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QUÉ EMOCIONANTE

La sorpresa que emocionó a Elías antes de su viaje soñado: “No pasa nada, llora”

El niño de Ingenio, cuya historia conmovió a Canarias tras tocar la campana en el Materno Infantil, descubrió entre lágrimas que viajaría gracias a Juegaterapia a su destino soñado.

Nauzet y su hijo Elías en Disney

Nauzet y su hijo Elías en Disney / Instagram

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Adolfo Rodríguez

Adolfo Rodríguez

Elías no sabía todavía que la maleta que había preparado para dormir en Madrid escondía algo más que una escala. Creía que el viaje terminaba, o casi, en la capital. Lo que no imaginaba era que al día siguiente tendría que coger otro avión y que ese destino, guardado hasta el último momento por su familia, lo llevaría mucho más lejos: a Disneyland París.

La escena, grabada en la intimidad de una conversación familiar, no necesita grandes explicaciones. “Esta noche dormimos en Madrid”, le adelantan. El niño escucha atento. Después llega la pista: por la mañana habrá otro vuelo, con más familias, rumbo a un destino “súper chulo”. Elías no acierta. Tampoco parece querer hacerse demasiadas ilusiones antes de tiempo. Hasta que aparece la palabra clave: Juegaterapia.

El destino que no esperaba

La revelación llega despacio, como se cuentan las noticias que se quieren recordar toda la vida. “Gracias a Juegaterapia nos vamos a pasar unos días en Disneyland París”, le dice su padre Nauzet. La reacción de Elías es inmediata. Primero, sorpresa. Después, emoción. “No”, alcanza a responder, como si necesitara negar lo que acaba de escuchar para poder creérselo. La voz se le quiebra y las lágrimas hacen el resto.

“No pasa nada, llora”, le dice su padre. Y en esa frase sencilla cabe buena parte de la historia: la de un niño que ha tenido que hacerse fuerte demasiado pronto y que, por una vez, puede llorar no por miedo, por dolor o por cansancio, sino por felicidad.

Elías Herrero Pérez, vecino de Ingenio, se convirtió en uno de esos rostros que recuerdan que el cáncer infantil no se mide solo en diagnósticos, tratamientos o partes médicos. Su historia llegó a muchas familias cuando, con siete años, celebró el final de una larga etapa contra la leucemia tocando la campana en el Hospital Materno Infantil de Gran Canaria. Aquel gesto simbolizaba el cierre de un camino durísimo y la esperanza de empezar otro distinto.

Una infancia atravesada por hospitales

Antes de ese momento hubo ingresos, tratamientos, preguntas difíciles y una familia buscando palabras para explicarle lo inexplicable. Su padre, Nauzet, contó en su día que a Elías le hablaron de la enfermedad como si fuera un “bichito” y de la quimioterapia como el antídoto necesario para vencerlo. La fantasía de los superhéroes ayudó a ponerle forma a una realidad demasiado grande para un niño de cinco años.

Pero la historia de Elías no se detuvo en aquella campana. La enfermedad volvió a aparecer más adelante y la familia tuvo que afrontar una nueva etapa, esta vez lejos de casa, con recuperación en Madrid y un donante localizado a miles de kilómetros. En medio de ese recorrido, cada pequeño avance se convirtió en una victoria compartida.

Por eso el viaje a Disneyland París no es solo una escapada. Tampoco es únicamente la ilusión de conocer personajes, subirse a atracciones o dormir fuera unos días. Para Elías, y para las otras familias que participan en la experiencia, significa salir por un momento del calendario marcado por citas médicas, esperas, controles y cuidados. Significa mirar el billete de avión y descubrir que también hay espacio para la sorpresa.

La emoción como descanso

La Fundación Juegaterapia trabaja desde hace años con niños y niñas con cáncer a través del juego, la humanización de hospitales y proyectos pensados para aliviar el peso emocional de los tratamientos. En este caso, su papel aparece en el vídeo casi de pasada, como debe aparecer en una historia cuyo centro no está en la organización, sino en la cara de Elías cuando entiende que algo bonito le está pasando a él.

La reacción del niño resume mejor que cualquier discurso lo que puede significar una noticia así para una familia que ha aprendido a vivir con el miedo cerca. Hay viajes que empiezan cuando se despega del aeropuerto. El de Elías empezó antes: en una habitación, con una conversación a media voz, una sorpresa contenida durante días y unas lágrimas que, esta vez, no pedían consuelo, sino permiso para ser alegría.

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