Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Edith Marie Clausen, de Bergen a Mogán en busca de luz y calidad de vida

La artista noruega convirtió una cueva del sur grancanario en su hogar, taller y museo donde fusionó la sensibilidad nórdica con la tradición aborigen isleña

Edith Marie Clausen con su escultura ‘El último grito en Drobak’.

Edith Marie Clausen con su escultura ‘El último grito en Drobak’.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Pedro J. Franco López

Pedro J. Franco López

Cuando Edith Marie Clausen llegó a Gran Canaria -concretamente a Mogán- en 1999 quedó fascinada por la cultura troglodita de la isla, sus símbolos y las antiguas tradiciones vinculadas al barro, la piedra y la artesanía. Artista plástica de formación y profundamente influenciada por el ambiente artístico de su familia, pronto puso sus conocimientos al servicio del embellecimiento de Mogán como escultora, ceramista y promotora artística. Su su implicación con la vida local hizo que fuera aceptada rápidamente, por la ciudadanía, como una moganera más.

Nacida en Bergen, la segunda ciudad más importante de Noruega, desde muy joven mostró una fuerte personalidad y una gran inquietud intelectual. Estudió bachillerato de filosofía en Bergen, Magisterio en la Universidad de Noruega, Pedagogía Sociológica y Bellas Artes en Oslo, además de ampliar continuamente su formación artística y humanística.

Su afán por conocer otras culturas la llevó a recorrer medio mundo, visitando países como la antigua URSS, Venezuela, México, Australia, Indonesia o Dubái, investigando en cada uno de ellos su cultura indígena y sus manifestaciones artísticas. Instalada en Gran Canaria, como no podía ser menos, profundizó en la alfarería tradicional canaria y en los símbolos prehispánicos de la isla.

En algunos de estos estos países llegó a vivir largas temporadas y así fue como conoció a su esposo, Francisco Rivera, natural de la isla de La Palma. De vuelta a Suecia, dónde también vivieron unos cinco años, ambos decidieron abandonar la comodidad de la vida nórdica buscando un entorno más cálido, activo y cercano a la naturaleza, fue así como recalaron en Mogán en el año 1999, acompañados por sus hijas Andrea y Camila.

En principio Edith trabajó como pedagoga y desarrolló también algunas terapias artísticas para jóvenes con problemas sociales. También ejerció como maestra para escolares noruegos en Arguineguín pero, sin embargo, su verdadera pasión seguía siendo el arte y la vida en contacto con la naturaleza.

Después de años buscando el lugar ideal encuentran y adquieren una propiedad singular: toda una montaña con cueva incluida, rodeada de vestigios etnográficos y vegetación autóctona. Allí comenzaron un proyecto de vida inspirado en las antiguas tradiciones canarias. Poco a poco acondicionaron el espacio, criaron animales y plantaron árboles frutales. Aunque la cueva carecía de agua y electricidad, lograron adaptarla con enorme esfuerzo, incluso instalando un pequeño sistema (una especie de teleférico), para transportar materiales montaña arriba.

Para Edith vivir en una cueva no significó ningún sacrificio, sino el cumplimiento de un sueño. Aquella nueva vida también transformó su obra artística. La luz y el paisaje del sur de Gran Canaria comenzaron a reflejarse en sus esculturas, pinturas y relieves, muchos de ellos inspirados en símbolos aborígenes y formas ancestrales. Con el tiempo la cueva se convirtió en taller, museo y espacio expositivo abierto al público, transformándose en un atractivo cultural y turístico para el municipio de Mogán.

Los especialistas destacan en su obra la estrecha relación con la naturaleza, la tierra, la piedra y las culturas tradicionales. Entre sus creaciones más conocidas figura El último grito en Drobak, inspirada en la obra de El Grito fechada en 1893, del también noruego Edvard Munch. Esta escultura de gran fuerza expresiva y simbólica que mezcla rasgos totémicos y rituales, llegó incluso a formar parte de un proyecto de gran formato denominado Canción hacia el mar, concebido para instalarse mirando al océano, contando con el beneplácito de las autoridades y técnicos moganeros.

Hoy en día Edith representa la unión entre la sensibilidad artística nórdica y el legado cultural canario convirtiéndose, por méritos propios, en una figura profundamente vinculada a la isla de Gran Canaria y su identidad cultural.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents