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Las cebollas de kilo y medio de Piso Firme de Gáldar

El barrio galdense de Piso Firme volvió a sacar pecho de su producto estrella, la cebolla. Los agricultores llevaron lo mejor de sus cosechas de blancas y rojas, con ejemplares que superaban el kilo y medio.

Fiesta de la Cebolla en Piso Firme Gáldar

Andrés Cruz

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José A. Neketan

José A. Neketan

Las Palmas de Gran Canaria

Por producto local de calidad que no sea. Si San Mateo celebraba el sábado la I Fiesta de la Papa, el barrio de Piso Firme de Gáldar hacía lo propio ayer con la cebolla, sacando pecho con lo mejor de sus cosechas tras 27 ediciones. Hubo ejemplares de blancas y rojas que superaban el kilo y medio, y manojos de 10 que rozaban los 16 kilos. Con ello, Gáldar volvió a presumir del gentilicio de ‘cebolleros’, y con razones sobradas.

La cebolla ha sido históricamente una de las actividades agrícolas más importantes y representativas del municipio, que además tiene su principal núcleo productivo en Piso Firme. Aquí se dan hasta cuatro variedades diferentes que con los años se han adaptado al microclima de la zona y a las condiciones del cultivo. De esas tierras salen la Chata de Sardina, la Roja y la Blanca de Gáldar y la Embarque, cada una de ellas con sus propias características fisonómicas y de sabor.

El joven agricultor Javier Bordón del Rosario aporta esperanza para el campo de las islas. Este productor, con tierras en Los Llanos de Agaete y que llevó a concurso sus mejores cebollas blancas y rojas, encarna el difícil pero vital relevo generacional en el sector agrario canario.

Como representante de la Asociación de Productores de Cebolla de Gáldar (Prosegal), Javier Bordón defiende con firmeza un modelo de consumo basado en el producto local. Aunque reconoce que alcanzar una soberanía alimentaria total en las islas es un reto muy complejo, insiste en la importancia de respaldar a los productores de la tierra. «Cuando la gente compra cebolla de aquí, al final lo que está haciendo es apoyar a una familia, porque la mayoría de las explotaciones agrícolas de la isla son familiares», explica con convicción. Bordón combina en su trabajo el arraigo cultural, la identidad, el respeto por los mayores y la pasión por el trabajo bien hecho.

Contra la juventud de Javier Bordón, la veteranía de Adolfo Moreno. Este agricultor galdense representa la viva historia de un cultivo que, en sus propias palabras, forma parte de sus «primeros recuerdos de la vida». Mantiene la imagen de sí mismo, siendo apenas un niño, plantando cebollas junto a su padre utilizando una palangana sin fondo.

Aquel legado familiar, que se remonta a sus bisabuelos y abuelos en la zona de Las Rosas, ha sabido sortear las dificultades del tiempo y la histórica escasez de agua que obligó a la familia a trasladar sus cultivos por El Saucillo, Sardina o Barrial. Hoy en día, Adolfo reparte su producción entre fincas de Agaete y Gáldar.

Las cebollas que ofrece Moreno son de cultivo ecológico. Tras un intervalo de su vida dedicado al sector sanitario como enfermero, la experiencia con los pacientes transformó su visión sobre el campo. «Ahí vi lo que pasaba con los venenos y la salud», dice. Esa experiencia lo llevó a apostar por la agricultura ecológica. Actualmente, su producción anual oscila entre los 15.000 y 20.000 kilos, repartidos entre cebolla seca y cebolla tierna; una cifra muy significativa para un modelo de cultivo que prescinde de químicos nocivos.

Fiesta de la Cebolla, en Piso Firme

Fiesta de la Cebolla, en Piso Firme / Andrés Cruz

Un producto único

Al hablar de la cebolla de Gáldar, el agricultor se entusiasma al describir lo que considera un «producto único». Moreno explica que el secreto reside en la biodiversidad y en el intercambio tradicional de semillas y plantas entre los agricultores locales a lo largo de décadas. Este proceso provoca un constante cruce genético que hace que «dos cebollas de las nuestras sean totalmente distintas una de la otra».

Para los productores locales, la Fiesta de la Cebolla es mucho más que un mercado. Es una jornada de convivencia donde compartir experiencias sobre los cultivos y, sobre todo, exhibir con orgullo un baluarte identitario ante toda la isla de Gran Canaria.

La 27ª edición también homenajeó a Fina Vega Ramos, una vecina entrañable que, a sus 74 años, vio reconocido toda una vida de entrega y sacrificio en los campos de cultivo de la comarca.

Fina Vega Ramos fue elegida 'Cebollera Mayor' en la 27ª Fiesta de la Cebolla de Piso Firme.

Fina Vega Ramos fue elegida 'Cebollera Mayor' en la 27ª Fiesta de la Cebolla de Piso Firme. / ANDRES CRUZ

Fina fue elegida como la ‘Cebollera mayor’. Para ella, este reconocimiento no es solo individual, sino que está profundamente ligado a sus vecinos del barrio de Las Rosas. Con la voz llena de gratitud, recuerda cómo el apoyo de los agricultores de la zona fue el motor que le permitió sacar adelante a sus tres hijos.

Cajas a 10 euros

La Fiesta de la Cebolla también permitía la compra directa en el puesto de la Asociación de Productores de Cebolla de Gáldar. La caja, sobre los 10 kilos, tenía un precio único de 10 euros. Y no paraban de salir cajas hacia los portabultos de los coches.

Santiago, que llegó desde la capital hasta Piso Firme, se llevó ocho kilos de blancas y otros ocho de rojas. Hecho un ‘cocinillas’ desde que se jubiló, explica que más allá de su excelente sabor, valora de forma primordial la cercanía y la frescura de un producto que no ha tenido que pasar por procesos de conservación industrial. También sabe de la importancia de consumir producto local para las personas que trabajan la tierra. El hombre ya tiene claro en qué recetas va a meter este ‘manjar de Gáldar’, cebolla roja con caballas, sopa y crema de cebolla y cebolla caramelizada, entre otras.

Otro que vuelve a casa cargado es Carlos, de Teror. Lleva una caja de 10 kilos y para él, la inversión merece totalmente la pena, marcando una clara diferencia con respecto al circuito de los grandes supermercados. ««Te las encuentras en las grandes superficies, la cortas, y del frío de las cámaras te echa a perder las ensaladas», lamenta. Frente a esto, alaba la garantía de la cebolla de Gáldar. «Estas, al no tener frío, se conservan y aguantan bastante. Lo que pagas es la calidad», asegura.

La devoción también volvió a estar presente en esta nueva edición, con la bajada de Santa Rosa de Lima desde su santuario en Las Rosas hasta la cancha donde se celebraba la fiesta.

Uno de los momentos más esperados del día llegaba con la entrega de trofeos a los ejemplares de cebollas blancas y rojas de mayor peso. El primer premio a la cebolla roja de mayor peso era para el agricultor Isidro Manuel Moreno Jiménez (1,600 kg), segunda posición para Jorge Ramos Mendoza (1,450 kg) y tercera para Evelio Moreno Jiménez (1.210 kg). El primer premio a la cebolla blanca de mayor peso recaía en Adolfo Moreno Díaz (1,800 kg), segundo lugar para Evelio Moreno Jiménez (1,600 kg) y tercero para Javier Bordón del Rosario (1,410 kg). El galardón al lote de cebollas rojas de mayor peso lo obtenía Carlos Moreno Jimémez (11,400 kg), Evelio Moreno Jiménez (11,200 kg) en segundo lugar Isidro Manuel Moreno Pérez (10,600 kg) en tercero. El lote de cebollas blancas de mayor peso era el del agricultor Jorge Ramos Mendoza (15,600 kg), segundo puesto para Isidro Manuel Moreno Pérez (14,400 kg) y tercero para Evelio Moreno Jiménez (13,400 kg).

El concejal de Agricultura, Tine Martín, destacaba el buen momento que atraviesa la cebolla de Gáldar en la actualidad. «Se han producido este año cerca de 800 toneladas, casi 200 más que en años anteriores, con más de una decena de familias dedicadas a su cultivo y recolección».

Y como buena fiesta popular, en la de Piso firme no faltó nada la música, a cargo de las formaciones Los Cebolleros de Gáldar, Tamaima, Surco y Arado y Pepe Benavente. Como enyesques, se repartieron cerca de un millar de bandejas con pescado encebollado, pella y huevo duro, preparados y servidos por los Pfaes de Gáldar de Cocina y servicios de restauración, en el que tanto alumnado como profesorado dieron la talla. Natalia Santana, su directora, destacaba la oportunidad para que los estudiantes «conecten directamente con el público tras un intenso trabajo previo de preelaboración y cocina».

El pequeño mercado artesano instalado en el interior de la cancha de Piso Firme, también ofrecía productos artesanos de pequeños emprendedores. Entre toda la oferta estaba la María Ainhoa Jiménez, con su marca de pastelería Airo. Con su obrador de repostería creativa, la titulada en Panadería, Repostería y Confitería ofreció elaboraciones de última tendencia con una oferta que incluyó cookies de Red Velvet u Oreo o mini bites de brownie. Mientras se esfuerza por tener su propia pastelería, cualquier evento le ayuda a darle visibilidad a su pequeño negocio. Hasta las cebollas ayudan a cumplir los sueños.

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