Un latido común para cantar la identidad de una isla
‘Attindamana’ convirtió la Plaza de Santa Ana en un gran escenario de identidad, memoria y creación colectiva. Con la participación de más de 500 artistas, la producción musical, coreográfica y teatral del festival ‘La Isla de Mi Vida’ trazó un mapa sonoro y emocional de la isla a través de sus 21 municipios

Las islas aparecen reflejadas en la cartografía desde hace siglos. Desde ayer, Gran Canaria cuenta también con un mapa sonoro y emocional gracias al legado del Festival La Isla de Mi Vida y, en concreto, de Attindamana El sonido de un pueblo, el latido de una isla, una gran producción musical, coreográfica y teatral estrenada en la Plaza de Santa Ana como homenaje contemporáneo a la identidad de los 21 municipios de la isla. La propuesta reunió a más de 500 artistas y convirtió el corazón histórico de Las Palmas de Gran Canaria en un escenario colectivo para celebrar la memoria, la creación y la diversidad cultural del territorio.
El Cabildo de Gran Canaria transformó la Plaza de Santa Ana en una caja de resonancia de la profundidad artística que atesora la isla. El espectáculo puso de relieve el vínculo entre las raíces que se aferran al suelo de la tradición y el cielo abierto de las vanguardias, una combinación que define tanto la historia como el presente cultural de Gran Canaria. Música, danza, teatro, folclore y creación contemporánea se dieron la mano en una producción concebida no solo como un evento puntual, sino también como una apuesta por dejar un patrimonio artístico perdurable.
«Lo que presenciamos hoy es la gran expresión musical de lo que se hace actualmente en música en Gran Canaria, que dejará un legado artístico duradero y un retrato del territorio a través del arte», resumió el presidente del Cabildo, Antonio Morales, durante el acto, al que asistió acompañado por la consejera de Desarrollo Económico, Minerva Alonso. Morales agradeció además la implicación de los equipos de la Consejería de Desarrollo Económico, de Infecar, entidad organizadora, de la Fedac, de Presidencia y de la productora Una Hora Menos, así como de los más de quinientos artistas, investigadores e investigadoras que han participado en la iniciativa.

Un latido común para cantar la identidad de una isla
La jornada comenzó a las 19.30 horas en el Parque de San Telmo, desde donde partió un pasacalle que recorrió la calle Triana rumbo a la Plaza de Santa Ana. La Banda de Firgas y los Papahuevos abrieron el camino hacia el estreno de Attindamana, en una antesala festiva que conectó la celebración popular con la propuesta escénica de gran formato. La producción estuvo dirigida por un equipo colegiado que trabajó tejiendo redes entre diferentes disciplinas y generaciones de artistas, con nombres como Mario Vega, Belén Álvarez Lajalada, Víctor Batista, Ner Suárez, Manuel Abrante, Ruth Sánchez y Javier Cerpa en el núcleo de creación y dirección.
Attindamana nace con una ambición clara: contribuir a la creación de un nuevo repertorio para la música popular canaria. Más allá de la dimensión escénica del estreno, el proyecto se plantea como una inversión en el patrimonio cultural del futuro, con la creación de 21 canciones vinculadas a los municipios de Gran Canaria y llamadas a incorporarse al cancionero insular. La iniciativa busca que estas composiciones no queden únicamente como parte de una noche de celebración, sino que puedan pervivir, reinterpretarse y sostenerse en el tiempo como una nueva memoria musical compartida.
La producción supuso una de las mayores concentraciones de talento artístico local vinculadas a un evento cultural de carácter insular. En ella participaron, entre otras entidades musicales y artísticas, la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, la Parranda Araguaney, Umiaya, Mujeres D, Raíces Atlántikas, Los Serenquenquenes, agrupaciones folclóricas, colectivos municipales y más de cuarenta intérpretes vocales e instrumentistas. La suma de todos ellos dio forma a un relato coral sobre la isla, sus paisajes, sus acentos y sus comunidades.
El proyecto toma el relevo y amplía el concepto del antiguo Festival Canariona, ahora bajo el paraguas de La Isla de Mi Vida, con una mirada más amplia hacia la identidad insular y su proyección artística. El resultado fue una propuesta que reivindicó la tradición sin renunciar a los lenguajes contemporáneos, y que situó a los municipios como protagonistas de una narración común construida desde la música y la escena.
El cierre de la noche estuvo marcado por la presentación en primicia de la nueva edición de ‘After Hours: The Mixtape’, una iniciativa artística comandada por DJ Saot ST, reconocido productor y cineasta que ha dedicado su trayectoria a impulsar el talento joven de las islas dentro de la cultura urbana. Con este último tramo, el festival abrió también espacio a las nuevas generaciones y a los sonidos actuales, completando un recorrido que fue de la tradición popular a la creación urbana contemporánea.
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