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San Bartolomé de Tirajana

Una superviviente de otra época: Verónica López, la guardiana de la última tienda de aceite y vinagre de Tunte

Verónica del Carmen López Rodríguez regenta Comestibles López, una tienda de aceite y vinagre del municipio tirajanero con más de cincuenta años de historia

Verónica del Carmen López junto a las frutas frescas de su establecimiento.

Verónica del Carmen López junto a las frutas frescas de su establecimiento. / LP/DLP

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Las Palmas de Gran Canaria

En el número 1 de la calle Tamarán, la vía principal que atraviesa el corazón del pueblo de Tunte, Verónica del Carmen López Rodríguez ordena el inventario de su pequeño negocio. El nombre de su local, Comestibles López, se encuentra escrito en un antiguo cartel, acompañado del escudo de San Bartolomé de Tirajana. Tras unas vetustas puertas de madera se encuentra la última tienda de aceite y vinagre de Tunte. Esta reliquia de otro tiempo lleva más de cinco décadas surtiendo a la vecindad de alimentos frescos.

El espacio que separa la entrada y el mostrador apenas alcanza el metro de longitud, por lo que los viandantes que transitan por la acera pueden verse fácilmente atraídos por el cautivador olor de los albaricoques, las naranjas y limones que Verónica oferta en su establecimiento. La tendera confiesa que, con el paso del tiempo, los supermercados y las grandes superficies fueron desplazando a este tipo de tiendas regentadas por pequeños empresarios, que se vieron obligados a cerrar sus puertas debido a la pérdida de una clientela que ya disponía de alternativas más cómodas y que contaban con una oferta mayor.

Superviviente de otra época

Comestibles López es uno de los pocos supervivientes de otra época que han logrado mantenerse impertérritos ante los constantes cambios de la sociedad contemporánea. Antes de que Verónica tuviera uso de razón, su madre María Nieves Natividad Rodríguez Suárez, era quien regentaba el negocio. Su hija la vio trabajar sin descanso durante décadas, siempre con diligencia y positividad, valores que con el tiempo ella también fue adquiriendo y la avalaron para que su madre le traspara el local cuando alcanzó la edad de jubilación.

Verónica rememora que pasó gran parte de su infancia en la tienda y atesora infinidad de historias de aquella etapa. Recuerda que cuando aún iba al colegio empezó a realizar pequeñas tareas para ayudar a su madre con el local, como ordenar algunos de los productos que les llegaban o hacer recados para los vecinos que frecuentaban el establecimiento.

La dueña de Comestibles López evoca imágenes de tiempos pretéritos en los que contaban con un barril de aceite con el que dosificaban el líquido para su posterior venta. También recalca que, por aquel entonces, la tienda se abastecía con grandes sacos de azúcar de veinticinco kilos que despachaban a granel, por lo que una de las herramientas más empleadas en el establecimiento era la báscula con la que realizaban las mediciones. Vivió buena parte de su niñez rodea de grandes costales en los que almacenaban el azúcar y el gofio, hasta que, progresivamente, «empezaron a llegar los productos ya empaquetados».

Desde sus inicios, uno de los grandes atractivos de la tienda era la abundancia de la fruta fresca que llegaba varias veces en semana. Verónica recuerda que su madre solía comprar vegetales a través de comisionistas que provenían de Telde y Vecindario. Hoy en día, la presencia de productos frescos en el local sigue siendo uno de los motivos por los que los clientes visitan el establecimiento, pues saben que en comestibles López jamás han perdido la costumbre de llenar sus entantarías con alimentos de kilómetro cero recién traídos de las huertas de la isla redonda.

Verónica atiende amablemente a tres jóvenes holandesas que están de visita para conocer los encantos del pueblo. La tendera les despacha, con una sonrisa en la cara, una botella de agua, dos refrescos y un paquete de papas de bolsa.

Locales y turistas

La tuntera menciona que aún frecuentan el local los vecinos del pueblo, incluso los hijos y nietos de los clientes habituales de su madre, quienes no han perdido las costumbres inculcadas por sus antecesores. Sin embargo, Verónica sostiene que su negocio sigue a flote gracias a los turistas que visitan la localidad y le compran, normalmente, artículos para refrescarse del habitual calor que caracteriza Tunte. «A veces vienen personas de Alemania, Italia o Inglaterra y se suelen llevar algún polo para combatir las altas temperaturas o cualquier cosa fresquita», explica la tendera.

Con la mirada puesta siempre en el presente, la empresaria tirajanera expresa que nunca ha aspirado a hacerse «rica» con su negocio y sostiene que, desde que tiene memoria, está «acostumbrada a vivir al día porque en ningún momento ha sobrado el dinero, pero por lo menos siempre ha sido suficiente para sacar adelante a la familia. Eso es lo más importante». Consciente de que cada vez son menos los locales de este tipo que quedan en la isla, Verónica aclara que su intención es «intentar dar siempre un buen trato a quienes vienen y no perder las ganas, aunque a veces haya momentos en los que la suerte no acompaña».

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