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San Bartolomé de Tirajana

Un historiador de barrio: Miguel Guerra, guardián de la memoria de Cercados de Araña

El exjefe de Policía de San Bartolomé de Tirajana Miguel Guerra Cazorla, ha publicado el libro «La otra cuenca de Tirajana. Cercados de Araña y barrios adyacentes» para rendir homenaje a la localidad y sus vecinos

Miguel Guerra Cazorla posando con su libro "La otra cuenca de Tirajana. Cercados de Araña y barrios adyacentes".

Miguel Guerra Cazorla posando con su libro "La otra cuenca de Tirajana. Cercados de Araña y barrios adyacentes". / LP/DLP

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Las Palmas de Gran Canaria

En las medianías de San Bartolomé de Tirajana se encuentra el barrio de Cercados de Araña, un lugar tradicionalmente ligado a la agricultura y la ganadería. En 1950 nació en su seno Miguel Guerra Cazorla, quien a los 23 años decidió dedicar su vida a la Policía Local, donde consiguió ser comisario jefe durante su última etapa laboral. No obstante, Guerra siempre ha tenido alma de historiador, pues desde que tiene memoria se ha interesado por conocer el pasado de su localidad, de los vecinos que la integran y de su popia familia. Esa inquietud por entender lo sucedido en tiempos pretéritos es lo que lo ha impulsado a escribir La otra cuenca de Tirajana. Cercados de Araña y barrios adyacentes, un libro que mezcla la historia de su tierra natal, la de sus habitantes ya fallecidos y su propia experiencia.

Caminos reales

Guerra cuenta que el barrio estuvo prácticamente aislado hasta el año 1940, cuando el Cabildo construyó la primera carretera de tierra que facilitaba la conexión a sus habitantes. Hasta ese entonces, los vecinos utilizaban los caminos reales, que eran pequeños senderos que les permitían desplazarse para poder comerciar con otros lugares. La mayor parte de los habitantes, además de ser agricultores, se dedicaban a la venta de carbón. Los trabajadores recorrían las precarias vías hasta San Mateo y otros puntos de la isla para poder ganarse la vida en una labor "con pésimas retribuciones económicas y un gran sacrificio físico". El escritor destaca que las personas que necesitaban enterrar a sus familiares recorrían varios kilómetros desde Soria, ataviados con trajes de luto, para poder llegar hasta Cercados de Araña, desde donde salía el camión que transportaba al cuerpo y a sus seres queridos hasta el cementerio.

La llegada de la electricidad

El expolicía tirajanero explica que hasta los años cincuenta las viviendas carecían de electricidad y, para iluminar sus casas, los ciudadanos utilizaban velas y lámparas de carburo o de gas. En 1954, Santiago Correa Cazorla, que regentaba una tienda de aceite y vinagre, trajo a Cercados de Espino el primer motor electrógeno de la localidad. Guerra recuerda que aquel acontecimiento fue una increíble novedad en el pueblo, lo que supuso que todos los habitantes se reunieran en el establecimiento para poder escuchar la radio. Poco después, el escritor afirma que el dueño del local comenzó a proyectar películas y organizar bailes en un solar anexo a su vivienda, convirtiéndolo en el punto neurálgico del barrio.

Amplio trabajo de documentación

Para poder redactar su obra, Guerra ha entrevistado a los familiares de algunos vecinos fallecidos y ha recopilado 350 fotografías para ilustrar el libro. En su investigación, el autor ha descubierto que muchos de los antiguos pobladores de la zona se dedicaban a la artesanía. Era común la confección de cestas o sombreros hechas con palma y con mimbre. También era frecuente que los agricultores fabricaran sus propios arados a mano, aunque "por desgracia, esto se ha perdido con los años". El escritor recuerda que su padre era albañil y que si necesitaba fabricar una puerta, él mismo talaba el pino, daba forma a la madera e instalaba la pieza en su hogar.

Una obra necesaria para los jóvenes

Esta obra que honra la memoria de su pueblo es la primera que el autor ha publicado, pero no la primera que ha escrito. Hace varios años, Guerra elaboró un árbol genealógico de más de 200 páginas con datos de sus propios familiares y de los vecinos de Cercados de Araña y de los barrios próximos. La intención del escritor es que no se pierdan los recuerdos y las tradiciones de su localidad, ya que considera que «un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro». Por ese motivo, recomienda a los jóvenes locales que lean el libro que ha escrito, ya que desgrana la evolución de su lugar de procedencia y las complejas vivencias de sus antepasados.

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