo tiendas, él regresó indignado y le preguntó: “¿No hay un sitio en toda Guía donde se pueda comprar un botón?”. Cruci, casi sin pensarlo, le respondió: “Tranquilo, que la próxima vez lo vas a comprar en mi tienda”. Aquella idea terminó convirtiéndose en una realidad. El 3 de mayo de 2006 abrió las puertas de Ropas Típicas Cruci, una pequeña mercería ubicada en la calle Marqués del Muni, en Santa María de Guía.

"Tranquilo, que la próxima vez lo vas a comprar en mi tienda”

Cruci Benítez

— Artesana

Aunque su madre prefería coser ropa de hombre, Cruci terminó inclinándose por la vestimenta femenina. Los pololos, las enaguas, los zagalejos, los delantales y las faldas que confecciona están inspirados en la ropa que llevaban las campesinas canarias entre los siglos XVIII y XX. Gran parte de esos conocimientos los adquirió durante su formación como artesana en el Fondo para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía Canaria, organismo dedicado a estudiar, recuperar y proteger el patrimonio etnográfico y artesanal de Gran Canaria.

La temporada de las romerías

Cada año, cuando en abril comienza la romería de San Isidro en Gáldar, empieza también la temporada más intensa para Cruci. Durante esos meses apenas tiene descanso, por lo que es habitual verla salir de la mercería a las tres de la madrugada después de pasar horas cosiendo. “Al principio llegué incluso a dormir aquí, en una cama plegable, para al día siguiente seguir cosiendo”, recuerda entre risas. En su tienda recibe clientas de Mogán, de Santa Brígida o incluso de Tenerife, que buscan un traje para desfilar en las romerías de las islas. Algunas reservan su diseño con un año de antelación. Tiene una clienta que, nada más terminar la romería de las Marías en Guía, toca en su puerta para encargar el traje del año siguiente.

“Al principio llegué incluso a dormir aquí, en una cama plegable, para al día siguiente seguir cosiendo”

Cruci Benítez

— Artesana

A pesar del paso de los años, Cruci sigue reconociendo sus trajes cuando los ve entre el barullo de las romerías. Dice que cada diseño lleva algo personal y que, de alguna manera, todos tienen su sello. Su filosofía de trabajo se basa en el respeto por la vestimenta tradicional canaria. Por eso rechaza algunas peticiones que considera alejadas de la tradición. “Hay personas que me piden blusas de manga corta y yo no las hago, porque la ropa típica canaria siempre ha sido de manga larga”, explica.

Aunque reconoce que en los últimos años muchas mujeres se preocupan más por acudir bien vestidas a las romerías, lamenta que algunas grandes empresas hayan terminado “desvirtuando” la esencia de la ropa tradicional. “Ayer me trajeron un chaleco con brillantitos para arreglarlo y me dolieron los ojos nada más verlo”, comentó. También critica la baja calidad de muchas prendas actuales: “Hoy compras una ropa y a las tres lavadas ya está mareada”.

Un oficio sin despedida

Cruci define la costura como una profesión “sacrificada” y “trabajosa”. Las horas frente a la máquina y el esfuerzo apenas se reflejan después en los beneficios económicos. Sin embargo, asegura que toda esa dedicación merece la pena cuando ve un traje terminado. “Cuando lo remato y lo veo puesto en la percha, siento una satisfacción enorme”, confisa.

Además de atender su mercería, todos los lunes cierra durante unas horas para ir hasta La Aldea de San Nicolás, donde imparte clases de diseño, costura y patronaje. Sus alumnas también pertenecen a agrupaciones folclóricas, por lo que quieren aprender a confeccionar sus propios trajes. Aun así, Cruci reconoce que el oficio tiene poco relevo generacional. “Antes era más normal ver a chicas jóvenes aprendiendo a coser, pero hoy en día es raro encontrar niñas de 17 años interesadas en esto”, lamenta.

Ella, sin embargo, tiene claro que jamás dejará del todo la costura. Sabe que, incluso cuando llegue la jubilación y cierre definitivamente la mercería, seguirá con la aguja y el dedal entre las manos. Aunque solo sea, dice, para seguir vistiendo a sus nietos.

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