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Rama del Valle de Agaete

Tamadaba cumple con San Pedro y entrega al Valle de Agaete una de las ramas «más frondosas en los últimos años»

Las lluvias del invierno vistieron de verde la zona y regalaron a los rameros una bajada especial marcada por las promesas, la música y el regreso de los vecinos «de siempre»

Rama en honor a San Pedro en el Valle de Agaete

Elena Montesdeoca

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Elena Montesdeoca

Elena Montesdeoca

Agaete

Tanta agua pidieron el año pasado los rameros del Valle de Agaete a San Pedro que el deseo se ha concedido con mayúsculas. Este domingo, vecinos y visitantes de la zona portaron desde Tamadaba hasta San Pedro una de las ramas más frondosas y cargadas de los últimos años. El motivo era evidente: las lluvias registradas durante los primeros meses del año han hecho que Tamadaba luzca por estas fechas más verde que nunca. Así, las calles del pequeño pueblo situado en lo alto de Agaete volvieron a llenarse con la fiesta de La Rama para pedir, un año más, lluvia como la del pasado invierno, salud y la posibilidad de seguir bailando junto a la rama durante mucho tiempo con las personas a las que tanto quieren.

Cuando el reloj marcó las 10.30 horas, con puntualidad milimétrica y bajo unas nubes que, en un primer momento, parecían desafiar al sol al que están acostumbrados los vecinos por esta época del año, ya eran varias las personas que esperaban ansiosas en el pueblito. No habían pasado la noche anterior en Tamadaba para preparar la rama con eucaliptos y otras especies vegetales, pero aguardaban con ilusión el momento en que esta asomara para unirse al recorrido. A las 10.30, ni un minuto más ni uno menos, sonó el volador que todos esperaban y la música de La Clandestina comenzó a llenar las calles. Un año más, San Pedro estaba a punto de recibir la ofrenda de los vecinos de la zona.

Allí, sentados a la sombra y a la espera de que la rama tiñera de verde la calle en la que se encontraban, estaban Nerea Martín y su hijo Hugo, que aún no llega a los tres años. Era la segunda vez que el pequeño participaba en esta festividad, una tradición que sus padres le han inculcado desde que nació. Hugo, que no paraba quieto ni un segundo, conoce bien las canciones que se escuchan durante la fiesta, porque en su casa siempre han sonado. «Cuando Hugo escucha la mítica, levanta las manos y se pone a saltar», cuenta su madre.

Aarón, Nerea y Huego.

Aarón, Nerea y Huego. / José Pérez Curbelo

Ella es de Agaete, concretamente de la zona del puerto, mientras que el padre de Hugo es del Valle de Agaete «de toda la vida». Este año al ir con el pequeño de la casa, han decidido no subir a dormir a Tamadaba, como sí habían hecho en otras ocasiones. «La tradición es que el padre siempre suba, duerma allí, haga la rama y baje», recalca Nerea, mientras Hugo no para quieto ni un segundo.

Colchones al suelo y familia reunida

El Valle de Agaete estaba este domingo repleto de los vecinos «de siempre». Al final, como resaltan una y otra vez los habitantes de la zona, «esta es La Rama buena», por su carácter más familiar frente a la que se celebra cada año el 4 de agosto. Eso hace que Hugo no sea el único niño que disfruta de la tradición, sino todo lo contrario. Allí, los más pequeños de la casa estaban más que invitados a la celebración, y cada uno de ellos portaba una rama, más grande o más pequeña, para cumplir con la tradición.

La pequeña Iria junto a su hermana Nereida y Abimael

La pequeña Iria junto a su hermana Nereida y Abimael / José Pérez Curbelo

Iria era otra de las pequeñas de la zona que agitaba con fuerza su rama al ritmo de la música, con una expresión de felicidad que le dibujaba una sonrisa de oreja a oreja. Junto a ella, su hermana, Nereida Domínguez y su pareja, Abimael González, disfrutaban casi tanto como la niña, o incluso más. Para Abimael este es su primer año en La Rama de San Pedro y, sin pensarlo dos veces, asegura que la celebración es «increíble y una auténtica maravilla». Nunca había asistido, pero esta vez no podía perdérsela gracias a su pareja, natural del Valle de Agaete, que le había hablado una y otra vez de esta festividad.

Para ella —y no solo por ser del Valle de Agaete— existe una diferencia clara entre ambas celebraciones. «Esta es mucho mejor que la de agosto, porque la Rama grande es fiesta y la de San Pedro es tradición», distingue Domínguez con una sonrisa.

Muchos vecinos de la zona esperan cada año la llegada de esta fecha, no solo por la tradición, sino también por un motivo añadido: volver a reunirse en casa con familiares que, por una razón u otra, han dejado de vivir en el Valle y se han mudado a otros municipios o incluso fuera de la isla.

Banda La Clandestina.

Banda La Clandestina. / José Pérez Curbelo / J.PEREZ CURBELO

Como explican los propios vecinos, durante estas fechas en San Pedro las puertas de las casas están abiertas a todo el mundo. Donde duermen cinco, también pueden hacerlo seis. Domínguez lo vivió la noche anterior en su propia casa: «Colchones al suelo y a dormir donde se pueda». Esa es, también, otra de las esencias de estas fiestas.

Además, la fiesta es también un momento de reencuentros. Este año los rameros han tenido la suerte de que la celebración coincidiera en domingo, lo que hizo que la afluencia fuera aún mayor. «He visto a gente que hacía muchísimo tiempo que no veía por la zona, e incluso a gente nueva», recalca Pedro Martín, vecino del Valle, aunque desde hace tiempo ya no reside allí. Para él, volver al Valle de Agaete para bailar la Rama de San Pedro es una forma de reconectar con su niño interior y, además, hacerlo de la mejor manera: acompañado por su padre.

Tamaño y promesas

Martín, buen conocedor de la celebración, explica el porqué del tamaño de cada una de las ramas que los vecinos portan sobre sus hombros. «Se supone que, si la rama es muy grande, es porque estás haciendo una promesa muy importante y quieres que se cumpla, o porque ya se han cumplido las del año anterior. También depende de los deseos que pidas o, incluso del peso que puedas transportar, porque no es lo mismo una persona mayor que una más joven», destaca.

Él, en su caso, llevaba una bastante pequeña, pero también tenía su motivo. «Esta no la he ido a buscar a Tamadaba, sino que he ido recogiendo pequeñas ramitas que se han ido cayendo por el camino. De esta forma, hago que se cumplan los deseos de todas las personas», subraya.

De Barcelona, Valencia y Bilbao

No obstante, aunque La Rama de San Pedro es una celebración muy vinculada a la gente del Valle de Agaete, este año también fueron varios los que la vivieron por primera vez y que, ni siquiera, son canarios. Es el caso de un grupo de tres amigos procedentes de distintas ciudades de la Península: una de Barcelona, otro de Valencia y una tercera de Bilbao.

Laura Jacobo y Rubén Jimeno llegaron juntos a Gran Canaria en la época de la Covid-19, en busca de un cambio de aires. Una vez en la isla, se «enamoraron y nunca más» han querido volver a vivir en sus ciudades de origen. Abigail Cantera, la tercera integrante del grupo, también llegó a la isla en esa misma época. Entre ellos nació una amistad de peninsulares en Canarias y, desde entonces, comenzaron a salir juntos y a descubrir planes diferentes por la isla.

Los amigos penindulares en la festividad

Los amigos penindulares en la festividad / José Pérez Curbelo

En el grupo de amigos uno de sus componentes, procedente de Pamplona, ya les había hablado muy bien de esta celebración. Lleva viviendo en Gran Canaria tres años y fue en 2025 cuando conoció la festividad de San Pedro. «Nos dijo que era una tradición muy divertida y diferente, y que teníamos que venir», explica Jacobo. Así que le hicieron caso y pusieron rumbo al Valle de Agaete, sin conocer siquiera la Rama «grande».

«Me parece increíble cómo viven esta tradición aquí, la subida que hacen a Tamadaba y cómo cada uno de los vecinos monta la rama dependiendo de las promesas o de los deseos que tenga», continúa Jimeno, quien, aunque llevaba poco tiempo desde el inicio de la celebración, ya podía apreciar y valorar la esencia de la fiesta.

Aunque este año ha sido para ellos una primera toma de contacto con la festividad de San Pedro, no descartan acudir también a la próxima celebración de La Rama de Agaete, el 4 de agosto. Incluso, en un futuro, se plantean ser ellos quienes suban a Tamadaba en busca de las ramas para vivir la tradición al completo.

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